05 de julio de 2022

Rosa con quince de sus hijos haciendo el Camino de Santiago el verano de 2017

Rosa con quince de sus hijos haciendo el Camino de Santiago el verano de 2017@comoserfelizconunodostreshijos

Conversaciones en Familia

Rosa Pich, madre de 18: «En familia las alegrías se multiplican y las penas se comparten»

A pesar de las pérdidas, esta madre comparte sus aventuras en Instagram, con una alegría y un optimismo que solo ella sabe tener

¿Cómo ser feliz con uno, dos o tres hijos? ¿Y con 18? Rosa Pich se casó con Chema Postigo a los 23 años y al poco tiempo, llegó Carmineta, su primera hija. Pero no todo fue un camino de rosas... Cuando cumplió dos años y medio, su tercera hija, Monsita, murió a los diez de nacer, y tan solo cuatro meses después lo hacía el segundo, Javi, de un año y medio. Los médicos les dijeron que no tuvieran más hijos.
A pesar de las pérdidas, esta madre barcelonesa, que después perdería también a su primera hija y a su marido, comparte sus aventuras en Instagram, con una alegría y un optimismo que solo ella sabe tener, junto a sus otros 15 hijos: Perico, Juampi, Cuqui, Magui, Tere, Ita, Gaby, Ani, Álvaro, los gemelos Pepe y Pepa, Pablo, Tomás, Lolita y Rafa.
La familia Postigo-Pich en la mesa del comedor de su casa

La familia Postigo-Pich en la mesa del comedor de su casa

–¿Siempre supisteis que queríais una familia tan numerosa?
–Yo soy la novena de 16 hermanos y Chema, el séptimo de 14. Lo habíamos pasado muy bien cada uno en sus respectivas familias, pero no habíamos dicho que queríamos uno, dos, o los que fueran. Cuando uno se lo pasa tan bien en su casa, quiere replicar el modelo, pero claro, después Dios dirá. Empezaron a nacer mis hijos, y algunos se moría, tenían problemas de corazón.
Cada hijo es un regalo. Cuando eres joven, por ejemplo yo, que me case a los 23 años, y de repente me dije: pero qué es este grano que depende todo el día de mi. Teníamos ilusión por una familia numerosa, y cuando empezaron los problemas de que nacían mal, nos aconsejaron los médicos que no tuviésemos más niños. Eso fue en el 92. Después penándolo con mi marido dijimos: «nadie se mete en la cama con papa y mama». Nadie decide, solo tu marido y tú. La suerte de la familia numerosa es que uno recoge en mu poco tiempo lo que ha sembrado. No tengo recuerdos de horror, ni cuando trabajaba estando embarazada de gemelos o con diez bebés en casa, sobre todo momentos de felicidad, de estar todos juntos, de pasear por la calle, de disfrutar y hacer mil planes.

–¿Cómo es vuestro día a día en casa?
–Yo me iba muy pronto a trabajar y era Chema el que se encargaba un poco más de los desayunos. Los niños son muy autónomos. desde los dos o tres años ya se ponían sus tostadas de pan con tomate, o uno era el encargado de poner la mesa, y un mayor por cada pequeño. Desde pequeños han ido andando a preescolar, con un hermano un poco más mayor de la mano. Cuando acababa de trabajar comía con mi marido y ya por las tardes a tope de niños. cuando no era uno era otro. siempre había uno o dos en casa porque no iban al cole de bebés. Les he dado de mamar a todos, y cuando tocaba volvía a casa a darle el pecho y corriendo me iba otra vez a trabajar. Recuerdo esos años como un caos organizado, con una lista de encargos y de tareas. En casa duermen los chicos en una habitación con dos literas, una de cuatro alturas y otra de tres –una de ellas para invitados–, y hay un encargado del cuarto, otro de los juguetes, de gestionar que todo quedase ordenado. Cada día de la semana le toca a uno poner el lavaplatos, sacarlo, poner la mesa…
La habitación de los chicos

