La experta en neurociencia, Gladys Kali
Gladys Kali, experta en neurociencia: «Hombres y mujeres tienen cerebros distintos pero complementarios»
La autora de «Neurociencia aplicada al estrés» explica que las diferencias en el funcionamiento del cerebro suponen una riqueza para la vida familiar y social
«Más allá de los mitos sobre multitarea o racionalidad, la neurociencia confirma que hombres y mujeres aportan talentos complementarios que fortalecen la creatividad, la toma de decisiones y la resiliencia». Con esta afirmación, la experta en neurociencia Gladys Kali vuelve a poner sobre la mesa un debate que sigue abierto: las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres existen... pero no son un obstáculo, sino un valor añadido, para la vida en pareja, la familia y la sociedad.
Esta experta, formada en Harvard y Cambridge y que ayuda a profesionales a optimizar su rendimiento laboral y personal a través de la neurociencia aplicada, explica que los estudios de neuroimagen muestran cómo el cerebro masculino suele establecer más conexiones dentro de cada hemisferio («lo que favorece la concentración, la orientación espacial y las decisiones rápidas»), mientras que el cerebro femenino conecta más entre ambos hemisferios («lo que facilita la multitarea, la memoria emocional y la empatía»).
El papel de las neuronas espejo
En palabras de Kali, autora de Neurociencia aplicada al estrés, «desde nuestros antepasados prehistóricos, hace millones de años, el cerebro humano fue desarrollando mecanismos esenciales para la supervivencia y la vida en comunidad. Entre ellos destacan las neuronas espejo, asociadas con la empatía y la capacidad de comprender a los demás».
Algo esencial para la cohabitación hombres-mujeres, pues este tipo de neuronas «plantean que, a lo largo de la evolución, las mujeres habrían potenciado de forma particular estas habilidades empáticas, favoreciendo la conexión emocional y la cohesión social en sus grupos», impactando así en los varones.
Es decir, que no se trata de jerarquías ni de superioridades, sino de formas distintas de aportar soluciones que, juntas, enriquecen cualquier proyecto común: desde la organización de la vida familiar hasta la resolución de problemas en un equipo de trabajo.
El equilibrio de lo diferente
Estas diferencias neuronales tiene un reflejo directo en la vida doméstica. Así, según Kali, en el hogar, la empatía femenina favorece la comunicación y la resolución de conflictos, mientras que el hombre, con un enfoque más práctico, suele aportar rapidez en la acción y claridad a la hora de tomar decisiones en momentos de crisis.
En el matrimonio, las diferencias de reacción ante el estrés también son claras. Mientras que los hombres muestran mayor activación de la amígdala derecha –la zona asociada a la respuesta de «lucha o huida»–, lo que los lleva a reacciones más impulsivas pero también más decididas, las mujeres tienden a filtrar más la respuesta a través del córtex prefrontal, algo que facilita una gestión emocional más reflexiva y prolongada.
Según esta experta, este tipo de particularidades no deberían interpretarse como choques inevitables, sino como una oportunidad para complementarse: mientras uno aporta rapidez, el otro añade perspectiva; mientras uno se centra en la solución inmediata, el otro ayuda a mantener la calma y la comunicación.
«No es un valor decorativo»
Kali insiste en que estas diferencias no deben verse como límites, sino como un recurso estratégico, porque «no es un valor decorativo: es una estrategia que potencia la innovación, mejora la productividad y refuerza la capacidad de adaptación de cualquier organización»... también en la vida de familia.
Además, la evidencia científica confirma que la coordinación hombre-mujer no sólo mejora la dinámica de la pareja, sino también los equipos profesionales compuestos por hombres y mujeres. Según Kali, la mayoría de los grupos de trabajo mixtos funcionan mejor porque suman empatía y visión integral, junto con foco y resolución práctica.
Un reto contra los estereotipos
Gladys Kali también desmonta algunos mitos, como que las mujeres «deben» encargarse de la multitarea o que los hombres son «más racionales».
Según explica, «no existe una visión o enfoque más racional que otro; las emociones influyen en la mayoría de las decisiones, independientemente del sexo». Y añade que la neuroplasticidad permite siempre aprender nuevas habilidades, lo que significa que ni biología ni educación condenan a roles rígidos e inamovibles.
Porque, como recuerda Kali, las diferencias entre hombres y mujeres no son un muro, sino un puente: el secreto está en aprender a aprovecharlas.