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En España se producen 44 divorcios por cada 100 bodas

En España se producen 44 divorcios por cada 100 bodasPexels

El engaño del divorcio para «encontrar el amor»: las rupturas son mayores en segundas y terceras nupcias

La fantasía de divorciarse para «volver a empezar de cero» no suele traer paz. De hecho, los datos demuestran que hay más rupturas en segundas uniones que en las primeras. Mejor reparar a tiempo el matrimonio que romperlo buscando una quimera

«Todavía estoy en el mercado, así que me doy un año. Si no lo arreglamos, me divorcio y busco a una mujer que me valore de verdad». La cita podría haberla dicho casi cualquiera de las miles de parejas casadas que cada año se divorcian en España. Sin embargo, esas palabras tienen unos nombres y apellidos muy concretos (que por prudencia vamos a omitir), con una historia tan común como dolorosa: un matrimonio que ronda los 40, que ha vivido bien avenido durante más de diez años, con varios hijos en común... y que desde antes del verano está pasando una crisis muy severa, con abogados y papeles de separación ya sobre la mesa.

Más allá de la casuística personal de cada uno de los cónyuges, en ambos se ha asentado una convicción muy frecuente entre quienes piensan en el divorcio: la tentación de romper la unión actual «para buscar un futuro feliz».

Sin embargo, los números invitan más a la prudencia. Porque el mayor éxito de una pareja se da... tras la primera boda, no en las uniones siguientes.

Cada vez más divorcios

El mapa de las rupturas matrimoniales no deja de ampliarse en España. Según los datos del INE, en 2023 hubo 76.685 divorcios frente a 172.430 matrimonios. Es decir, más de 44 divorcios por cada 100 bodas ese mismo año. En 2024, la tasa cruda de las rupturas subió a 1,8 disoluciones matrimoniales por 1.000 habitantes y se registraron un total de 82.991 divorcios, casi 7.000 más que el año anterior.

Cuando miramos fuera, el patrón se repite. En Estados Unidos, en 2023 hubo 2,36 millones de bodas y 992.677 divorcios: 42 divorcios por cada 100 bodas del mismo año; y rondan las 2,4 disoluciones matrimoniales cada 1.000 habitantes. También Alemania, por ejemplo, ronda los 35,7 divorcios por cada 100 bodas (con datos de 2023).

Entonces, si tantos primeros matrimonios se rompen... ¿Qué pasa con las segundas y terceras nupcias? ¿Es verdad que es más fácil encontrar el «amor de verdad» después de una primera unión fallida?

Más rupturas tras un divorcio

Dado que en España no se recogen los números de divorcio por nupcias anteriores, es necesario mirar hacia Estados Unidos, cuyas tasas son similares a las españolas.

Y en este caso, la evidencia (según la encuesta longitudinal NLSY79, Bureau of Labor Statistics) muestra que las segundas bodas se rompen aún más que las primeras: según los subgrupos, entre el 40% y el 60% de las segundas nupcias acabaron en divorcio antes de los 55 años.

Para las terceras bodas, los datos oficiales sólo permiten una fotografía limitada, pero la literatura terapéutica, como explica el célebre autor de Los cinco lenguajes del amor, Gary Chapman, coincide en que el riesgo vuelve a subir, hasta casi un 80% de rupturas en terceras uniones.

Los problemas «viajan» a la otra relación

La conclusión de fondo es que divorciarse para encontrar el amor es, con frecuencia, una ilusión vana. Porque, por lo general, los problemas de base que conducen a la ruptura (estilos de comunicación, gestión del conflicto, heridas no resueltas...) viajan a la siguiente relación si no se trabaja.

Lo sintetiza el psicólogo John Gottman, referencia mundial en investigación matrimonial: «No es la aparición del conflicto, sino cómo se gestiona lo que predice el éxito o el fracaso» de una relación.

Es decir: lo que garantiza un amor pleno, explica Gottman, no es el divorcio, sino arreglar los problemas con herramientas concretas, como asunción de responsabilidades, petición de perdón, límites claros, esfuerzos constantes, escucha y acuerdos compartidos.

Señalar los problemas... para arreglarlos

Para las parejas en crisis, como explica Gottman, el itinerario es claro y esperanzador: reconocer y señalar los problemas, pero con la voluntad de arreglarlos; pedir ayuda cuanto antes, apostar por un acompañamiento profesional serio si es necesario, y reforzar las rutinas que sostienen el compromiso.

Porque el matrimonio no es un sentimiento eterno que crece solo, sino una decisión diaria por el bien del otro... y de los hijos. Los datos enfrían la prisa por la ruptura; la experiencia –y la ciencia– confirman que reparar a tiempo da frutos más firmes que el espejismo de «empezar de cero».

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