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Cuatro de cada diez adolescentes consulta sus problemas emocionales con la IA antes que con un adulto

Cuatro de cada diez adolescentes consulta sus problemas emocionales con la IA antes que con un adultoGetty Images / iStockphoto

Cuatro de cada diez adolescentes en España le cuentan sus problemas a una IA antes que a sus padres

Un reciente estudio muestra que el 66 % de los menores siguió los consejos que le dio la Inteligencia Artificial, mientras el 57 % de los padres cree que sus hijos no usan estos chats para hablar de emociones

La escena, aunque lo parece, ya no pertenece a la ciencia ficción ni a una distopía cinematográfica: un adolescente que se siente solo, triste, ansioso, abatido, acosado o desbordado por el colegio y, antes de hablar con su padre, con su madre, con un profesor o con un amigo, abre un chatbot de Inteligencia Artificial y le cuenta lo que le pasa, esperando su respuesta.

Esa es la realidad que viven ya cuatro de cada diez adolescentes de entre 11 y 17 años en España, según un reciente estudio publicado por la plataforma educativa GoStudent.

En concreto, el trabajo muestra que el 43 % de los menores afirma haber hablado con un chatbot de IA sobre sus emociones, antes de hacerlo con un progenitor, un amigo, un profesor u otra persona de confianza. Y no es algo aislado: casi un tercio de ellos (el 28 %) asegura que lo ha hecho más de una vez.

Problemas escolares y emocionales

El dato es especialmente relevante porque demuestra que el uso de la Inteligencia Artificial entre los adolescentes ya no se limita al terreno escolar.

Así, entre quienes recurrieron a la IA para algo personal, el motivo más frecuente fue por algo que les había ocurrido en el colegio: notas, presión académica o conflictos con profesores, con un 42 %.

Después aparecen los conflictos con los amigos y las relaciones afectivas, con un 21 %, y un nada despreciable 9 % recurrieron a la IA para consultar problemas relativos a su salud mental o a su bienestar emocional.

Seguir los consejos de una máquina

Además, el estudio no solo recoge las cuestiones que le plantean a la IA, sino qué hacen los adolescentes con las respuestas que reciben de esa tecnología impersonal.

En concreto, entre los menores que han usado un chatbot para hablar de cómo se sentían, casi 7 de cada 10 (el 66 %) asegura haber seguido alguna vez un consejo emocional recibido de la IA. Y, de ellos, casi la mitad (el 43 %) no se lo contó después a ningún adulto de confianza.

El estudio también revela la razón por la que los adolescentes acuden a estos sistemas, en lugar de hablar con sus padres. Y la radiografía revela una mezcla de comodidad y soledad.

En detalle, el 29 % dice que el chatbot es más rápido, el 28 % destaca que «está siempre disponible» y el 22 % valora que «no le cuenta a nadie» lo que ha dicho. Además, el 17% reconoce que se lo dice a una IA porque no quiere ser juzgado por sus padres, o por un profesor.

Una brecha de confianza y diálogo

La brecha que la IA está generando ya en los hogares se amplía al contrastar esta actitud con la que muestran los padres consultados para el estudio.

Mientras los adolescentes están normalizando acudir a la IA para plantear problemas emocionales, el 57 % de los padres afirma que su hijo «nunca» le ha dicho que haya hablado con una IA sobre sentimientos o problemas personales.

La preocupación familiar, no obstante, no es menor. El 88 % de los progenitores encuestados cree que deberían fijarse límites al uso de chatbots por parte de menores de 16 años, y el 38 % prohibiría directamente su uso.

Entre sus principales temores, el 30 % señala que los adolescentes se vuelvan demasiado dependientes de la IA y el 28 %, que sigan «consejos inexactos».

«Ayudarles a pensar de forma crítica»

El estudio, tal y como señala Felix Ohswald, CEO de GoStudent, demuestra que «los jóvenes de hoy utilizan la IA para mucho más que para sus deberes escolares, y al igual que con cualquier otra herramienta, y en especial con las digitales, los menores han de comprender cómo funciona y cuáles son sus limitaciones».

«La IA –recuerda Ohswald– puede facilitar el aprendizaje, pero no debe sustituir la comunicación con adultos responsables y de confianza. Y es crucial que aprendamos las diferentes formas en que los niños y adolescentes utilizan estas herramientas y así les ayudemos a pensar de forma crítica sobre las respuestas que reciben».

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