03 de diciembre de 2022

Una voluntaria de Mamás en Acción con una niña en brazos

Una voluntaria de Mamás en Acción con una niña en brazosMamás en Acción

Reportaje

Las mamás que se pusieron en acción para que no hubiera «ni un niño solo» en un hospital

Mamás en Acción nació en 2013 con tan solo cuatro voluntarias. Hoy forman parte de la asociación más de 4.000 personas

En el año 2013, Majo Gimeno, alguien todavía desconocido en esta historia, aunque clave en lo que va a venir, pasó algún tiempo en un hospital de Valencia con uno de sus hijos. En la habitación de al lado, había un niño que no había cumplido los dos años y que siempre estaba solo.
Cuando preguntó si había alguien con él, le respondieron que no, que no tenía padres. Majo se ofreció como voluntaria para acompañarle, pero al no formar parte de ninguna organización amparada por ley, no la dejaron. Así nace Mamás en Acción, una comunidad de voluntarios, al principio solo Majo y tres amigas, pero de la que ahora forman parte más de 2.000 personas en toda España.
«Acompañamos a niños que están en los hospitales enfermos y solos», explica María López, una de las coordinadoras de la asociación en Madrid. Y están solos bien porque están en desamparo, porque han sido abandonados, maltratados... y entre que se resuelve su situación de guarda y tutela, prácticamente el 80 % de ellos pasa por el hospital, cuando «no son de nadie», dice López. Los voluntarios también pasan sus turnos con menores que vienen de centros de acogida o de hogares infantiles donde la ratio cuidador-niño no les permite garantizarles una compañía, o con hijos de familias vulnerables cuyos padres tienen contratos precarios, que no les permiten teletrabajar un día porque el niño está ingresado.
Su labor dura las 24 horas del día, los 365 días del año. «A veces nos hemos tomado las uvas en el hospital», recuerda María. Pero en el día a día se organizan en turnos de entre dos y cuatro horas dependiendo de los acompañamientos que tengan que realizar y que estén activos en cada hospital y ciudad. Una semana puede haber cinco niños ingresados a los que dedicar un ratito, pero la anterior pueden ser once y la siguiente, todavía no lo saben.
Una voluntaria de Mamás en Acción con un bebé en brazos y su camiseta con el corazón

Una voluntaria de Mamás en Acción con un bebé en brazos y su camiseta con el corazónCedida

Sara Abad lleva seis meses como voluntaria y desde el primer acompañamiento que hizo se dio cuenta de que independientemente del estado de salud del niño, su edad, la forma de interactuar que tenga -si habla o no o si se mueve o no-, a cambio «recibes paz», confiesa la voluntaria. Pero en el otro lado de la balanza, un niño que quizá proviene de un entorno inestable acoge el amor y la tranquilidad de tener a alguien a su lado, en un acto de «enamoramiento instantáneo», como lo llama Sara, que se ve en sus ojos, en sus abrazos y en sus palabras -en los niños que pueden hablar-.
La voluntaria recuerda a una niña con parálisis cerebral con la que pudo pasar algunas tardes. Cada vez que volvía a verla le sonreía nada más aparecer. «No hablaba, no se movía prácticamente, pero no hacía falta. Nos hemos reído tanto, tanto ella como yo», cuenta la voluntaria. Viene a su cabeza en este momento otro bebé. «Desde que nació ya sabíamos que el pronóstico no iba a ser bueno», dice Sara. Aun así, las voluntarias lo acompañaron en paliativos: «No sabes cuantas horas o días le quedan, y le tienes en brazos y le cantas, le hablas, intentas acompañarle».
En la tarjeta de voluntario están escritos los principios de la asociación. La primera es que el niño está en el centro de todo

En la tarjeta de voluntario están escritos los principios de la asociación. La primera es que el niño está en el centro de todoCedida

A pesar de la dureza de momentos como estos, Abad es capaz de sacar también una gran enseñanza. La coordinadora le pone palabras: «Eres capaz de mirar a un niño y ver más allá de la enfermedad». Y normalmente lo que los voluntarios reciben de sus niños es «cariño, gratitud y alegría». De niños que aparte del sufrimiento clínico tienen también un sufrimiento emocional detrás, fruto de infancias nada fáciles, pero que gracias a Mamás en Acción ya no tienen que enfrentarse a ninguna prueba médica sin nadie que les de la mano.
La asociación está presente en cinco ciudades españolas, Valencia, Madrid, Murcia, Barcelona y Castellón, pero próximamente van a aterrizar en Las Palmas. Su labor puede parecer meramente emocional, pero sus resultados han sido avalados por los médicos. En colaboración con el Hospital Clínico de Valencia, Mamás en Acción ha formado parte de un estudio en niños hospitalizados que ha concluido que sus acompañamientos hacen que los niños se curen antes. «No porque tengamos una varita mágica, ni porque podamos sanar - afirma María- sino porque damos esa seguridad que hace a los niños más permeables a recibir un tratamiento».
A través de esta misma investigación, los médicos del clínico de Valencia comprobaron que los niños maltratados -en los que suele aparecer un patrón de comportamiento agresivo- acompañados por los voluntarios, no lo desarrollaban. #Niunosolo es su lema y su trabajo ha demostrado, en palabras de María, que están acompañando «a niños que mañana serán adultos sanos».
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