España es el país de la UE que más tratamientos de reproducción asistida realiza
Más de 600.000 embriones congelados
Todavía no se ofrecen alternativas a la reproducción asistida, en parte por desconocimiento, pero en otra gran parte por una cuestión, tristemente, de negocio
La reproducción asistida es todavía la principal vía para obtener un embarazo de una pareja con problemas de fertilidad, o bien mediante las inseminaciones artificiales (IA) o bien mediante los tratamientos de fecundación in vitro (FIV).
La IA consiste en el depósito de los espermatozoides del hombre en el útero de la mujer con el instrumental adecuado y en el momento idóneo, es decir, controlando el ciclo de la mujer para aprovechar su marcha natural o sustituirlo con medicamentos de forma que las condiciones sean las óptimas para concebir. En este caso, los espermatozoides pueden provenir de un donante.
Dilemas éticos
Con respecto a la FIV, más compleja, es una técnica por la cual se estimula médicamente a la madre con el fin de extraer el mayor número posible de ovocitos para luego fecundarlos en laboratorio con el semen del hombre. La evolución embrionaria se observa en laboratorio hasta el día 3 o 5 de vida y se transfieren entonces a la madre, también tratando de que las condiciones endometriales sean las óptimas. Los embriones, además, se pueden analizar mediante lo que se denomina un diagnóstico genético preimplantacional (DGP) para seleccionar únicamente aquellos con probabilidades de progresar. En este caso, tanto los ovocitos como los espermatozoides pueden provenir de donantes.
La reproducción asistida plantea incontables dilemas éticos, entre ellos, los miles de embriones congelados que en España son ya más de medio millón. En 2019, la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) publicó un estudio para alertar sobre la acumulación de embriones congelados, en aquella fecha, concretamente, 668.000. Alrededor de algo menos de la mitad pertenecen a parejas que desean utilizarlos, pero la otra mitad mayoritaria se abandona a una regulación nada sostenible. En principio, la ley ofrece tres alternativas además de esta última: donarlos a otras parejas, algo que se estima no elige más de un 5 %; donarlos a la ciencia, lo cual supone aproximadamente un 17 % o destruirlos, opción de otro 18%. Sin embargo, hay unos 60.000 embriones sin destino establecido, pertenecientes a parejas que desaparecen del mapa.
¿Alternativas?
En este último caso la clínica tendría derecho a quedarse con los embriones pero no pueden destruirlos y no existe un plazo determinado de mantenimiento, por lo que finalmente se acumulan sin más. Con respecto a los embriones entregados en adopción para otras parejas, por desgracia en ese mínimo porcentaje la mayoría de donantes no cumplen los requisitos necesarios, como por ejemplo, que la mujer que dio el óvulo no tuviera más de 35 años en dicho momento. Y, por otra parte, los embriones donados a la ciencia también se acumulan, dado que no existen hoy en día suficientes proyectos para aprovecharlos todos, ni siquiera una parte importante de los mismos.
La conservación de todos estos embriones acarrea una cuota de mantenimiento, y por tanto un coste económico, tanto para padres (o propietarios, como se les llama) como para clínicas, y por eso, en el momento de renovar los consentimientos con respecto a su destino, lo cual se realiza cada dos años, muchas personas evaden su responsabilidad.
España es hoy en día el país de la Unión Europea que más tratamientos de reproducción asistida realiza, y aunque la naprotecnología ya ha aterrizado en el país, todavía no se está ofreciendo como alternativa ni en la sanidad pública ni en la sanidad privada, en parte por desconocimiento, pero en otra gran parte por una cuestión, tristemente, de negocio.