Estatua de Séneca, el joven, en Córdoba
La familia en una frase
Séneca, filósofo: «Largo es el camino de educar mediante preceptos; breve y eficaz mediante ejemplos»
Hace casi dos mil años, el gran filósofo hispano-romano dejó por escrito una verdad que cualquier hijo confirma: las palabras de los padres pierden fuerza cuando su manera de vivir desmiente lo que intentan enseñar
¿Le suena familiar alguna de estas escenas? Un padre que pide silencio y calma a sus hijos, mientras les grita. Una madre que exige a su hija adolescente que deje el móvil, cuando ella consulta constantemente el suyo. Un padre que habla de sinceridad durante la cena, y, al instante, ordena que respondan al teléfono diciendo que no está en casa. O una madre que amonesta a su pequeño que «no se pega», dándole una palmada en la mano.
Si se ha visto identificado, no se preocupe: no es al primero que le pasa.
De hecho, nada menos que el gran filósofo hispano romano Séneca ya se hacía cargo de la situación, cuando resumió estas incoherencias cotidianas en una frase que ha atravesado veinte siglos: «Largo es el camino de educar mediante preceptos; breve y eficaz mediante ejemplos». Una cita que aparece en la carta sexta de las Epístolas morales a Lucilio, concretamente en el apartado 5.
Y, de hecho, el filósofo añade que los seres humanos «creen más en sus ojos que en sus oídos», porque no basta escuchar una doctrina, sino que es necesario contemplarla encarnada en la vida de alguien.
Una familia situada junto al poder
Lucio Anneo Séneca nació hacia el año 4 antes de Cristo en la actual Córdoba, entonces capital de la provincia Bética del Imperio Romano y una de las ciudades más importantes del mundo, dentro de una familia romana acomodada.
Su padre, conocido como Séneca el Viejo, fue escritor y maestro de retórica, y su madre, Helvia, pertenecía también a una familia culta.
En plena juventud se trasladó a la gran Roma para estudiar retórica y filosofía. Se casó al menos una vez y su esposa más conocida fue Paulina, que permaneció junto a él hasta sus últimos momentos. La mayoría de las fuentes mencionan un hijo muerto durante la infancia, aunque conocemos pocos detalles de su vida familiar.
Lo que es seguro es que su existencia estuvo ligada al poder imperial. No sólo ocupó cargos de relevancia (llegó a ser senador y cónsul) con Tiberio, Calígula y Claudio, sino que llegó a ser tutor y consejero de Nerón. Una trayectoria que, con semejantes nombres, no podía terminar sino como acabó: acusado de participar en una conspiración y con la orden de quitarse la vida en el año 65.
Cartas para enseñar a vivir
Las obras que de él nos han llegado muestran su preocupación por la educación, más incluso que por las cuestiones de índole política. Así, las Epístolas morales a Lucilio reúnen 124 cartas escritas durante los últimos años de Séneca, y están dirigidas a Lucilio, amigo y funcionario romano, aunque fueron concebidas también para un público más amplio.
En la sexta carta, Séneca habla también de la amistad y del deseo de compartir la sabiduría. Y citando a dos famosos pensadores estoicos que vivieron tres siglos antes que él, y que fueron discípulo y maestro, señala cómo «Cleantes no llegó a parecerse a Zenón sólo por escucharlo», sino por convivir con él y observar si vivía conforme a sus enseñanzas. Un episodio que le sirve para señalar cómo la formación moral se produce mediante la proximidad, el trato cotidiano y la imitación.
Los hijos observan incluso cuando callan
La idea de la educación mediante el ejemplo resulta especialmente cierta dentro de la familia. Incluso la neurociencia contemporánea explica que los niños aprenden mejor por lo que ven que por lo que oyen.
Desde cómo se trata al débil, al ver a sus padres cuidar a los abuelos; qué valor tiene la verdad cuando observan si los adultos mienten para evitar inconvenientes; o cómo entender el amor y el matrimonio al contemplar cómo se tratan su padre y su madre, y cómo hablan el uno del otro cuando uno de los dos está ausente.
Naturalmente, ninguna familia vive sin contradicciones, y educar con el ejemplo no implica llegar a la perfección. Pero es que también reconocer un error, pedir perdón y volver a empezar son enseñanzas que se adquieren mejor con el ejemplo.
La cita milenaria de Séneca pone a los padres frente al espejo de su propia coherencia de vida, e invita a una reflexión que en ocasiones se utiliza en las dinámicas de formación para la vida familiar: si nuestros hijos olvidaran todos nuestros consejos y recordaran únicamente cómo vivimos, ¿qué habrían aprendido?