El colegio Divina Pastora de Córdoba ha elaborado una Guía de calma para padres
«Tu nudo en el estómago es normal»: la 'Guía de calma' de un colegio... ¡para padres de niños de 3 años!
El colegio Divina Pastora de Córdoba ha publicado una guía para las familias de niños de 3 años que empiezan el colegio: siete consejos para «calmar a los padres» ante la vuelta al cole de sus hijos.
Lágrimas, berrinches, pucheros, abrazos que no terminan nunca... los primeros días de cole para los niños de 3 años que empiezan por primera vez el colegio casi nunca son fáciles.
Y no sólo para los pequeños, que se ven durante horas lejos de sus familias, en un centro desconocido y junto a otros niños que no conocen de nada –y que lloran tanto o más alto que ellos–. También, aunque de otro modo, resulta duro para los propios padres.
En un contexto donde el número de hijos únicos es cada vez mayor, y los adultos llegan también más tarde a la paternidad, el componente emocional del inicio de curso se dispara. Tanto, que un centro ha tenido que publicar una «Guía de calma» para el inicio de curso, pero no enfocado a los niños, sino a los propios padres.
Se trata del colegio concertado Divina Pastora de Córdoba, regido por las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. En su celo por cuidar tanto de sus alumnos, como también de las familias, el centro ha compartido una publicación en sus redes sociales con siete puntos, en los que recuerdan a los adultos un elemento decisivo: para que un niño pueda entrar tranquilo en el colegio, primero necesita sentir la confianza de sus propios padres.
Estos son los siete puntos que el equipo de orientadores y docentes del Divina Pastora de Córdoba recuerda a los «padres que empiezan el cole»:
1. No eres débil: te importa
El primer consejo va directo al corazón de muchos padres que se estrenan en el colegio: la angustia por dejar a sus hijos no significa que algo vaya mal. Es natural. «Esa mezcla de emociones es natural. Solo refleja lo mucho que te importa su bienestar», recuerda la guía.
Y conviene aclararlo porque muchos adultos se exigen vivir la adaptación escolar con una seguridad que no siempre sienten. Cuando la calma no consiste en no emocionarse: consiste en no trasladar al niño el miedo adulto.
2. Los niños dejan de llorar
Uno de los grandes temores de los padres es imaginar al niño llorando durante horas. El colegio Divina Pastora desmonta esa imagen: «El llanto no dura todo el día». Después llegan «los juguetes, las canciones y la curiosidad».
Porque lo más normal es que el niño llore en la separación y, minutos después, esté jugando.
3. Ellos leen lo que tú sientes
Los niños de 3 años no entienden todos los razonamientos adultos, pero leen muy bien los gestos. «Si te ven dudar, sienten peligro. Si te ven seguro/a, sienten calma», resume el colegio.
No se trata de fingir frialdad, sino de transmitir confianza al hijo. Al final, el niño necesita percibir que sus padres creen que ese lugar es bueno para él.
4. Despedida corta, pero no a escondidas
La puerta del aula no es el lugar para negociar veinte minutos. La guía propone una fórmula sencilla: «Beso, abrazo, '¡luego vuelvo!' y paso firme».
Pero añade una advertencia importante, que durante años no pocos pedagogos recomendaban mal: hay que despedirse siempre. Irse a escondidas puede parecer más fácil para evitar el llanto, pero, visto con ojos del niño, «rompe su confianza». Un pequeño de 3 años necesita saber que papá o mamá se van, pero también que vuelven.
5. No le cargues con tu tristeza
Otro error frecuente es prolongar la despedida o, de algún modo, responsabilizar al niño de la emoción adulta: «No llores, que me pones triste». La frase sale muchas veces sin mala intención, pero coloca sobre el pequeño una carga que no le corresponde.
6. La tensión sale por la tarde
La adaptación no termina al salir del colegio. Desde el centro cordobés recuerdan cómo puede aparecer «cansancio, irritabilidad o rabietas en casa». La guía lo explica con delicadeza: es su forma de liberar la tensión de ser «mayor».
La receta no es dramatizar ni castigar cada reacción, sino paciencia y un «extra de mimitos».
7. Confiar en quienes cuidan
El último consejo es quizá el más difícil para unos padres que entregan por primera vez a su hijo a otras manos: confiar en el equipo. «Las 'seños' no solo enseñan; abrazan, consuelan y cuidan el corazón de tu hijo», recuerda el colegio.
Y esa es la clave más importante de la adaptación. Que no empieza cuando el niño deja de llorar, sino cuando los padres aceptan que ver crecer a sus hijos también consiste en verles desenvolverse en el mundo.