Fundado en 1910
Un informe de Save the Children alerta de que un tercio de los menores son acosados sexualmente por adultos

Un informe de Save the Children alerta de que un tercio de los menores son acosados sexualmente por adultosGetty Images / iStock

Los acosadores sexuales online acorralan a los adolescentes: el 'grooming' afecta a uno de cada tres jóvenes

La violencia sexual en el entorno digital se ha convertido en una amenaza cotidiana para la inocencia de los niños y de los adolescentes. Sobre todo, a medida que los menores ganan autonomía con el móvil y los padres se olvidan de su papel de protección en el entorno de las redes sociales y los chats de videojuegos.

Un escenario en el que el grooming –la manipulación y acoso sexual a un menor por parte de un adulto en internet– se convierte en un daño progresivo y cada vez más extendido, causando un daño que, según alertan los expertos, a menudo se descubre tarde.

De hecho, los datos apuntan a un fenómeno mucho más extendido de lo que parece. Según el informe Tras la pantalla de Save the Children, uno de cada tres jóvenes reconoce que, cuando era menor de edad, fue contactado por una persona adulta con fines sexuales, a través de internet.

Dicho de otro modo: un tercio de los menores ha sido acosado sexualmente por un adulto (normalmente en redes sociales como TikTok, Omegle, Snapchat o Instagram, pero también en los chats de videojuegos) muchas veces haciéndose pasar por menor.

Pero, ¿por qué resulta tan indetectable y tan extendido? Como explican los expertos, a diferencia de otros delitos, el grooming no suele empezar con una propuesta explícita: «Muchas veces el menor no percibe que está siendo manipulado. El agresor se presenta como alguien que le entiende y le acompaña. La sexualización aparece después, cuando ya existe un vínculo de dependencia», explica Beatriz Urra, psicóloga sanitaria y forense y directora de la Clínica Ambulatoria de Recurra Ginso.

Grooming: cómo se construye la trampa

Los especialistas describen un patrón: el agresor inicia una conversación aparentemente inofensiva, detecta las vulnerabilidades habituales (soledad, necesidad de validación, baja autoestima...) y va elevando el tono hasta introducir contenido sexual.

El contacto puede llegar por redes sociales, mensajería instantánea o plataformas de juego online, donde la interacción se percibe como «normal» y cuesta más identificar el peligro.

El objetivo final suele ser obtener vídeos o imágenes íntimas, que después se convierten en una herramienta de presión o de chantaje. En paralelo, las herramientas de IA han facilitado nuevas formas de manipulación, como la suplantación de identidad o la alteración de imágenes, lo que complica aún más la respuesta de las familias.

Señales de alerta en casa

Sin embargo, tampoco en este caso el mal tiene la última palabra, y los padres pueden ayudar a sus hijos, no sólo a prevenir este tipo de peligros, sino también a salir de ellos.

Como explican desde Recurra Ginso, en muchos casos, el primer indicador no es un mensaje concreto, sino un cambio de comportamiento: aislamiento, irritabilidad, secretismo con el móvil, ansiedad, miedo a que un adulto vea la pantalla....

«Las víctimas –subraya Urra– suelen sentir culpa y vergüenza. Por eso es fundamental que el entorno adulto no reaccione desde el castigo, sino desde la escucha y la protección».

Prevención: limitar no basta

Así, en la práctica, los expertos recomiendan, en primer lugar, preservar las evidencias (capturas de pantalla, archivos enviados, conversaciones...), pedir ayuda profesional y, si procede, denunciar a la Policía.

La prevención, insiste Urra, no puede apoyarse sólo en controles técnicos, como herramientas de control parental o temporizadores.

«La verdadera protección pasa por la educación digital, el pensamiento crítico y la presencia activa de adultos que acompañen», añade Urra.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas