Pilar Velasco, autora del libro
Autora de 'Sentise amado para poder amar'
Pilar Velasco, psicoterapeuta: «Estamos criando hijos exitosos, pero emocionalmente inseguros»
Decidió escribir un libro pensado especialmente para padres jóvenes que quieran construir un vínculo seguro con sus hijos desde pequeños
Educar a los hijos no es fácil. Nungún padre nace con un manual debajo del brazo. Sin embargo, hay algo que siempre se debe tener presente: el amor.Pilar Velasco, psicoterapeuta y fundadora y directora del Instituto Vinculando Con, se dio cuenta de que, aunque este aspecto es esencial, no todo el mundo lo tiene claro. Por ello, decidió escribir Sentirse amado para poder amar, un libro pensado especialmente para padres jóvenes que quieran construir un vínculo seguro con sus hijos desde pequeños.
–¿Qué te llevó a escribir Sentirse amado para poder amar en este momento de tu trayectoria?
–Desde hace muchísimos años tenía esta idea. Desde que mis niños eran pequeños viví en carne propia la importancia de tener una relación sana con los hijos. Después me he dedicado durante muchos años a acompañar a muchísimas familias y me he preparado mucho, especialmente en el tema del apego. Este libro está muy apoyado en la teoría del apego y en muchísima evidencia científica.
Pero siempre me cuestioné, sobre todo como mamá, cómo hacer que toda esta información, este conocimiento y esta ciencia fueran realmente accesibles. Está muy bien que exista, pero quienes tienen que recibirla y ponerla en práctica son los padres y los cuidadores, las primeras figuras de afecto de un niño.
Por eso sentí que había que hacer algo muy aterrizado, que tradujera toda esta ciencia en algo cercano y práctico. Y eso es este libro. Está muy apoyado en la evidencia científica, pero también en la experiencia. Es un libro muy real, muy cercano.
–¿Qué fue lo que te impulsó para escribir el libro?
–Hay una historia muy bonita detrás del título. Desde hace años, en Vinculando Con –la empresa que dirijo– trabajamos con mujeres en situación de vulnerabilidad. Una vez fui a una comunidad de pobreza extrema y me pidieron hablar con una mujer.
Entré en una casa muy humilde y lo primero que vi fue a una chica joven, de unos 16 años, lavando en un lavadero. Cuando pasé, me mojó; claramente no quería hablar conmigo. Seguí hasta una habitación al fondo y vi a una mujer mayor cargando a una bebé de unos seis meses, dándole un biberón con Coca-Cola. Me impactó muchísimo. Después me explicaron que la mamá de esa bebé era justamente la chica que estaba afuera. No quería darle pecho y, como no tenían refrigerador para guardar leche, le daban Coca-Cola porque les parecía más fácil.
Me pidieron hablar con ella. Cuando me acerqué, tenía una barrera enorme. No me miraba, no se abría. Yo pensé en decirle que su bebé no tenía la culpa, pero entendí que así no iba a conectar con ella.
Entonces tomé un riesgo grande. Le pedí permiso para abrazarla. Le dije: «¿Te puedo abrazar?». Me dijo que sí. Cuando la abracé, empezó a llorar de una forma impresionante. Fue probablemente el abrazo más largo que he dado en mi vida. Lloraba y lloraba. Ahí entendí algo profundamente: no se puede amar si no te sientes amado. Después me contó su historia.
–¿Ese fue el momento en el que decidiste escribir el libro?
–Sí, justo ese momento. Ahí pensé: necesitamos hablar de esto.
El libro va mucho más allá de dar una serie de estrategias. Va a comprender que quienes cuidan a los niños, quienes tienen que procurar amor, también tienen que trabajar su propia historia. También tienen que sentirse amados.
A veces amamos de una manera que los hijos no perciben adecuadamente
–¿Cuál dirías que es la idea más importante que los padres deben llevarse del libro?
–Esa es muy importante, sin duda, pero creo que la idea central del libro –y que va totalmente con el título– es que amar no es suficiente. Todos los padres queremos a nuestros hijos, pero si no sabemos comunicar ese amor, entonces amar no basta. No suele ser falta de amor, sino falta de estrategia.
A veces amamos de una manera que los hijos no perciben adecuadamente. Por eso el libro busca acompañar para que ese amor tenga como consecuencia generar seguridad en el niño, porque ese es el verdadero objetivo de una relación sana.
–¿Qué papel juegan las emociones en la construcción del vínculo entre padres e hijos?
–Juegan un papel enorme. El vínculo es una conexión natural, innata. No es algo opcional. Y nace prioritariamente desde la afectividad, y la afectividad guarda las emociones.
Si no contemplamos las emociones –algo que explico de forma muy descriptiva en el libro– no podemos vincular bien. Hay que entender cómo funciona el cerebro de un niño, cómo regula o no sus emociones.
