Más de dos millones de personas mayores de 65 años viven solas en España
Antonio y el drama de los dos millones de ancianos que viven (y mueren) solos en España
El número de personas que viven solas se ha multiplicado por ocho en 50 años y ya urge «una estrategia nacional contra la soledad no deseada», como reclama en El Debate la vicepresidenta del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia
Se llamaba Antonio y tenía dos hijos y una ex esposa con los que hacía años había cortado todo contacto. Desde que se mudó a Valencia, no mantuvo apenas relación con nadie, más allá de algunos cafés en el bar y unos saludos fugaces con los vecinos de escalera. Vivía solo. Y no únicamente porque no compartiese vivienda, sino porque en realidad no mantenía vínculos con nadie. Antonio, de forma literal, vivía solo.
Ahora tendría 86 años, pero una inundación en su vivienda causada por la Dana ha descubierto su cadáver, en estado de semi momificación, rodeado de palomas e insectos. Se estima que su muerte ocurrió en 2010: nadie había notado su ausencia. Nadie se preocupó por él. En 15 años.
«Desgraciadamente, este caso no es un hecho aislado, aunque queramos creerlo. Es el reflejo más crudo de una realidad que nos incomoda mirar: la soledad no deseada se ha convertido en un problema estructural», explica para El Debate Mar Ugarte, vicepresidenta del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia (CEDDD).
La dimensión del problema
Los datos respaldan sus palabras. En España, más de 5,6 millones de personas viven solas y, de ellas, cerca de 2,3 millones tienen más de 65 años.
Según el informe La soledad en España, elaborado por el Observatorio Demográfico CEU-CEFAS, el número de personas que viven solas en nuestro país se ha multiplicado por 8 en 50 años. Y en total, el 28 % de los hogares españoles está compuesto por una sola persona.
«La cifra no es lo que duele; lo que duele es lo que revela. Porque detrás de esos números hay vidas que transcurren en silencio, puertas que no se abren, teléfonos que no suenan, y una sociedad que parece haber normalizado la ausencia del otro», indica Utrera.
«Hace falta vecindad»
Esa soledad no deseada, esa ausencia de vínculos y la ruptura de la relación familiar –estrechamente relacionada con la cultura divorcista hoy tan asentada– genera innumerables problemas de salud, y también sociales.
Y aunque algunas tecnologías y apps se presentan como un paliativo para los mayores, «la soledad no se resuelve con tecnología, ni con un simple 'hay que llamar más'», explica la vicepresidenta del CEDDD.
Al contrario, el aislamiento «se evita cultivando comunidad, recuperando el tejido humano que nos sostenía antes del auge del individualismo. Hace falta vecindad: conocer a quien vive al lado, interesarse, tocar la puerta», señala Ugarte.
Y también es necesaria la implicación institucional, porque «se necesita una red pública que identifique y acompañe a quienes viven solos, especialmente personas mayores o en situación de vulnerabilidad. Aunque, sobre todo, necesitamos reaprender la empatía cotidiana: mirar, preguntar, cuidar».
Vivir solo no es igual que estar solo
Casos como el de Antonio generan una honda preocupación en quienes se encuentran en una situación similar a la suya. Sobre todo, porque este tipo de noticias saltan a los medios cada vez con mayor frecuencia. Sin ir más lejos, el pasado mes de marzo unos okupas encontraron en Málaga el cadáver de una anciana, que había muerto hacía 14 años.
Entonces, ¿Qué ayuda deben buscar quienes viven solos para evitar estas situaciones de soledad afectiva?
Tal y como aclara Mar Ugarte, «vivir solo no tiene por qué equivaler a estar solo. La clave está en mantener vínculos significativos y redes de apoyo diversas: amistades, asociaciones, espacios comunitarios, voluntariado, grupos culturales o vecinales...».
Porque, en rigor, «la soledad se agrava cuando depositamos todo el afecto o la necesidad de reconocimiento en una única relación», o en ninguna. Y de ahí que «aprender a pedir ayuda, expresar el malestar y buscar espacios donde compartir tiempo y propósito son pasos esenciales».
E insiste: «La independencia emocional no consiste en no necesitar a nadie, sino en no desaparecer cuando nadie llama».
España necesita una estrategia nacional
Más allá del caso concreto del anciano de Valencia, la soledad estructural es un problema cada vez más presente en todo el país... y en toda Europa. De hecho, Reino Unido ya ha implementado incluso un «Ministerio de la Soledad». Y la pregunta surgen sola: ¿Debería España hacer lo mismo? ¿O es algo que debería más bien atajarse desde la sociedad civil?
«España necesita una estrategia nacional contra la soledad no deseada», apunta la vicepresidenta del CEDDD.
«Pero más que un ministerio, lo que urge es un compromiso transversal: desde la sanidad, los servicios sociales, la educación y la vivienda», añade Ugarte.
Porque «no se trata sólo de acompañar al final de la vida, sino de prevenir el aislamiento desde mucho antes. Y aunque las administraciones deben poner recursos, la sociedad civil debe poner alma», concluye Mar Ugarte.