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Varias estudiantes se preparan para la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en Málaga

Varias estudiantes se preparan para la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en MálagaAlex Zea / Europa Press

Adolescentes con miedo a «no ser suficiente»: la nueva autoexigencia que «dispara» contra los exámenes

Con las pruebas de final de curso y la PAU en apogeo, los psicólogos alertan de que muchos jóvenes viven estas semanas con una exigencia excesiva y un insano miedo al fracaso que afecta a su salud y a su futuro

Más más de 300.000 estudiantes de toda España se enfrentan estos días a la temida Prueba de Acceso a la Universidad: la PAU, y otros cientos de miles hacen lo propio con los exámenes finales del curso.

Y con ello, muchas familias observan cambios en el comportamiento de sus hijos: más irritabilidad, menos motivación, dificultades para concentrarse o una sensación constante de cansancio. Ahora bien: lo que para muchos adultos puede parecer una etapa normal del calendario escolar, para cada vez más niños y adolescentes se convierte en una fuente de presión emocional que va más allá de los nervios propios de los exámenes.

Según los expertos, ya no hablamos de esa congoja propia del mes de junio: la suma de otros factores está llevando a muchos jóvenes y adolescentes a una vivencia patológica de las sensaciones asociadas a los exámenes.

De hecho, según el Estudio sobre el Bienestar de los Estudiantes de GoStudent, el 78 % de las familias españolas detecta estrés relacionado con deberes o exámenes en sus hijos. Además, un 42 % observa irritabilidad o cambios de humor, mientras que uno de cada cuatro identifica fatiga o cansancio frecuente.

Para Noelia Bascuas, psicóloga y colaboradora de TusClasesParticulares, cada vez más niños y adolescentes muestran estas señales en consulta: «Suelen ser irritabilidad, cambios de humor, apatía, dificultad para concentrarse, bloqueos durante los exámenes y sensación de cansancio. A nivel físico aparecen dolores de cabeza, problemas de sueño, molestias digestivas o tensión muscular. También es habitual que disminuya la motivación y aumente la autoexigencia o el miedo a equivocarse».

Un problema generacional

Lo cierto es que más allá del esfuerzo académico, muchos adolescentes sienten una presión creciente por cumplir expectativas, obtener buenas notas o no quedarse atrás respecto a sus compañeros.

Tanto es así que según una encuesta realizada a profesores europeos por GoStudent, casi la mitad de los docentes (48 %) percibe de forma paradójica una disminución de la motivación de los estudiantes.

Más aún: un 28 % identifica una pérdida de confianza o autoestima y un 22 % señala la presión académica y el estrés como algunos de los principales problemas que afectan al alumnado, de forma casi unánime en todo el continente. Dicho de otro modo: es una cuestión generacional, no asociada a un país concreto.

«Cada vez es más frecuente encontrar adolescentes con la sensación de que siempre deberían hacer más o rendir mejor. Muchos viven con miedo a decepcionar o a quedarse atrás»

Para Bascuas, detrás de esta situación existe una sensación cada vez más extendida entre los jóvenes: «Cada vez es más frecuente encontrar adolescentes con la sensación de que siempre deberían hacer más o rendir mejor. Muchos viven con miedo a decepcionar o a quedarse atrás».

Los datos del informe la respaldan: el 52 % de los propios padres afirmaba en la misma encuesta que sus hijos vinculan su autoestima a los resultados académicos.

Y por ese motivo, la psicóloga advierte de que cuando el rendimiento académico se convierte en el principal criterio para valorar el éxito personal, las consecuencias pueden ir más allá de una mala nota: «Cuando el valor personal se vincula únicamente al rendimiento académico, la autoestima se vuelve muy frágil: cualquier mala nota se interpreta como un fracaso personal».

Vivir pendiente de las notas

Esa pérdida de motivación es una de las preocupaciones que más comparten familias y docentes. Entre los padres que perciben que sus hijos están menos motivados, un 36 % lo relaciona con problemas de concentración, un 22 % con el estrés asociado a las notas y un 15 % con el agotamiento mental.

La psicóloga y educadora infantil Noelia Bascuas

La psicóloga y educadora infantil Noelia Bascuas

Pero para la experta, este fenómeno responde a una combinación de factores que va mucho más allá del ámbito escolar: «Vivir centrado únicamente en las notas genera estrés sostenido, inseguridad y una sensación permanente de no ser suficiente. Y eso, a largo plazo, puede provocar desmotivación, agotamiento emocional y rechazo hacia los estudios».

Nuevas fuentes de presión

A ello se suman nuevas fuentes de presión que afectan especialmente a los adolescentes. En palabras de la experta, «hoy influyen otros factores importantes: la comparación constante en redes sociales, la sobreestimulación, la falta de descanso, la presión por decidir el futuro cada vez antes y una cultura muy enfocada en la productividad y la exigencia».

Ante este escenario, muchos padres se preguntan cómo ayudar a sus hijos sin contribuir involuntariamente a aumentar la ansiedad. La psicóloga recomienda cambiar el foco de los resultados al bienestar emocional.

«Lo más importante –indica Bascuas– es ofrecer apoyo emocional antes que centrarse solo en los resultados. Escuchar sin juzgar, validar cómo se sienten y transmitir confianza ayuda mucho más que insistir continuamente en las notas».

También insiste en la importancia de cuidar aspectos básicos que suelen deteriorarse precisamente en las épocas de mayor carga académica: «Conviene cuidar hábitos básicos como el descanso, la alimentación y las pausas, además de evitar comparaciones con hermanos o compañeros».

Para Bascuas, el mensaje más importante que una familia puede transmitir durante estas semanas es sencillo: «Los adolescentes necesitan sentir que su valor personal no depende exclusivamente de su rendimiento académico».

Porque, concluye, acompañar no significa exigir más, sino ayudar a que el aprendizaje no se convierta en una fuente constante de miedo o presión.

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