El secreto para que un matrimonio dure toda la vida, según José María Contreras Luzón
Consultorio Familiar
«Estoy a punto de casarme. ¿Cuál es el secreto para que mi matrimonio dure para toda la vida?»
El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la estabilidad matrimonial
Dentro de poco voy a casarme. Tengo muchísima ilusión y quiero envejecer junto a la que será mi mujer. Pero sé que hay cosas duras en la vida de una familia, y muchos divorcios. Por eso quiero saber cuál es el secreto de los matrimonios que funcionan. Se lo he preguntado a varias personas, incluso a mis padres, y me han dicho muchas cosas, pero poco concretas. ¿Cuál es, para usted, la primera condición para que un matrimonio dure toda la vida?
Siempre que nos dicen que una pareja lo ha dejado, nos sorprende. Especialmente si los conocemos desde que empezaron a salir.
Era tan fuerte ese sentimiento, esa complicidad que se veía, que nos parece difícil que se haya podido romper. Era tanto lo que decían sentir el uno por el otro, que parece mentira que eso se haya quedado en nada.
Toda pareja se establece con un afán de permanencia. Y todos tenemos la idea de que la felicidad nos la jugamos en el terreno de los amores. Y así es. Esto nos llevaría a actuar en consecuencia. Debería ser la relación que más cuidásemos. Y muchas veces, así es. Pero otras no.
Lo primero que habría que investigar en un noviazgo, para que el amor que va surgiendo tenga proyección en el tiempo, es que los dos sean buenas personas. Es una conclusión a la que he llegado paulatinamente, a base de oír a personas que estaban pasando por situaciones difíciles en su relación. ¿Por qué? Porque una buena persona se guarda mucho de hacer sufrir a otras personas. No quiere ser causa de sufrimiento.
Una buena persona se guarda mucho de hacer sufrir a otras personas. No quiere ser causa de sufrimiento.
Actualmente, estoy viendo sufrir a muchas parejas y a sus hijos por un sentimiento negativo que tienen en la relación. «No siento nada por el otro», te dicen. Pero es que «no sentir nada por el otro» es normal en muchas etapas de la vida, y no importa. Porque los sentimientos y los sentidos nos engañan, dependen de muchos factores externos, y van y vienen. Pero tú sigue queriendo y ya volverás a sentir. Tú quiere querer, que eso es el amor: querer querer.
Por otra parte, el consabido «yo tengo derecho a ser feliz» es otra causa por la que muchas relaciones se rompen. Es otra forma de engañarnos. El debate de si hay un «derecho a la felicidad» es muy antiguo, y no está claro que ese derecho exista. Pero lo que sí está claro es lo que decía Dostoievski acerca de que nadie va a ser plenamente feliz si es a costa de la felicidad de otros.
Cuánto daño voluntario se hace al otro en muchas relaciones de pareja. Cuánto daño se hace a los hijos, sin motivo. Solo por soberbia, por quedar por encima, por dinero... Veo a muchas personas que casi inmediatamente me dicen que los hijos son lo más importante para ellos, y les están haciendo sufrir por imponerse al otro, por celos, por un sentimiento que tiene fecha de caducidad, por nada.
La vida tiene tantas idas y venidas que se hace imprescindible ser buenas personas para poderla vivir con una cierta paz. Las buenas personas quieren a los demás en circunstancias difíciles para ellos o para los demás. Evitan hacer daño al otro. Piensan en su cónyuge más que en ellos. Comparten y colaboran.
Ser buena persona es una buena forma de asegurar una pareja. Muchas veces se confunden las buenas personas con los tontos o los pusilánimes. Y no tienen nada que ver. Las buenas personas son atractivas, porque el bien y la verdad tienen un gancho grande.
Generalmente, esa bondad se adquiere a base de formación humana, de educación orientada a mejorar como persona. Una persona que no se forme en lo personal, cada vez será peor persona. Suena duro, pero así es. O mejoramos, o empeoramos. Quedarse en tierra de nadie es imposible para el ser humano. Todas las buenas personas, por muy sencillas que sean en el terreno cultural, ponderan interiormente su actuar, en función de una educación y unos valores que incorporaron a su vida en algún momento.
Dejar a los hijos un sufrimiento de por vida, la mayoría de las veces por soberbia, por hacer lo que quiero y no debo, por un sentimiento que va a pasar, en vez de poner los medios para que ese amor florezca, es no ser buena gente. Por mucho que esté de moda decir que uno es buena gente.
Todos somos buena gente hasta que se demuestre lo contrario... pero hay que demostrarlo en momentos en los que quizás ser «buena gente» nos va a hacer pasar por situaciones desabridas emocionalmente y pensemos que la solución esté fuera.
En resumen para su pregunta: la primera condición para que un matrimonio dure para toda la vida es ser buena persona y querer quererse, sin fiarlo todo a los sentimientos.
- José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com