Fundado en 1910
Nunca Estarás SolaAmaya Azcona*

La maternidad perfecta es imposible

Después de experimentar en nuestra vida que somos limitadas, que también lo son nuestros hijos, y de aceptarlo con naturalidad, hemos podido respirar profundamente y afrontar la maternidad desde una perspectiva más humana y realista, y también más libre sobre las expectativas ajenas

Algunas mujeres, cuando hemos sido madres, hemos atravesado etapas de búsqueda de la perfección en la crianza de nuestros hijos. Por alguna razón aspiramos a ser madres ideales para criar hijos perfectos, sin embargo, esta expectativa puede resultar agotadora y poco realista: la maternidad perfecta es un imposible, y el hijo perfecto es un desvarío.

¿De dónde viene esa búsqueda de la perfección?, ¿es algo biológico?, ¿es cultural? ¿es un engaño de la sociedad actual? La respuesta probablemente se encuentre en una combinación de varios factores: el desarrollo del apego, la oxitocina, la media de hijos actuales, las expectativas sociales y personales, además de las redes sociales y medios de comunicación. Todos estos elementos pueden influir en la aspiración a la perfección en la crianza actual. En mi opinión esta aspiración no se daba a este nivel en las generaciones anteriores.

Lo que sí sabemos es que, para algunas mujeres, la búsqueda de este imposible supone una gran presión y muchas de ellas acaban exhaustas dentro de diferentes trampas de las que es difícil salir: la de una alimentación sana, la de las técnicas de sueño, la de la estimulación máxima, la del orden, la de las actividades extraescolares y de ocio, la de mantenerse perfecta físicamente, etc. La crianza se convierte entonces en un esfuerzo sobrehumano y deja de ser una actividad satisfactoria para empezar a ser algo frustrante y que produce mucha ansiedad (miedo al futuro del hijo, a la enfermedad, a los estudios, a los accidentes, etc.).

Algunas ¡menos mal! tras un baño de realidad, hemos pasado del perfeccionismo a la supervivencia. De vestir al niño con abrigo de paño y zapatos ingleses al concepto ‘pijamachándal’: prenda que se amolda a la necesidad del momento, veamos: si es hora de dormir, el niño viste un pijama; si es hora de salir al jardín, el niño lleva puesto un chándal.

Después de experimentar en nuestra vida que somos limitadas, que también lo son nuestros hijos, y de aceptarlo con naturalidad, hemos podido respirar profundamente y afrontar la maternidad desde una perspectiva más humana y realista, y también más libre sobre las expectativas ajenas respecto de nosotras y de nuestros hijos.

Ni búsqueda de la perfección ni caos en la crianza; se trata de conseguir una actitud positiva tanto para la madre como para el hijo.

Donald Winnicott acuño un término que debería utilizarse más a menudo en las redes sociales y en las conversaciones con las madres, es el concepto de la «madre suficientemente buena». Aquella que comienza siendo indispensable para el niño (amamanta, viste, asea), pero que se aleja a medida que el niño crece (y no satisface todas las expectativas del hijo), permitiendo que el niño pase de la dependencia absoluta a la independencia relativa y enseñando que los fallos y errores forman parte de la vida (los suyos y los del hijo).

La madre suficientemente buena educa desde la madurez y para la madurez apoyando a los hijos para que vivan una vida plenamente humana. ¡Esto sí es posible!

* Amaya Azcona es directora general de la Fundación RedMadre

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas