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Cada vez hay más parejas que deciden dejar de mantener relaciones hasta el matrimonioYuri Arcurs / iStock

Consultorio Familiar

«Mi novio y yo hemos decidido dejar de mantener relaciones hasta casarnos: ¿qué es la segunda virginidad?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la castidad en el noviazgo

Tengo novio desde hace años. Nos queremos y siempre nos hemos respetado mucho. Hasta hace poco, manteníamos relaciones sexuales porque los dos lo veíamos como «lo normal». No conocíamos a ninguna pareja de novios que no lo hiciera y no veíamos nada malo en hacerlo. Pero desde un año, los dos hemos experimentado un profundo cambio en nuestra forma de ver y vivir la vida. Es algo que no esperábamos y que nos hace más plenos y felices. Entre los muchos cambios que hemos emprendido está el habernos propuesto dejar de mantener relaciones hasta que nos casemos. No es fácil, pero tampoco es traumático. De hecho, ojalá lo hubiésemos decidido antes. Unos amigos nos han hablado de la «segunda virginidad». ¿Puede decirnos en qué consiste? Sus artículos nos ayudan mucho.

En esta vida, hay veces en que no se consigue lo que uno pretende, pero no por eso debe uno de dejar de luchar y de pelear las cosas.

Así, hay personas que se propusieron tener un noviazgo en castidad y no lo consiguen, por la razón que sea, aunque siempre podemos hablar, como mínimo, de falta de prudencia. Pero también hay parejas como las suyas, y cada vez más, que descubren la riqueza de esta propuesta ya después de unos años de noviazgo, o incluso después de haber tenido varias parejas, simplemente porque nunca nadie se lo había planteado de forma adecuada.

Si la solución que se da a esa situación es que, como ya lo hemos hecho antes, o como ya lo hemos hecho una vez, qué más da tener una vez, que dos, que cien, entonces estamos cometiendo un grave error.

Porque cuando desaparece la tensión y la intención que debe haber en un noviazgo por hacer las cosas bien, o al menos, como en un principio se querían hacer, entonces la ilusión, con el tiempo, también desaparece. Lo he visto con frecuencia y hemos hablado de ello en estos artículos.

Lo que suele ocurrir en estos casos es que, muchas veces, se rompe esa relación por falta de ilusión y, en el siguiente noviazgo, es muy posible que ya el nivel de exigencia lo ponga uno más bajo.

Los chantajes empiezan a aflorar: «Si lo hiciste con el otro o con la otra, por qué no conmigo; eso es síntoma de que no me quieres...» y cosas por el estilo.

Sin embargo, incluso en esos casos es posible intentar recomponer la ilusión en el noviazgo. ¿Cómo? Proponiéndose vivir la segunda virginidad.

Para hacerlo, lo primero es mantener una charla a fondo con la pareja sobre la posibilidad de recomenzar de nuevo, y que lo que se ha vivido anteriormente sirva para coger fuerzas y experiencia, y para ser más cuidadosos en todo lo que es la intimidad.

La segunda virginidad es un canto a la esperanza y a la ilusión.

La segunda virginidad es un canto a la esperanza y a la ilusión

Hasta aquí no ha sido como queríamos, pero a partir de ahora lo será. Lo he visto muchas veces y con mucho éxito. Es una nueva alegría: la alegría de luchar por algo que vuelvo a considerar valioso. Es mucho más que dejar de mantener relaciones sexuales: es empezar a mantener otro tipo de relaciones, verdaderamente íntimas, en las que se desnuda el corazón, los proyectos, las debilidades, los anhelos para el futuro, la confianza, la comunicación... Y también se despeja la vista sobre las flaquezas y las fortalezas propias y las del otro, para ver si realmente somos las personas con las que queremos compartir la vida.

Una vez dicho esto, hay que procurar poner todos los medios para hacer las cosas como queréis y tal vez tendréis que cambiar ciertas costumbres.

Porque la fortaleza y la reciedumbre, pero también la carencia de fuerza de voluntad, aparecerán luego en la relación en miles de situaciones. La vida de pareja es difícil y hay que estar entrenados en la exigencia personal. Sin duda, la segunda virginidad es un buen entrenamiento.

Proponerse vivir así fortalece mucho a la pareja y si se lo toman con seriedad, devuelve la ilusión. Porque es muy ilusionante decirse que sí, y también que no, por algo valioso. Asienta bien el futuro matrimonio.

Entre otras cosas porque no me he encontrado nunca a ninguna pareja de novios que, dándole importancia a la castidad en el noviazgo, no crea que el matrimonio es indisoluble y que merezca la pena luchar por él.

José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com