Fundado en 1910

«Pequeñas heridas emocionales de niños pueden convertirse en grandes traumas siendo adultos»ISEP

El pasado incide en el futuro

Así pueden afectar a la vida adulta los tratos que recibiste en la infancia

Estas son las conclusiones que dictaminan numerosos informes como el de 'Experiencias Adversas en la Infancia' del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades

Los primeros años de vida no solo forman la base del desarrollo físico y cognitivo, sino que también marcan profundamente la salud mental y emocional en la adultez, como señala la psiquiatra Marian Rojas Estapé, quien explica que incluso pequeñas heridas emocionales, como falta de atención, maltrato, abandono o reprimendas insistentes desembocan en patrones duraderos que moldean a las personas y su manera de actuar futura.

Tal y como advierte esta doctora madrileña: «Las pequeñas heridas emocionales de niños pueden convertirse en grandes traumas siendo adultos, cuando no fueron correctamente gestionadas o atendidas en su momento».

Comportamientos de este tipo divergen en las siguientes conductas, según estos campos de investigación:

Búsqueda compulsiva de aprobación

Quienes crecieron en hogares donde el afecto estaba condicionado, o donde la validación era escasa, suelen desarrollar una necesidad constante de reconocimiento externo. Esto responde a una autoestima frágil, basada en el valor que los demás asignan, no en el propio, como constatan los estudios de Mary Ainsworth y John Bowlby.

Dificultad para expresar emociones

En casas donde expresar sentimientos es considerado una debilidad, los niños aprenden a reprimir lo que sienten. De adultos, ello se traduce en alexitimia (incapacidad para identificar y nombrar emociones) o en relaciones interpersonales disfuncionales. Las neurociencias han demostrado que el trauma infantil afecta la maduración de áreas cerebrales clave como la amígdala (gestión del miedo) y la corteza prefrontal (regulación emocional).

Repetición de esos mismos signos en descendientes

La psiquiatra Marian Rojas Estapé ha explicado en múltiples ocasiones cómo el adulto repite, en automático, los patrones que su cerebro registró como «normales» en su infancia, aunque hayan sido dolorosos o dañinos. A esto lo denomina: la transmisión intergeneracional de un trauma.

El respaldo de la ciencia

Estudios en neurociencia reflejan que, experiencias negativas a corta edad pueden alterar circuitos cerebrales relacionados con la regulación emocional, la respuesta al estrés y la resiliencia (como señalan expertos de la Universidad de California en Los Ángeles y la CDC en sus informes sobre ACE's (siglas que hacen referencia a las experiencias adversas durante la infancia) .

Cómo sanar a tiempo

A pesar de esa carga emocional, la evidencia científica respalda que la intervención correcta y precoz (terapia cognitiva conductal o centrada en el apego, atención emocional narrando la propia historia y entornos de apoyo) puede ayudar a sanar esas heridas, transformando las señales de dolor en crecimiento personal.

Curiosamente, según la neurociencia, el cerebro conserva la plasticidad emocional incluso a edades muy maduras, lo que se traduce en que, reprogramar y cicatrizar pensamientos dañinos y heridas puede efectuarse – eventualmente– de manera exitosa.