Si los padres o cuidadores no entendemos el mundo emocional del niño, si no validamos, si no ayudamos primero a comprender, luego a poner nombre, después a regular… entonces no hacemos buen vínculo y no generamos seguridad. Es absolutamente indispensable.
–También hablas mucho de los primeros años. ¿Por qué la etapa de 0 a 6 años es tan decisiva?
–Porque es justo cuando se está conformando todo. Digamos que el niño viene un poco «en blanco» y ahí estamos ayudándole a escribir las primeras letras de su historia.
Al final del libro hay un capítulo que genera mucha esperanza, porque yo sí creo que nunca es tarde. Trabajo mucho con padres de adolescentes y siempre se puede hacer algo. Pero cuando empiezas desde pequeño, es mejor.
Las primeras relaciones conforman algo que se llama modelos operativos internos: los primeros cimientos del funcionamiento del ser humano. Ahí se construyen la autoestima, la confianza, la personalidad y la percepción que una persona tendrá de sí misma y del mundo. Por eso este libro trabaja a favor de la salud mental desde la raíz.
–¿Cuáles son los errores más comunes que cometen los padres al intentar crear un vínculo seguro?
–Podríamos nombrar muchos, pero creo que uno muy importante es centrar la relación en la conducta y no en la necesidad emocional.
Un niño pequeño nunca te va a decir: «Necesito más amor» o «Necesito más conexión». ¿Cómo lo expresa? Llamando mucho tu atención, queriendo estar pegado a ti todo el día, estando irritable o aislándose. Los padres tenemos que pasar de observar la conducta a observar la relación.
Otro error muy común es enfocarnos demasiado en las necesidades físicas o materiales: queremos hijos exitosos, que hablen idiomas, que estudien fuera, que sean competitivos… y entonces exigimos demasiado o sobreprotegemos, pero descuidamos la relación. También cometemos el error de no conocer realmente a nuestros hijos.
–¿Cómo afecta no haberse sentido amado en la infancia?
–De muchísimas maneras. Aprendes un esquema distorsionado de funcionamiento: no sentirte suficiente, sentirte rechazado, no sentirte valioso. Eso afecta directamente la autoestima. Y además aprendes a funcionar así en la vida adulta. Por ejemplo, en el ámbito profesional puedes permitir abusos, no poner límites, sentir que nunca haces suficiente, que siempre tienes que demostrar más. Nunca te sientes suficiente.
También afecta en la elección de pareja. Si creciste con vínculos deficientes, muchas veces eliges relaciones dañinas porque ese es el esquema que aprendiste.
–¿Qué patrones ves con más frecuencia en adultos que no tuvieron vínculos seguros?
–Es muy variable, pero uno muy común es el sentimiento profundo de rechazo.
También aparecen metas inalcanzables. A veces, con buena intención, los padres exigen muchísimo «para que no seas mediocre», pero sin conocer el temperamento o la capacidad real del hijo. Entonces creces corriendo detrás de una meta imposible y siempre sintiéndote insuficiente.
Asimismo, hay personas privadas de cariño porque sus padres tuvieron que trabajar muchísimo y no pudieron estar presentes. No porque fueran malas personas, sino porque así tocó. Pero si eso no se acompaña bien emocionalmente, después esa persona puede tener mucha dificultad para dar cariño.
Todo esto también está relacionado con ansiedad, depresión, bipolaridad y muchos otros trastornos. Es multifactorial, por supuesto, pero muchas veces la raíz está en vínculos distorsionados en los primeros años.
–A nivel personal, ¿qué significa para ti sentirse amado?
–Para mí significa tener la capacidad de sentirme valiosa y no necesitar constantemente la aprobación de los demás para saber que lo soy. Saber que valgo, que soy digna, que merezco respeto.
No se necesita perfección, se necesita disponibilidad, especialmente disponibilidad emocional
También significa poder vivir relaciones sanas: relacionarme sin aplastar ni dejar que me aplasten, poder dar pero también recibir.
Tener una vida equilibrada: saber manejar el estrés, regular emociones, trabajar lo que toca trabajar, pero también descansar, disfrutar, saber estar sola y disfrutar de la soledad. Y en mi caso personal, también tener una relación con Dios.
–Quieres añadir algo más?
–Este libro dice algo muy humano. No se necesita perfección, se necesita disponibilidad, especialmente disponibilidad emocional. Y si lo hiciste mal, se puede resignificar.
Antes de enviarlo a la editorial, un corrector de estilo me dijo algo muy bonito. Me contó que venía de una familia absolutamente disfuncional, sin esperanza. Y me dijo: «Cuando leí tu libro, me generó mucha esperanza». Ahí pensé: ya la hicimos. Con tocar un corazón así, ya valió la pena.