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"Esa pareja ha tomado una decisión, como mínimo arriesgada, para su noviazgo", dice Contreras Luzón

«Esa pareja ha tomado una decisión, como mínimo arriesgada, para su noviazgo», dice Contreras LuzónGetty Images / iStock

Consultorio Familiar

«Mi hija se va a ir 15 días de vacaciones a Bali con su novio, que no nos gusta nada. ¿Qué hacemos?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre cómo ayudar a los hijos en sus noviazgos

«Mi hija nos ha dicho que se va a ir este verano 15 días de vacaciones sola con su novio, un chico muy superficial que ni a su padre ni a mí nos gusta nada. Ella tiene 20 años, él tiene 21. Y se van a ir a Bali. Ni qué decir tiene que el disgusto que nos ha dado ha sido el mayor de nuestra vida. Dice que lo hacen todas sus amigas y que es lo normal. ¿Qué cree que podemos hacer?»

Muchas gracias por su pregunta, que por mi experiencia es una preocupación que comparten muchas más familias de las que parece a simple vista.

Es frecuente que chicos jóvenes que son novios y que en muchos casos no tienen claro su futuro como pareja, se vayan de vacaciones juntos. Es obvio que unas vacaciones no se preparan de la noche a la mañana, luego están decididos a hacerlo con un cierto tiempo.

Puede que en casa no lo digan, o lo digan con muy poco margen, cuando ya todo está decidido, con tal de no verse influidos por sus padres. Al menos, tenga en cuenta que su hija sí se lo ha contado.

Ellos ya son mayores y han decidido de antemano, así que no hay vuelta de hoja. Lo que ha hecho es una actitud lógica del ser humano, especialmente en aquellos asuntos que más le afectan como persona y en los que piensa que le van a recomendar lo contrario de lo que le pide el cuerpo.

Así que lo primero que hay que decir ante un caso así es que los padres, por los menos a corto plazo, tienen poco que hacer. Hay padres que se ponen a favor de los hijos de forma acrítica, para no perderlos; aunque desde mi punto de vista es un error. Hay que querer siempre a los hijos, pero no animarlos a hacer cosas que les puedan perjudicar.

En cuanto a los novios, se puede decir que han tomado una decisión, por lo menos arriesgada, desde el punto de vista de su noviazgo. Y no sólo porque sea muy probable que ya lleven tiempo compartiendo su intimidad. Es que lo que van a hacer es adelantar el viaje de bodas, sin que haya compromiso previo. Se dice que lo hay, pero la ranura que dejan abierta –si esto no funciona lo dejamos– es tremenda y por ahí, antes o después, se va a meter la desilusión.

Mi experiencia me dice que, a los pocos meses, estas parejas, con cierta frecuencia, están mucho más desencantadas de lo que se fueron. En algunos casos, con la sensación de que una ilusión grande se ha roto. Pueden no haberse sentido comprendidos en terrenos muy íntimos, y es posible que se hayan dado cuenta de que su amor no estaba tan cuajado como ellos creían y mucho menos para acometer esa aventura. Porque eso es lo que es, una aventura, aunque digan que lo hace mucha gente. Porque si es así se podrá decir que quizá sea frecuente, pero no es normal.

La normalidad se atiene a una norma, y la finalidad del noviazgo es conocerse como personas. Compartir la más absoluta intimidad, la desnudez de alma y cuerpo, requiere un compromiso de por vida. Es lo más íntimo, requiere un estado más avanzado. Y de ahí ese sentimiento de culpa y de duda que tantos psicólogos hoy encuentran en la gente joven, y que se genera cuando uno hace aquello que no corresponde a lo que uno debería haber hecho.

Ese sentimiento está impreso en la naturaleza humana. Es un mecanismo de defensa que tiene el ser humano. Un instinto de conservación de lo íntimo. Y cuando se quiebra, pasa lo que pasa. Aunque no sea políticamente correcto decirlo.

No seamos ingenuos, el sentimiento de culpa destruye las relaciones. Quita la alegría, la frescura, la ilusión. Buscaremos una causa y es probable que no la encontremos, pero muchas veces son esas vacaciones que fueron compartidas cuando no debimos hacerlo. Es la causa de la tristeza que algunas personas manifiestan después del viaje de novios. Estaba todo estrenado, no había ninguna novedad. Con mucha frecuencia, la relación empieza a languidecer y termina por romperse.

Da pena decirlo, pero es probable que en algún caso hayamos roto un futuro buen matrimonio por un mal noviazgo. Solo hubiera sido necesario esperar. Al menos, es una sensación con la que me he quedado con frecuencia al escuchar a parejas recién casadas que entran en crisis.

Es probable que en algún caso hayamos roto un futuro buen matrimonio por un mal noviazgo. Solo hubiera sido necesario esperar.

Luego habrá que buscarse otra persona con la que compartir la vida, pero ya habrá que hacerlo dentro del campo de las personas que viven juntas y se van de vacaciones con su novio. ¿Es eso lo que queríamos? ¿Espera un desenlace diferente si se dan los mismos pasos?

Quizás la solución, llegado ese momento, sea vivir lo que se llama «segunda virginidad», una salida segura para volver a encontrar ese amor noble, bueno, con el que se ha soñado. Puedes encontrarlo, seguro, pero hay que tener paciencia y aprender del pasado.

La segunda virginidad supone empezar de cero y buscar a alguien que quiera también empezar de cero. Incluso en muchos casos puede ser el que ya se tiene por pareja.

Es algo que tiene un gran efecto ilusionante, que es precisamente lo que requiere una relación de noviazgo.

Pero no podemos adelantarnos tanto. Usted, lo que tiene que hacer es vivir sus creencias sobre el matrimonio y la educación como hasta ahora, y estar dispuesta para atenderla cuando lo dejen. Porque, o mucho me equivoco, o lo más probable es que lo dejarán. Me baso en la edad que tienen, no se eche la culpa. Su hija sabe perfectamente lo que usted piensa y, llegado el caso, volverá a usted.

José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com

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