Hablar solo refleja la riqueza del mundo interior de los niños
¿Tu hijo habla solo? Esto es lo que dice la ciencia sobre esta conducta
El «habla privada» forma parte del desarrollo natural de los niños, aunque los expertos piden prestar atención al contenido de estas conversaciones que mantienen consigo mismos
El pequeño Jacobo baja una pronunciada pendiente durante un paseo de montaña en familia. Su padre camina a escasos pasos por delante, para taponar una posible caída en cadena de la prole que le sigue. La distancia es tan corta que escucha a su hijo mascullar una perorata de la que sólo es capaz de distinguir una frase: «El oso panda y el mapache». Al preguntarle si está hablando con él, Jacobo responde: «No, no. Estaba repasando mis animales favoritos». No es la primera vez que Jacobo habla solo... ni el único niño que lo hace.
Aunque muchos padres lo observen con recelo o incluso inquietud, es muy común que los menores hablen solos durante el juego o al realizar tareas. Lejos de ser un signo de preocupación, esta práctica, conocida como «habla privada», es, en realidad, una herramienta esencial en su desarrollo.
Un hábito que el psicólogo ruso Lev Vygotsky, uno de los referentes de la psicología evolutiva junto a Jean Piaget, demostró que sirve para que los niños internalicen el lenguaje y regulen su comportamiento.
El papel de la «autocharla»
La «autocharla» permite a los niños planificar, resolver problemas, aclarar sus pensamientos, descubrir y comprender le mundo que les rodea, y controlar sus emociones.
Un estudio publicado en Behaviour Research and Therapy encontró que los niños que utilizan este soliloquio positivo enfocado, por ejemplo, en el esfuerzo o para aclarar sus pensamientos mejoran su rendimiento académico. Por ejemplo, que sus padres les enseñen a decirse a sí mismos «¡Puedo hacerlo!» ayuda a los pequeños a enfrentar desafíos con mayor confianza.
No es igual hablar solo que hablarse a sí mismo
Varios estudios recogidos en el portal de recursos de aprendizaje Bright & Quirky apuntan que no es lo mismo hablar solo que hablarse a sí mismo. Y, aunque parezcan el mismo comportamiento, no tienen nada que ver.
Así, los menores pueden hablar en alto mientras juegan, al representar diferentes roles; o mientras llevan a cabo otro tipo de actividades, como un paseo, para manifestar sus propios pensamientos, sus gustos, sus dudas o preferencias. Un comportamiento normal que muestra la riqueza de la vida interior del pequeño, y que vendría a ser algo así como «pensar en voz alta».
Sin embargo, las implicaciones son diferentes cuando no sólo «piensan en alto» sino que «se hablan a sí mismos». Este tipo de «autocharla», indican los expertos, suele aparecer cuando los niños muestran mayor madurez y confianza, aunque es importante que los padres detecten qué se dicen sus hijos cuando hablan consigo mismos.
¿«Autocharla» negativa o positiva?
Así, mientras que el habla privada positiva impulsa el bienestar y la motivación, la negativa puede estar asociada con ansiedad, conflictos familiares o escolares y baja autoestima.
Como explica el doctor Marc Brackett, director del Centro de Inteligencia Emocional de Yale, enseñar a los niños a reformular pensamientos negativos en positivos es crucial para su salud emocional.
Y pide prestar atención a esos soliloquios en alta voz, para comprobar si los pequeños repiten alguna frase dañina impropia de su edad, para valorar el modo en que los adultos se dirigen a él dentro de casa o si hay alguna mala influencia en el entorno escolar –alumnos mayores, compañeros de su clase o incluso un profesor– que deba ser confrontada y neutralizada.
Cómo fomentar la «autocharla» saludable
Así, los padres pueden modelar el habla privada positiva al expresar en voz alta sus propios pensamientos constructivos, como «Hoy ha sido un día duro, pero mañana será mejor». Además, crear un ambiente donde los niños se sientan seguros para expresar sus pensamientos, sin juicio ni burlas, fortalece su confianza y mejora autoestima, indicaBrackett.
En resumen, el habla privada sólo es una manifestación natural y beneficiosa del pensamiento de los niños. Y al comprender, respetar y apoyar esta conducta, sin preocupaciones ni burlas, los padres pueden contribuir de un modo positivo al desarrollo emocional y cognitivo de sus hijos... incluso bajando por la pendiente de un paseo de montaña.