La habitación de los chicos

–¿Cómo vivisteis el confinamiento todos junto casa tanto tiempo?
–Está mal decirlo, pero lo pasamos francamente bien. Lo pasamos 15 en casa, porque algunas estaban de Erasmus, o en Roma trabajando. De repente nos vimos tres meses juntos, ni en Verano pasábamos tanto tiempo juntos. Al principio lo vivimos con mucha tensión, porque no sabíamos qué iba a pasar, pero después nos organizamos y de repente uno cumplía 18 y le organizamos una fiesta o era la graduación del colegio de otro y con sábanas hacíamos togas. concursos de baile, de cocina, club de lectura, deporte, cine fórum… Ante cualquier situación, puedes llorar por las esquinas, me quedé viuda y sola con mis niños; o darle la Vuelta y animarnos entre todos.

–Tu libro y tu Instagram se llaman Como ser feliz con uno, dos, tres hijos, ¿cómo lo consigues? ¿ser feliz con todos tus hijos y, pese a todo, mantener ese optimismo?
–Hay uno de los capítulos que dice: «Rosa, ¿cuál es tu secreto?». Cómo puedo serlo que yo, que estoy viuda, con 15 hijos, pero todo el mundo tiene sus problemas. Salimos de uno y entramos en otro y cuantos más niños tienes más probabilidad hay de que te pueda pasar algo. Claro que hay un secreto, pero para saberlo hay que leer el libro.
Antes del verano se publicará mi Segundo libro, que ya tengo escrito, y se titula: La vida es muy bella, pero más si se vive en familia. Todos tenemos problemas, disgustos, enfermedad o se nos ha muerto alguien por la covid más o menos cercano, pero yo creo que hemos sido creados para ser felices aquí en la tierra y Dios padre nos ha enviado a la tierra para salir adelante con nuestros problemas.
–En una casa tan llena, ¿ha habido momentos en los que habría querido tener un poco de silencio, un poco de paz y tranquilidad? ¿y cómo los has tenido?
–Siempre lo primero es tu marido, y para un marido, su mujer. En los matrimonios, las cosas tienen que quedar muy claras, porque van llegando los bebés, lloran, patalean… pero ellos sabían que a una hora determinada papá y mama se iban a una habitación. Nosotros teníamos dos pequeños sofás en el dormitorio y ahí hablábamos, leíamos, nos dedicábamos tiempo el uno al otro. No hace falta salir a cenar todos los días. Basta con dar una Vuelta a la manzana dejando el móvil en casa y hablando de tú y de mi. Luego los niños se van y el que se queda es el matrimonio.
Rosa, junto a 14 de sus hijos en el santuario de Lourdes, en Francia

Rosa, junto a sus 15 sus hijos en el santuario de Lourdes, en Francia

–¿Cómo fue para vuestro matrimonio haber perdido a vuestros tres hijos mayores?
–La primera que se moría fue Monsita, la tercera en nacer, con diez días, y a los cuatro meses enterramos a Javi, el segundo. En ese momento nos dijeron que no tuviéramos más y que la mayor, Carmineta, que tenía dos años y medio, no viviría mucho más. Fue un momento muy duro y se podría haber roto el matrimonio, pero las personas que tenemos fe, que es una baza, sabemos que cuando Dios te envía una cruz te manda también la fuerza. Lo superamos porque estábamos fueres, teníamos una fe vivida, rezábamos el Rosario en familia. El desgarro de enterrar a dos hijos en cuatro meses y más en un matrimonio joven… Después ya con 22 años, se murió la mayor. Ya habían nacido casi todos. La hermana mayor que era el modelo de todos y fue de la noche a la mañana. En los momentos duros, en la familia las alegrías se multiplican y las tristezas se comparten. Muchas veces no se entiende la cruz y dices «Señor, ya no aguanto más» o «¿por qué a mi?». Seguíamos teniendo problemas con algunos hijos, muchos problemas de corazón, más el dolor, más la enfermedad, la pérdida. Tenemos que ser más humildes y pensar que somos limitados y que hay cosas que humanamente no comprendemos. Cuando lleguemos al Cielo lo entenderemos un poquito mejor.
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