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La experta en gestión patrimonial, Carmen Pérez-PozoDani Aznar

Carmen Pérez-Pozo, experta en patrimonio: «En estos casos, la separación de bienes protege el núcleo familiar»

Cada vez más parejas cambian el régimen de gananciales por el de separación de bienes, y en ocasiones es para proteger el matrimonio de las injerencias del Estado y la inestabilidad fiscal. Carmen Pérez-Pozo, especialista en gestión patrimonial, explica cuándo es mejor aplicar cada régimen o incluso uno mixto

Hasta hace no mucho, el matrimonio venía aparejado a una figura jurídica para la gestión del patrimonio familiar: los bienes gananciales. Una figura que muchos asumen de forma incorrecta, como si todo lo que es propiedad de uno de los cónyuges, lo fuese también del otro por igual de manera automática.

Pero la inercia ha cambiado. Según los datos del Consejo General del Notariado (CGN), en 2024 se firmaron en España 67.693 capitulaciones matrimoniales, es decir, acuerdos legales que permiten establecer ante notario el régimen económico del matrimonio. Se trata de la cifra más alta de la serie histórica del CGN.

Con un importante matiz: en torno al 92 % de esas capitulaciones correspondieron a parejas que, bien recién casadas, bien después de años de matrimonio, optaron por hacer separación de bienes, como forma de proteger el patrimonio personal de cada cónyuge... y también el del propio matrimonio.

Porque, aunque en teoría el régimen de bienes gananciales puede suponer una especie de «quemar las naves» para apostar por la indisolubilidad de la unión, como explica Carmen Pérez-Pozo Toledano, jurista experta en gestión patrimonial, hay ocasiones en que la inestabilidad fiscal y las injerencias del Estado son tantas que amenazan la propia estabilidad de la familia.

–Hablar de dinero antes de casarse es, en ocasiones, una especie de tabú. ¿Por qué es importante plantear esa conversación sin que suene a desconfianza, sino precisamente para garantizar un proyecto común?

–Es importante porque el dinero atraviesa casi todas las decisiones de la vida en pareja: vivienda, hijos, trabajo, herencias o proyectos comunes, y evitar hablar de ello no elimina los conflictos, sólo los pospone. Plantear esa conversación desde la transparencia y el cuidado, explicando que el objetivo es proteger lo que cada uno aporta y lo que vais a construir juntos, la convierte en un ejercicio de responsabilidad compartida y no de desconfianza.

Cuando ordenamos por escrito cómo se gestionarán los bienes, qué es de cada uno y qué será común, reducimos malentendidos, prevenimos situaciones injustas y evitamos tener que tomar decisiones precipitadas en momentos de crisis. En ese sentido, hablar de dinero y de patrimonio antes de casarse es una forma muy concreta de demostrar amor: anticiparse a los problemas para que el proyecto en común tenga bases sólidas y ambos se sientan tranquilos y protegidos.

–En España, muchas parejas «no eligen» y entran por defecto en régimen de gananciales. ¿Qué es lo que más se desconoce de ese régimen y qué errores ve después, cuando ya hay hipoteca, hijos o un negocio familiar de por medio?

–Lo que más se desconoce del régimen de gananciales es que no todo lo adquirido durante el matrimonio es automáticamente común. Hay bienes privativos, como herencias, donaciones o lo traído al matrimonio, que permanecen individuales, pero cualquier pago o mejora con fondos gananciales genera compensaciones complejas al liquidar. Muchos creen que basta con titular un bien a nombre de uno solo para que sea exclusivo, pero si se financió con dinero común –como la hipoteca de una vivienda, por ejemplo–, el otro cónyuge tiene derecho a la mitad, lo que genera litigios no sólo cuando hay divorcios, sino también cuando hay hijos o un negocio familiar de por medio.

–¿Y sobre los errores?

–Los errores más habituales que vemos después son la falta de un inventario riguroso de bienes y deudas al inicio, la mezcla de fondos privativos y comunes sin documentación clara, y asumir que se puede decidir el régimen más adelante sin consecuencias. Y eso complica enormemente la liquidación, sobre todo con hipotecas compartidas, donde ambos responden de la deuda aunque sólo uno se quede con la vivienda, o negocios familiares que ponen en riesgo el patrimonio común por deudas de uno solo. Por eso, nosotros recomendamos capitulaciones previas para optar por separación de bienes, como el 92 % de las parejas en 2024, y evitar estos problemas con planificación desde el principio.

