Fundado en 1910

Casi uno de cada cuatro ingresos en menores de 12 años se debe a un TCAGetty Images/iStockphoto

Anorexia, bulimia o vigorexia a los 12 años: los trastornos alimentarios se disparan entre los adolescentes

Cada vez más casos, más graves y con un impacto creciente en la salud física y emocional de los adolescentes: los expertos alertan a las familias del incremento de Trastornos de Conducta Alimentaria

La voz de alarma no viene ya de los profesores, ni de los psicólogos, ni siquiera de los influencers que lo han sufrido en primera persona. Son los profesionales de urgencias sanitarias, hospitales y centros de día quienes alertan del preocupante incremento de casos de Trastornos de la Conducta Alimenticia (TCA) entre los menores de edad, incluso antes de llegar a la adolescencia.

Un dato: sólo en la Comunidad de Madrid, la unidad de hospitalización domiciliaria del Hospital Infantil Niño Jesús atendió el pasado año a 200 menores, de los cuales seis de cada diez fueron casos relacionados con TCA, principalmente anorexia nerviosa.

Además, según los datos del propio Hospital Niño Jesús, los ingresos por TCA en menores de 12 años han aumentado hasta representar casi uno de cada cuatro. En concreto, entre el 20 % y el 25 % del total.

También las hospitalizaciones por anorexia y bulimia en población infantil han crecido alrededor de un 22 % en el último año. Unas cifras que subrayan la magnitud de un problema que impactan de lleno no sólo en la salud física y mental de niños y jóvenes, sino también en el ámbito familiar y escolar.

Casos graves antes de los 12 años

Como explica la doctora Rosa Martínez, psiquiatra y directora clínica del Hospital de Día Retiro, del grupo Recurra Ginso, «estamos atendiendo a jóvenes que llegan con un sufrimiento emocional enorme y con alteraciones físicas que comprometen su salud. Lo más preocupante es que la edad de inicio se está adelantando: no es raro ver casos graves antes de los 12 años».

Incluso antes de que se manifiesten en sintomatologías severas y llamativas, que pueden conducir a la muerte -los TCA son una de las patologías de salud mental con mayor mortalidad-, este tipo de trastornos pueden provocar en quienes los sufren otro tipo de efectos graves, que tardan más en dar la cara.

Por ejemplo, «alteraciones cardiovasculares, desnutrición, fuertes desequilibrios hormonales, pérdida de masa ósea y un impacto psicológico severo, incluyendo ansiedad, depresión, aislamiento social y riesgo de suicidio», explican desde el grupo sanitario dirigido por el psicólogo y ex Defensor del Menor, Javier Urra.

El detonante de las redes sociales

Los expertos apuntan a un detonante esencial como factor de riesgo: el papel de las redes sociales.

Aunque la ley establece que el mínimo legal para tener un perfil en TikTok o Instagram son los 16 años, son cientos de miles los niños y adolescentes que se sumergen en el universo de las redes, con el amparo y conocimiento de los propios padres, o con su despreocupada negligencia.

Y allí, los menores se topan con contenidos que, como apuntan desde este grupo dedicado a la salud mental infantojuvenil, «les inducen a la comparación física, promueven el uso de filtros que distorsionan la imagen, y amparan perfiles donde se promueven las dietas extremas, el ejercicio constante, la asunción de ideales de belleza inalcanzables». Y también con otros que promueven estereotipos radicalmente contrarios, basados en la obesidad como sinónimo de salud o liberad, y que generan el efecto rebote a través de los TCA.

«La presencia continua de mensajes centrados en el cuerpo y la delgadez tiene un efecto directo en la autoestima de los menores. Y ya detectamos que muchos jóvenes comienzan con conductas aparentemente normales, como dietas, retos, o búsqueda de cuerpos imposibles, y que desembocan en patrones muy peligrosos», subraya la doctora Rosa Martínez.

El papel de la familia y los centros de día

Para romper esta espiral y ofrecer la ayuda que necesitan los menores que sufren un TCA, la psiquiatra apunta a dos factores clave: los Hospitales de Día y el papel de la familia.

«El Hospital de Día ofrece un puente terapéutico fundamental, porque es lo suficientemente intensivo para tratar los casos complejos, pero mantiene al joven en su entorno. Y eso acelera la mejoría y reduce las recaídas», señala la doctora Martínez.

Además, la implicación familiar resulta uno de los factores más determinantes, cuando «los padres y madres participan en sesiones psicoeducativas, espacios de acompañamiento y dinámicas para reforzar la comunicación y la relación con sus hijos».

Y concluye: «La detección temprana marca la diferencia entre una recuperación sostenible y la cronificación. Pero cuando se combinan terapias individuales, grupales, familiares y supervisión nutricional, nos permite estabilizar la conducta alimentaria, mejorar la regulación emocional de los menores, y favorecer que vuelvan de forma progresiva a su vida educativa, social y familiar».