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Beatriz Cazurro: «El cerebro de una madre se perfecciona para el cuidado y la supervivencia del bebé»

Beatriz Cazurro durante su entrevista en El DebateCristian Marfil

Entrevista psicóloga

Beatriz Cazurro: «El cerebro de una madre se perfecciona para el cuidado y la supervivencia del bebé»

La psicoterapeuta aborda en su segundo libro la invisibilidad de los vínculos entre padres e hijos y la importancia de que estos se afiancen de forma segura y alejada del trauma

En 2007, la psiquiatra Monique Bydlowski describió como transparencia psíquica el proceso de alta sensibilidad emocional que sucede cuando una mujer se queda embarazada. Este, entre otras muchas cosas, facilita el acceso a recuerdos olvidados de la propia infancia. Esta asociación entre la niñez propia y la crianza que luego unos padres dan a su hijo ya fue abordado por la psicóloga Beatriz Cazurro en su primer libro Los niños que fuimos, los padres que somos. La también psicoterapeuta profundiza en esta cuestión en su segunda obra, Atender lo invisible, y cómo es posible emplear el pasado para formar vínculos seguros con los hijos.

Beatriz Cazurro, autora de Atender lo invisible

Beatriz Cazurro, autora de Atender lo invisible

–Comenta en su nuevo libro que puede ser difícil, que puede ser que la relación con los propios hijos conecte con lugares dolorosos. ¿Qué tipo de experiencias como estos lugares dolorosos influyen en la crianza de los hijos?

–Cuando tenemos un bebé, en muchos padres y madres se despierta toda su experiencia de niños como en espejo. Es a través de escucharle, de verle, de sus propios comportamientos como se despierta dentro de nosotros toda esa experiencia infantil. Si por ejemplo, cuando nuestro bebé llora empezamos a sentir mucho agobio, puede que nos esté hablando de cómo se nos atendía a nosotros cuando llorábamos de pequeños. El comportamiento y la existencia de nuestro hijo nos hace revisar, aunque no nos demos cuenta, toda nuestra infancia. Y en la mayoría de las infancias ha habido carencias, ha habido desajustes e incluso en muchas de ellas ha habido maltrato y ha habido violencia.

–Muchos padres prometen que no harán esto o lo otro con sus hijos, ¿se cumple o estamos condicionados por lo que hemos recibido por nuestros padres cuando tenemos hijos?

–Hay una parte en la que creo que sí. Pero más allá de la intención o del deseo, que es algo mental, hay toda una configuración del sistema nervioso que ya se ha desarrollado en relación con nuestros padres. Cuando nos encontramos con un niño hay ciertas habilidades, por decirlo de alguna forma, que muchas veces no tenemos desarrolladas. Por ejemplo, de regulación emocional, que tiene que ver con cómo se ha desarrollado nuestro sistema nervioso. Cuando tenemos a nuestro hijo en diferentes edades, con diferentes situaciones, nos encontramos con que a lo mejor tenemos una reacción muy fuerte que no esperábamos o sentimos algo muy intenso y no sabemos qué hacer con ello. Hay un condicionamiento, pero no es una condena.

Ahora cada vez hay más hombres queriendo estar involucrados en la crianzaBeatriz CazurroPsicóloga y autora de 'Atender lo invisible'

–A nivel neurocientífico, muchos estudios están demostrando que el cerebro de una mujer embarazada cambia tanto como el de un adolescente.

–Dos investigadoras españolas han visto que hay una poda de neuronas y cambios tan potentes como los de la adolescencia en diferentes áreas cerebrales para el perfeccionamiento de las tareas del cuidado y todo lo que tenga que ver con la supervivencia del bebé. A veces se ha infantilizado, con el mommy brain, o «es que no tenéis memoria o es que estáis a todo menos a lo que tenéis que estar». Al contario, el cerebro está haciendo el trabajo que tiene que hacer en ese momento.

Parece ser que en los padres también se dan cambios, pero que dependen más no solo del hecho de convertirse en padres, sino del compromiso con la conducta parental. Entiendo que necesitan tener la experiencia de tener este espejo de su hijo para poder empezar a plantearse, a cuestionarse y encontrarse con el propio conflicto interior. Si antes estaban más ausentes no era tan posible sentirlo. Ahora cada vez hay más hombres queriendo estar involucrados en la crianza.

–Escribe también sobre establecer vínculos, ¿qué tiene esto que ver con los tipos de apego y cómo se puede formar uno seguro?

–Es algo corporal. Hay muchísimos libros buenísimos que pueden hablar de esto, de cómo es importante permitir a los niños que sean ellos mismos, que se puedan expresar, cómo ayudarles a acercarse a sus sensaciones, poner nombre a las emociones, ser autoridades sanas que puedan poner límites con firmeza, pero sin violencia, validar las emociones. Cada vez se habla más, aunque no todo el mundo tiene esta información. Pero hay una parte de todo eso que es corporal, es física, es no verbal. Los niños tienen todo un sistema de escanear el entorno y saber cuánta seguridad hay ahí, cuánto se pueden expresar, cuánto espacio hay para sus necesidades, para sus preocupaciones, para sus explosiones y eso se percibe a través del cuerpo. No es racional, pero ya lo perciben los bebés y los bebés no hablan. Cómo estamos, qué nos pasa, cuánta seguridad tenemos nosotros en nosotros mismos lo están percibiendo nuestros hijos más allá de si les decimos te entiendo o no te entiendo. La información les está llegando cuerpo a cuerpo. Queremos hacerlo todo bien sin saber ni siquiera cómo estamos.

La psicóloga, durante su entrevista en El Debate

La psicóloga, durante su entrevista en El Debate

–Menciona un fenómeno en su obra, la transparencia psíquica, ¿podría explicar un poco más en qué consiste?

–Una psiquiatra francesa acuñó este término de transferencia psíquica que lo que intenta describir es un fenómeno que comienza en el embarazo, como si hubiera una especie de muro que nos protege de recuerdos dolorosos o de procesos psicológicos sin terminar. Es como si a lo largo del embarazo y más adelante ese muro se fuera haciendo cada vez más transparente y nos permitiera ver algunas cosas que igual antes no teníamos tan presentes. Las mujeres en este caso se van sensibilizando con experiencias pasadas, con duelos sin resolver y se plantea como un reflejo de todos estos cambios cerebrales y una manera de revisar todos estos vínculos primarios para prepararnos para ofrecer el cuidado a al bebé. Hay mucho que no se sabe de todo esto, pero sí que se observa como en mujeres embarazadas todo esto empieza a cobrar una relevancia que a lo mejor hasta entonces no había tenido.

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