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Esto es lo que significa que un niño tenga pesadillasGetty Images / iStock

¿Tu hijo sufre pesadillas? Esto es lo que le puede estar pasando, según la psicopedagoga Tania Ruiz

Ya duerme en su propia cama, ha conseguido controlar esfínteres y ha dejado atrás la fase de los cólicos de lactante. Sin embargo, tu hijo o tu hija se despierta con frecuencia en mitad de la noche, porque tiene pesadillas y no logra volver a conciliar el sueño, incluso aunque le dejes una lucecita encendida.

Esta situación cotidiana es el pan de cada día –o de cada noche– en muchos hogares, sin que los padres sepan reconocer si lo que les pasa a sus hijos forma parte de su desarrollo normal, si esas pesadillas son lo que los expertos llaman «terrores nocturnos» y, sobre todo, sin saber qué hacer para ayudar a sus pequeños.

Y lo cierto es que, aunque puede ser un proceso completamente natural que desaparece con el tiempo, o una mala noche puntual por algún cuento o película que les haya asustado, es importante saber cómo encarar una situación que puede esconder situaciones mucho más graves.

Como explica para El Debate la psicopedagoga Tania Ruiz, «la ansiedad y las pesadillas son manifestaciones frecuentes del miedo en la infancia y, aunque pueden formar parte del desarrollo evolutivo, si persisten o tienen una intensidad excesiva sí requieren un acompañamiento emocional de los padres, y, en algunos casos, intervención terapéutica».

Según esta experta, «las estrategias más eficaces para reducir el impacto de las pesadillas en los niños se centran en restablecer la sensación de seguridad, enseñarles habilidades de autorregulación y permitir la expresión emocional de forma simbólica y controlada».

Primero, devolver la seguridad

Así, Tania Ruiz, que es directora del centro Anda Conmigo de Valdemoro, explica que «el primer paso consiste en reconstruir la sensación de seguridad, tanto física como emocional».

Para evitar los malos sueños, «los niños necesitan un entorno predecible, rutinas estables y la presencia calmada del adulto. Porque en este caso, la figura de apego actúa como 'co-regulador' emocional, que ofrece contención sin sobreprotección».

Segundo, anticiparse y tener rituales

Si el problema no es de carácter físico –como cenas demasiado abundantes o fuertes o parásitos intestinales–, esta experta señala la importancia de «mantener rituales de calma antes de dormir, utilizar objetos de consuelo (como peluches, mantitas o prendas de ropa del padre o la madre) o incorporar luces suaves».

Junto a ello, la higiene del sueño es clave: «Limitar la exposición a pantallas, evitar contenidos violentos y establecer un horario constante contribuyen a que el sistema nervioso entre en un estado de reposo adecuado», explica la psicopedagoga.

Unas medidas sencillas «que ayudan a reducir la hiperactivación fisiológica y facilitan el descanso», y que sirven para atajar las pesadillas antes de que llegue la hora de dormir.

La técnica del «imagery rehearsal»

En caso de que las pesadillas sean recurrentes –siempre el mismo mal sueño, o uno muy similar– «puede aplicarse la técnica del ensayo de imágenes o imagery rehearsal, que consiste en reescribir el contenido del sueño y transformarlo en una historia segura y controlada», explica.

Algo que, como apunta Tania Ruiz, «disminuye la ansiedad anticipatoria», es decir, el estrés inconsciente con que el niño se acuesta por temor a la pesadilla.

Ponerle nombre al miedo

La validación emocional es otro pilar esencial. «Los niños deben poder hablar de su miedo sin ser juzgados ni minusvalorados», alerta la psicopedagoga.

Por ejemplo, «nombrar la emoción, conversar sobre lo ocurrido y permitir que la expresen mediante el dibujo, el juego o los cuentos terapéuticos facilita la elaboración simbólica y disminuye la carga emocional».

También el juego de roles o la dramatización permiten que el niño represente el miedo y recupere el control sobre él, «transformando la amenaza en aprendizaje emocional».

Antes de que los casos se asienten demasiado, también se puede intervenir desde un plano fisiológico.

Como indica la psicopedagoga, «resulta muy eficaz el entrenamiento en técnicas de relajación y respiración, que ayudan a activar el sistema nervioso parasimpático, y la respiración diafragmática, la relajación muscular progresiva, o las visualizaciones adaptadas a la edad contribuyen a reducir el cortisol y mejorar la autorregulación emocional».

Intervenir en niños mayores

Pero, ¿qué pasa cuando quienes sufren pesadillas no son niños pequeños con miedo a la oscuridad?

«En niños mayores, las intervenciones cognitivas permiten trabajar los pensamientos catastróficos o anticipatorios. A través de la reestructuración cognitiva, se les enseña a cuestionar las creencias irracionales ('si apago la luz, vendrá un monstruo') y sustituirlas por interpretaciones más realistas. Y de manera paralela, la exposición gradual al estímulo temido –por ejemplo, permanecer unos minutos con la luz apagada acompañados del adulto– ayuda a desensibilizar el sistema emocional, demostrando que el miedo puede tolerarse sin peligro real», asegura la experta.

El papel de los padres

En todo caso, «el papel de la familia es determinante», explica Tania Ruiz. Y recuerda que «los padres deben responder con coherencia, sin reforzar la evitación ni transmitir su propia ansiedad».

Y recuerda la importancia de «mantener una actitud calmada y cariñosa, validar la emoción y reforzar el afrontamiento ('te atreviste aunque tenías miedo'), porque fomenta la autoeficacia emocional».

Con un último aviso: si los miedos persisten, «la coordinación con la escuela o el terapeuta para reforzar la consistencia de las estrategias» es esencial, también para descartar otro tipo de problemas de carácter neurológico, social o incluso traumático.