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Veranos en familiaMaría Torrego*

«Las vacaciones no suceden solas»: la necesaria reflexión de una madre de familia numerosa

María Torrego, madre de 4 hijos y presidenta de la Fundación RedMadre, reflexiona sobre el poco reconocido y casi invisible, pero esencial, papel de los padres (y sobre todo de las madres) en la organización familiar durante el verano

Una madre con sus dos hijos en la playa

Una madre con sus dos hijos en la playaGetty Images / iStock

Hay algo que ocurre cada verano. Cuando llegan las vacaciones, todos empezamos a imaginar playas, pueblos, piscinas infinitas, escapadas improvisadas y atardeceres que parecen sacados de un anuncio. Todo suena a descanso. A desconexión. A disfrute.

Y ojalá, cuando dentro de unas semanas alguien cuente lo bien que lo ha pasado este verano, también recuerde que detrás de esos recuerdos felices suele haber mucho más de lo que se ve. Porque las vacaciones familiares no suceden solas. Alguien las piensa, las organiza, las sostiene y las cuida. Recuerdo a mi madre siempre haciendo malabarismos para todos.

Cuando hay niños pequeños, el verano no es exactamente una pausa. Es, más bien, un cambio de escenario. Desaparecen los horarios del colegio, sí. Pero aparecen otros: el desayuno maravillosamente eterno, las mochilas de la pisci, las cestas de la playa, la crema solar que nadie quiere ponerse, aunque bendito spray, las botellas de agua siempre vacías, las sandalias que misteriosamente desaparecen justo cuando hay que salir de casa, las siestas negociadas como si fueran tratados internacionales y esa pregunta que puede repetirse unas cuarenta veces al día: «¿Y ahora qué hacemos?».

Alguien recuerda quién necesita la toalla grande y quién la pequeña. Alguien sabe dónde está el bañador de repuesto. Alguien piensa en comprar helados antes de que lleguen los primos, prepara la mochila para la excursión, organiza los turnos para que todos puedan disfrutar y consigue, casi siempre, que cada miembro de la familia tenga la sensación de haber vivido un verano inolvidable.

Ese alguien, muchísimas veces, es una madre que dirige las vacaciones con una mezcla admirable de logística, intuición, paciencia y muchísimo cariño. Toda una institución.

Ese alguien, muchísimas veces, es una madre que dirige las vacaciones con una mezcla admirable de logística, intuición, paciencia y muchísimo cariño.

Es la que convierte una tarde cualquiera en una búsqueda de cangrejos. La que improvisa una merienda cuando el hambre aparece antes de tiempo. La que media en la discusión por el cubo de la playa, encuentra una tirita para una rodilla raspada y, cinco minutos después, está buscando las llaves del coche porque toca cambiar de plan.

Quizá por eso septiembre llega con un cansancio muy particular para ese alguien. No es solo físico. Es el desgaste de haber estado disponible casi permanentemente para que otros descansen, disfruten y sean felices. Y, sin embargo, pocas veces se reconoce.

Por eso hoy quiero hacer la ola a esos padres y madres que sostienen el verano de la tribu. A quienes convierten el caos en recuerdos, los planes improvisados en aventuras y los pequeños imprevistos en anécdotas que algún día harán reír a toda la familia. Siempre hay uno que se lleva la palma en despistes, eso es verdad.

Y, de una forma muy especial, hay que hacer la ola más grande del verano a las madres. Porque muchas veces son ellas quienes marcan el rumbo. Quienes anticipan lo que hace falta, quienes sostienen el mapa invisible de la familia y quienes, con su manera de cuidar, inspiran también al padre. No desde el protagonismo ni desde la perfección, sino desde ese liderazgo silencioso que contagia, organiza y acompaña. Porque cuando una madre cuida, también enseña a cuidar; y cuando un padre recoge ese testigo, la familia lo nota. Ahí está la gracia.

Así que, si alguna madre cuenta los días para la vuelta al cole, quizá no necesite justificarse. Merece, sencillamente, un reconocimiento. Porque antes de cada septiembre hay muchas horas de entrega invisible y mucho amor convertido en organización. Y no, eso no significa que quieran menos a sus hijos. Significa, simplemente, que llevan dos meses sosteniendo una organización gigante en detalles que casi nadie ve. Porque las vacaciones no suceden por arte de magia.

* María Torrego es madre de 4 hijos, presidenta de la Fundación RedMadre y profesora asociada del Departamento de Educación de la Universidad San Pablo-CEU

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