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Cerca del 20% de las parejas en España sufre problemas de infertilidad

Cerca del 20% de las parejas en España sufre problemas de infertilidadGetty Images / iStockphoto

«Relájate y ya verás como te quedas embarazada»: qué hay de cierto en uno de los consejos más repetidos

El estrés puede influir en el funcionamiento reproductivo, pero la experta en fertilidad Patricia Bartolomé explica qué dice la ciencia y por qué ese consejo puede resultar también dañino.

«Tú relájate y ya verás cómo llega». Esa es, probablemente, una de las frases que más escucha una mujer cuando lleva meses intentando quedarse embarazada.

Se pronuncia casi siempre con buena intención, en ocasiones incluso seguido de testimonios personales –del estilo «eso mismo me pasó a mí en su día»–, y aunque puede contener una parte de verdad, también contiene una enorme y dolorosa simplificación.

Y la cuestión no es menor. En España, la infertilidad afecta aproximadamente a entre el 15 y el 20% de las parejas en edad reproductiva, según las estimaciones que manejan habitualmente las sociedades científicas especializadas como la Sociedad Española de Fertilidad.

Además, nuestro país se encuentra entre las naciones europeas con mayor utilización de técnicas de reproducción asistida, y cada año se realizan decenas de miles de ciclos de fecundación in vitro e inseminación artificial, con el enorme impacto hormonal y emocional que tiene para la mujer, y el gigantesco desafío ético que supone crear niños en un laboratorio para que, en muchos casos, queden después congelados ad aeternum.

El retraso progresivo de la maternidad es también uno de los factores que ayudan a explicar esta realidad, entre otras cosas porque el reloj biológico femenino no puede ajustarse a los condicionantes sociales que pretenden imponer un retraso constante en la edad de tener hijos. Sin embargo, el consejo suele mantenerse como un mantra: «Tú tranquila y ya verás como cuando no lo busques, llega».

Pero, ¿qué hay de verdad en esta afirmación?

El relax no es una fórmula mágica

Patricia Bartolomé, experta en fertilidad integrativa, responde que sí existe fundamento científico para estudiar la relación entre estrés prolongado, bienestar emocional y función reproductiva.

Pero inmediatamente introduce una diferencia esencial: «No para afirmar con rotundidad que 'relajarse' sea una fórmula mágica que provoque un embarazo, sino para entender que se da una respuesta física que lo favorece mucho».

Bartolomé explica que la infertilidad puede depender de numerosos factores: edad, reserva ovárica, ovulación, trompas, útero, genética, calidad seminal y otras circunstancias físicas, además de cuestiones relacionadas con alimentación, descanso o entorno.

Por eso, insiste, «el estrés no puede utilizarse como explicación única ni como sustituto de un diagnóstico».

Sexualidad y afectividad, cuerpo y mente

Aunque en las últimas décadas, toda una corriente cultural y social ha apostado por desgajar sexualidad y fecundidad, primero, y sexualidad y afectividad, después, lo cierto es que incluso desde el punto de vista biológico, cuerpo y mente no funcionan por separado.

Así, un estado de alerta mantenido puede afectar al sueño, al deseo sexual, a los hábitos, a la percepción del dolor o a la regulación neuroendocrina, y en situaciones intensas, explica Bartolomé, puede incluso alterar el ciclo menstrual o la ovulación.

A ello se suma la propia ansiedad asociada a la infertilidad. La búsqueda del embarazo puede convertir las relaciones sexuales en una obligación, hacer que la pareja viva pendiente del calendario e incluso favorecer el abandono de determinados tratamientos.

«Relajarse, por sí mismo, no hace que se produzca un embarazo –indica–. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que disminuir un estrés mantenido en el tiempo crea un entorno biológico más favorable para el correcto funcionamiento del sistema reproductor».

Cuando «relájate» se convierte en culpa

El problema llega, según esta experta, cuando un consejo bienintencionado y una visión proactiva de la fecundidad se convierten en una acusación y en una carga.

«Cuando alguien le dice a una mujer 'no te quedas porque estás nerviosa', lo que ella escucha es: 'Tu cuerpo no funciona correctamente porque tú no sabes gestionar tus emociones'», explica. Y entonces aparece una «nueva obligación»: además de soportar la incertidumbre, la mujer siente que debería conseguir estar tranquila.

La diferencia, señala, está en cómo se formula: «Hay una diferencia enorme entre decir 'el estrés crónico puede ser uno de los factores que influyen en el buen funcionamiento del organismo y la reproducción' o decir 'no te quedas embarazada porque te obsesionas'. La primera frase abre una vía de cuidado; la segunda acusa».

No se puede exigir un embarazo

Bartolomé conoce además esa experiencia desde dentro. Antes de ser madre atravesó cuatro pérdidas gestacionales. «Sé lo que significa analizar cada señal del cuerpo, esperar un resultado con miedo y sentir que la vida queda suspendida», reconoce para El Debate.

Por eso, concluye que la solución no pasa por negar el papel del estrés en las posibles dificultades para quedarse embarazada, sino en hablar de él sin llegar a convertirlo en otro peso para la pareja.

Porque «no se trata de exigirle a la mujer que esté bien para 'merecer' un embarazo, sino de ayudarla a sufrir menos y a recuperar recursos mientras continúa su evaluación o su tratamiento».

Y quizá por eso el tan manido «relájate» va necesitando una nueva traducción. Ni la calma ni la fecundidad, recuerda Bartolomé, «aparecen por una orden. Se construye con seguridad, comprensión, herramientas, tiempo y, cuando es necesario, ayuda profesional».

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