La tensión de los abuelos cuando llega el bebé: entre el temor a molestar y la tentación de meterse demasiado
La doctora Cristina Noriega, psicoterapeuta y profesora del Departamento de Psicología de la Universidad San Pablo CEU, explica el crucial papel de los abuelos durante el primer año de vida del bebé, que da lugar a un difícil equilibrio en los roles familiares
Los abuelos juegan un papel crucial en el primer año de vida del bebé
Hay momentos en la vida que nos recuerdan que no estamos hechos para vivir solos. El nacimiento de un bebé es uno de ellos. Entre la ternura, el desconcierto y las noches sin dormir, aparece una certeza antigua: la llegada de una nueva vida necesita una comunidad alrededor. Una red. Una «aldea».
En esa red, los abuelos siguen ocupando un lugar privilegiado. No siempre visible, no siempre sencillo, pero decisivo. En una sociedad donde muchas familias crían lejos de su origen, recuperar la mirada intergeneracional no es solo práctico: es profundamente humano.
Y es también una vocación: cuidar de la vida que llega, sostener a los padres que empiezan, transmitir los valores y la memoria que nos precede.
Apoyo que sostiene cuando todo cambia
El periodo perinatal (del embarazo al primer año del bebé) es un tiempo de transformación. Cambian horarios, prioridades y también identidades: nacer madre, nacer padre… y nacer abuelo o abuela.
En ese contexto, el apoyo familiar marca una diferencia real. La evidencia científica muestra que la presencia de una red cercana reduce el estrés, favorece el vínculo con el bebé, disminuye el riesgo de depresión posparto y ofrece un sostén cotidiano que ninguna lectura sobre crianza puede sustituir. Los abuelos, especialmente las abuelas maternas, suelen convertirse en muchas ocasiones en una ayuda que calma y acompaña.
Pero su presencia no es solo práctica. También transmite historia, valores y continuidad. Un bebé que crece rodeado de varias generaciones recibe, simbólicamente, raíces y alas: raíces para saber de dónde viene; alas para crecer con confianza.
Un rol bello… pero lleno de matices
Idealizar sería injusto. La perinatalidad también despierta heridas antiguas, tensiones familiares e interpretaciones distintas sobre cómo cuidar. Los abuelos llegan con sus experiencias y certezas; los nuevos padres, con las suyas. Ese cruce puede generar malentendidos.
Aquí aparece la ambivalencia, con toda su complejidad.
Los padres viven la tensión entre: «Necesito ayuda, pero necesito también espacio».
Y los abuelos viven otra doble cara: Por un lado, el temor a molestar; por otro, la tentación de meterse demasiado, adelantarse a las decisiones, no permitir que los hijos adultos crezcan en su propio estilo de crianza. A veces lo hacen por amor; otras, por hábito; otras, porque reviven su propia historia no resuelta. El resultado, sin querer, puede ser invasión y desgaste.
Aprender a mirarnos de nuevo
La clave no está en que los abuelos «actualicen el manual» ni en que los padres renuncien a sus criterios. La clave está en el equilibrio entre presencia y respeto. Hay, al menos, cuatro pautas útiles:
– Dialogar sobre expectativas antes de que surja el conflicto.
– Agradecer sin idealizar.
– Poner límites sin romper vínculos.
– Reconocer que todos están creciendo a la vez.
La perinatalidad es una oportunidad para revisar patrones familiares: lo que uno aprendió, lo que desea transmitir y lo que necesita dejar atrás. Puede abrir caminos de reconciliación y encuentro entre generaciones.
Un regalo mutuo
Para los abuelos, participar en la vida del bebé puede ofrecer sentido y continuidad. Para los padres, sentir que no crían solos es alivio y fortaleza. Para el bebé, la presencia de varias generaciones es un tesoro afectivo.
En tiempos de individualismo, los abuelos recuerdan que la familia es un lugar de acogida y transmisión, imperfecto pero fecundo. Y quizá por eso, cuando nace un bebé, no solo empieza una vida: empieza una oportunidad para que toda la familia crezca.
Dra. Cristina Noriega García es psicoterapeuta y profesora Titular del Departamento de Psicología de la Universidad San Pablo CEU, y colaboradora del Instituto CEU de Estudios de la Familia