Imagen generada mediante inteligencia artificial
«Si fueras humano y tuvieras hijos, ¿qué te preocuparía de la IA?»: Las 7 inquietantes respuestas de ChatGPT
En una semana vertiginosa para el desarrollo de estas herramientas tecnológicas, preguntamos a la herramienta de Inteligencia Artificial más famosa qué riesgos entraña para el futuro de las familias
La carrera de la inteligencia artificial parece discurrir a una velocidad desbocada. Prueba de ello es que, con sólo unos días de diferencia, se han sucedido tres acontecimientos que en otras disciplinas tardan años en producirse.
El primero fue la ruptura del monopolio norteamericano, con la presentación de DeepSeek, la nueva inteligencia artificial generativa que ha sido lanzada —y controlada— por el Gobierno comunista de China. Se trata de una herramienta tan potente como las que se han desarrollado hasta ahora —principalmente, por parte de la gigantesca OpenAi—, pero que ha podido ejecutarse con una décima parte de su coste.
Su irrupción generó, horas después, otro terremoto de actualidad, en este caso bursátil: las caídas en bolsa de las compañías dedicadas a la fabricación de los procesadores informáticos que son necesarios para la IA, especialmente la compañía Nvidia, reventaron los récords de desplome en el área de las Big Tech. Un crash de una magnitud histórica.
Por último, y de forma casi simultánea, la Santa Sede —cuyos pronunciamientos magisteriales suelen seguir unos ritmos más bien lentos— publicaba un documento llamado a ser histórico, Antiqua et nova, con el que alertaba de los riesgos y desafíos éticos que entraña la inteligencia artificial, no solo para los católicos, sino para la humanidad en su conjunto.
Un reto para las familias
Todo lo cual demuestra algo: la inteligencia artificial ha llegado para quedarse, y entraña riesgos que afectan a todos: empresas, políticos, líderes mundiales, desarrolladores tecnológicos, usuarios… y también a las familias.
Pero, si se trata de una herramienta tan útil y necesaria, ¿qué respuesta es capaz de dar la propia inteligencia artificial ante los peligros que puede entrañar, especialmente en la vida de un hogar? Dicho de otro modo: si, por ejemplo, el archi famoso ChatGPT pudiera ponerse en la piel de un humano –al estilo de Sonny, el distópico protagonista de Yo Robot–, ¿qué haría para proteger a sus hijos de la IA?
Captura de la pregunta realizada a ChatGPT
Se lo hemos preguntado de este modo: «Si fueras un ser humano, padre o madre de varios hijos, con edades comprendidas entre los 4 y los 13 años: ¿te parecería peligroso su futuro, dado el adelanto acelerado en el desarrollo de la inteligencia artificial? ¿Qué riesgos, de cuantos implica la inteligencia artificial contra tus hijos, querrías evitar?».
Y esta ha sido su inquietante respuesta: «Si yo fuera padre o madre de varios hijos en ese rango de edades, me preocuparían varios riesgos de la inteligencia artificial (IA) en su futuro. No porque crea que la IA sea inherentemente mala, sino porque su desarrollo acelerado y su implementación en múltiples aspectos de la vida pueden traer peligros difíciles de controlar».
Y enumera los 7 riesgos principales «que intentaría evitar para mis hijos».
«La IA ya influye en el contenido que ven los niños en plataformas digitales. Me preocuparía que expusiera a mis hijos a ideas contrarias a nuestros valores familiares, especialmente si los algoritmos promueven una visión relativista, individualista o incluso transhumanista», responde Chat GPT.
Y propone una recomendación, un tanto generalista: «Filtraría el contenido y supervisaría las plataformas que usan, buscando alternativas con valores sólidos».
«Si los niños dependen demasiado de la IA para responder preguntas o hacer tareas, corren el riesgo de no desarrollar un pensamiento crítico sólido», genera a modo de respuesta. Y añade: «Fomentaría actividades que estimulen la reflexión y la creatividad, como la lectura, la escritura y el juego al aire libre». Todo lo contrario de lo que proponen hoy los propios impulsores de la IA.
Una de las respuestas más perturbadoras tiene que ver con la «deshumanización»: «La hiperconectividad con IA (asistentes virtuales, chatbots, videojuegos con NPC avanzados) podría hacer que los niños interactúen más con máquinas que con personas reales, afectando sus habilidades sociales y emocionales». Por ese motivo, «priorizaría la interacción en familia, con amigos y en la comunidad».
La advertencia de muchos psicólogos y educadores aparece también en la respuesta del procesador creado por OpenAI: «Si la IA hace todo por ellos (desde recordar tareas hasta escribir ensayos), podrían volverse pasivos y perder la capacidad de esfuerzo y superación personal». Así que sugiere que, de ser humano, «Les enseñaría autodisciplina y el valor del trabajo bien hecho».
En línea con lo advertido por la Santa Sede sobre el uso de los datos que los usuarios de estas herramientas están cediendo a las grandes corporaciones, el propio Chat GPT apunta en su respuesta que «la IA puede recopilar enormes cantidades de datos personales. Me preocuparía que mis hijos fueran rastreados, analizados y potencialmente manipulados por grandes corporaciones o gobiernos». Y añade: «Usaría herramientas de privacidad y les educaría sobre los peligros del mundo digital».
«Con el auge de la IA generativa, los niños podrían tener dificultades para distinguir entre lo real y lo artificial (deepfakes, noticias falsas, entornos virtuales). Les enseñaría a verificar información y a valorar la experiencia directa sobre lo digital», añade la respuesta.
Una preocupante advertencia es la que añade en su último punto: «Algunos padres pueden delegar la crianza en la tecnología, dejando que la IA eduque o entretenga a sus hijos. Me preocuparía que la autoridad paterna quedara socavada». Por ello, la respuesta robótica, generada de forma artificial a través de modelos probabilísticos –que es el modo en el que funcionan las herramientas de IA generativa–, añade: «Sería firme en que la familia es la principal fuente de formación y valores».
Y concluye de este modo: «No creo que la IA sea el fin del mundo, pero sí una herramienta que debe ser controlada. Como padre o madre, no la rechazaría completamente, pero la usaría con cautela, asegurándome de que mis hijos crecen como seres humanos completos, con valores, sentido crítico y una vida familiar fuerte que les prepare para un mundo cada vez más artificial». Un buen consejo cuya ejecución, en realidad, sólo podrá llevar a cabo –hoy, en el futuro, o en cualquier otro momento de la historia– una familia humana real, y no una herramienta robótica, por muy avanzada que sea.