Ciertas preguntas pueden sexualizar de forma prematura las experiencias afectivas de los menores
«Preguntar a los niños eso de '¿Ya tienes novia?' o '¿Quién te gusta?' es una forma de sexualizar la infancia»
Aunque sea un familiar cercano quien lo plantee, «este tipo de preguntas es inadecuada desde una mirada psicológica y antropológica», explica la experta en educación afectivo-sexual Elena Arderius
«Ya ti, ¿Quién te gusta de tu clase? ¿Ya tienes novio? ¿Te gusta alguna niña?», este tipo de preguntas referidas por un adulto hacia un niño o una niña son, por desgracia, de lo más frecuentes. Y aunque cada vez son más los padres que se sienten incómodos al escucharlas, no siempre saben cómo responder para no desairar al adulto que las profiere y que, con frecuencia, suele ser un familiar o un amigo sin mala intención, aunque con poco tacto.
Lejos de ser una cuestión inocua que merezca la pena pasar por alto, la experta en educación afectivo-sexual Elena Arderius, directora del Centro de Acompañamiento Integral de la Familia de la Universidad Francisco de Vitoria, señala para El Debate que «desde una mirada psicológica y también desde la antropología adecuada, esta clase de preguntas a un niño pequeño es inadecuada por varias razones».
Connotaciones sexuales precoces
En primer lugar, Arderius explica que esta conversación «introduce de manera precoz, en su mundo afectivo y emocional, el tema de las relaciones de pareja con ciertas connotaciones sexuales, para las cuales aún no puede estar preparado, ni por madurez emocional ni por desarrollo psicológico».
Además, «genera presión social y expectativas que interfieren en su desarrollo natural, haciendo que crean que para ser aceptados o valorados deben gustar a alguien, ser atractivo para otro o tener pareja, algo que no corresponde a su etapa de vida», indica.
Sexualizar la infancia
Y aunque no escondan una mala intención de fondo, Arderius, que es también profesora del Programa en Sexología Clínica y Terapia Afectivo-Sexual de la UFV, explica que «este tipo de preguntas sexualizan la infancia y pueden confundir al niño y empujarlo a adoptar actitudes o ideas que no comprende».
En algunos casos, de hecho, «pueden sexualizar prematuramente sus experiencias afectivas», con besos, caricias o actitudes impropias de la infancia. Una etapa, apunta, «para aprender a amar desde el vínculo familiar, la amistad, el juego, la ternura y el respeto, no desde el noviazgo o el enamoramiento».
Cómo pueden intervenir los padres
Ante el desconcierto de los padres que escuchan a otro adulto, como un vecino, un familiar, o incluso un desconocido por la calle, hacer esta pregunta a sus hijos cuando ellos están presentes, Arderius recomienda «intervenir con claridad y firmeza, con una sonrisa amable, diciéndoles que aún es muy pequeño para eso y que, como padres, prefieren que viva su infancia tranquilamente, sin preocuparse por esas cosas».
Si la persona es de confianza y está abierta a escuchar y a colaborar en la educación del menor, «también se les puede explicar que su mundo afectivo hay que irlo trabajando y cuidando poco a poco; que lo importante ahora es que aprenda primero a ser buen amigo y a quererse a sí mismo, y que los noviazgos son para más adelante».
Enseñarles cómo responder
Y, junto a esta intervención in situ, Arderius recomienda a los padres enseñar a sus hijos cómo responder esa pregunta impertinente, sin ser maleducados. «Para todo hay que responder de manera clara, directa y sencilla, y podemos establecer límites a ciertas cuestiones o en ciertas circunstancias que son importantes para nosotros, sin ser agresivos, impertinentes o maleducados», aclara.
Aunque, de hecho, «es muy importante que nuestros hijos sepan responder cuando suceden cosas que les hacen sentir mal y también que puedan expresar con respeto sus límites».
Por ese motivo, recomienda «ensayar con ellos respuestas sencillas como: 'No, no tengo novio/novia, y tampoco me interesa por ahora', o sencillamente: 'Mis papás me han dicho que eso es para cuando sea mayor', 'Ya tendré tiempo para eso', etc».
Aprovechar para hablar en familia
Unas respuestas que, dichas con naturalidad, «permiten que el niño o a la niña se sientan seguros sin ser groseros, y les enseñan a poner límites sanos y a no sentirse obligados a seguir el juego de un adulto solo por ser mayor», indica.
Por último, como recuerda Elena Arderius «es clave que los padres conversen con sus hijos sobre por qué esas preguntas no son adecuadas, reforzando su valor y recordándoles que tienen derecho a que se respete su mundo emocional».