–¿En qué casos la separación de bienes sería recomendable para proteger a la familia? Pienso, por ejemplo, en los casos en que hay deudas previas, si hay una empresa familiar, si hay hijos de una relación anterior…

–La separación de bienes es claramente recomendable cuando existe un riesgo patrimonial significativo que podría afectar al otro cónyuge o a la familia. Por ejemplo, en casos de emprendimiento, si hay deudas previas o si existen negocios familiares. Un caso típico es cuando uno de los dos emprende o dirige una empresa familiar; este régimen aísla las deudas profesionales del patrimonio del otro, y eso protege el núcleo familiar y evita que posibles quiebras o litigios comprometan los bienes comunes, como la vivienda o los ahorros compartidos.

Cuando uno de los dos emprende o dirige una empresa familiar, la separación de bienes aísla las deudas profesionales del patrimonio, protege el núcleo familiar y evita que posibles quiebras comprometan la vivienda o los ahorros.

También lo es en situaciones de herencias futuras o de patrimonios previos, donde se busca preservar lo aportado por cada familia de origen porque es beneficioso para todos, o en segundas nupcias y con hijos de relaciones anteriores, porque garantiza que los bienes de unos no diluyan los derechos de herederos previos. Hacer separación de bienes simplifica la gestión en caso de viudedad o incluso de divorcio. En todos estos escenarios, las capitulaciones permiten pactar reglas claras que priorizan la estabilidad familiar sobre la masa común de gananciales.

–Y al revés: ¿Cuándo tiene sentido mantener gananciales, o un régimen mixto? ¿Qué perfil suele encajar mejor ahí?

–Mantener el régimen de gananciales tiene sentido, primero, cuando la pareja prioriza la solidaridad económica y la protección mutua, especialmente si ambos aportan ingresos similares y desean construir un patrimonio común sin riesgos de desequilibrios previos. Favorece la unidad al compartir ganancias y bienes adquiridos durante el matrimonio, y simplifica la gestión diaria –como compras conjuntas o hipotecas– y ofrece seguridad al cónyuge económicamente más débil, ya que garantiza equidad en caso de fallecimiento o de divorcio.

Un régimen mixto, pactado vía capitulaciones, encaja si ambos quieren proteger ciertos activos (como herencias) pero compartir el resto. Así se adaptan a realidades híbridas, sin perder la colaboración financiera esencial. Este régimen suele convenir a parejas jóvenes sin patrimonios previos significativos, con ingresos equiparables, dedicadas a hogar e hijos, o en comunidades donde gananciales es el defecto, y que buscan estabilidad sin trámites extras.

–Entonces, para una pareja joven, con salarios ajustados y quizá una hipoteca, ¿qué acuerdos conviene dejar por escrito desde el principio?

–Para parejas jóvenes con salarios ajustados y una hipoteca, conviene dejar por escrito, desde el principio, un presupuesto común detallado, que asigne porcentajes claros a cuotas hipotecarias, gastos fijos (luz, comunidad...) y un fondo de emergencia equivalente a 3-6 meses de ingresos. Es clave, también, pactar el reparto de aportaciones a la entrada del piso y a las cuotas mensuales. Por ejemplo, 50/50, 60/40, ajustado a ingresos reales, o que todo salga de la misma bolsa común. También especificar, como quiera cada pareja, quién paga qué y cómo se documentan las transferencias. Todo esto evita disputas. Sobre todo en caso de separación, donde ambos responden solidariamente de la deuda.

–¿Cree que las injerencias del Estado o la actual política fiscal pueden desproteger a la familia a medio plazo y están empujando a más matrimonios a la separación de bienes?

–Sí, las injerencias estatales y la inestabilidad fiscal, como subidas imprevistas en IRPF, Patrimonio o ITP por cambios en regímenes económicos, pueden desproteger a la familia a medio plazo, porque complican la planificación y generan cargas inesperadas en liquidaciones o en herencias. Todo eso está incentivando la separación de bienes como escudo preventivo. Esto empuja a más matrimonios hacia regímenes que aíslen los patrimonios individuales. De hecho, esa es la tendencia, porque el 92 % de capitulaciones en 2024 fueron en separación de bienes, ante los riesgos regulatorios que alteran el valor neto familiar sin aviso.

–¿Y cuáles son las medidas preventivas que pueden ayudar más a evitar conflictos futuros?

–Las más efectivas son las capitulaciones matrimoniales previas para fijar separación o mixto, pactos internos notariales sobre cuentas conjuntas y aportaciones, y un orden sucesorio claro, con testamentos actualizados que designen usufructos o legados específicos. Así se minimizan conflictos fiscales futuros (por ejemplo, evitando ganancias patrimoniales en IRPF por liquidaciones desiguales) y se blindan herencias contra reformas legales. Es una forma de priorizar siempre la protección del núcleo familiar.