Yuichi Ishii: El negocio de un japonés que se alquila como «padre» de 35 hijos y marido de 600 mujeres
La antropóloga Lucía Vallejo desgrana la historia de Yuichi Ishii, un actor que finge, por contrato, ser padre de 23 familias, y la relación que guarda con quienes sostienen que «la familia nuclear es un error» y debe ser sustituida por redes de amigos.
Yuichi Ishii ofrece sus servicios en internet desde hace dos décadas
Yuichi Ishii tenía 24 años cuando una amiga, madre soltera, le pidió que se hiciera pasar por su marido en la entrevista de admisión de una guardería de Tokio, pues una niña con padre tenía más opciones. Salió mal, porque apenas conocía a la pequeña.
Pero Ishii vio un negocio. De aquella experiencia, según cuenta, nació la idea de Family Romance, una empresa japonesa dedicada a «alquilar familiares»: maridos, padres, nietos, invitados de boda... Hoy asegura que sigue «haciendo de padre» para 35 niños (que no conocen la verdad sobre la identidad de su supuesto progenitor), en 23 familias, y «marido» de más de 600 esposas de entre 20 y 50 años.
Antes de aceptar un encargo, Ishii hace a cada cliente la misma pregunta: «¿Está preparado para sostener esta mentira?». No es retórica. Si una madre nunca cuenta la verdad, el padre de alquiler puede tener que seguir siéndolo durante años.
A The Atlantic le contó que llevaba ocho años representando ese papel para una chica que había terminado el instituto sin saber nada. Él mismo reconocía el dilema.
A The Atlantic le contó que llevaba ocho años representando ese papel para una chica que había terminado el instituto sin saber nada.
Werner Herzog convirtió aquel mundo en materia de cine. Nos pareció una rareza japonesa. Quizá estábamos viendo algo más cercano de lo que creíamos.
¿Podemos sustituir la familia por amigos?
En 2020, David Brooks publicó, también en The Atlantic, un ensayo titulado «La familia nuclear fue un error». Su tesis: padre, madre e hijos bajo un mismo techo es un invento frágil de posguerra que hay que sustituir por «familias forjadas», redes de amigos y comunidades elegidas. Se celebró como lúcido y valiente. Yo lo leo como la versión con prestigio de Family Romance. Si la familia de verdad molesta, nos montamos una a medida.
Brooks acierta en el diagnóstico. El hogar aislado, sin abuelos cerca, sin tíos, sin parroquia ni pueblo, es una barca demasiado pequeña para tanto mar. Y tiene razón en que los compromisos pueden nacer también de la amistad. Pero su remedio corre el riesgo de ser el mismo veneno en otra dosis.
¿Podemos sustituir los vínculos que recibimos por otros que escogemos? Buena parte de lo que ha debilitado a la familia es la creciente dificultad para aceptar obligaciones que no dependen de nuestra voluntad. No está claro que podamos reparar ese daño haciendo descansar todavía más cosas sobre la elección individual.
La diferencia entre un club y un hogar
Lo valioso de la familia es precisamente que no se elige. Chesterton lo vio hace más de un siglo: a los amigos los escogemos a nuestra medida; al cuñado, no.
Se dirá que al cónyuge sí lo elegimos. Cierto, pero es la única elección que se hace para dejar de elegir. Quien se casa no firma un contrato temporal, sino un «para siempre», y con el cónyuge le llegan, sin escogerlos, el cuñado y los hijos.
Por eso la familia es la escuela donde aprendemos a querer a quien no hemos seleccionado. Una comunidad hecha solo de afinidades es un club. Y de los clubes uno se puede dar de baja.
Se dirá que no formamos familias porque no hay dinero. Es parte de la verdad, no toda. Finlandia, con uno de los estados del bienestar más generosos de Europa, tiene una proporción de mujeres sin hijos cercana a la española, según Funcas. Y, según el INE, entre las mujeres de 18 a 55 años, las que no desean tener hijos han pasado del 12,3% al 15,5% entre 2018 y 2025.
No todo se explica por la precariedad. Finlandia, con uno de los estados del bienestar más generosos de Europa, tiene una proporción de mujeres sin hijos cercana a la española.
No todo se explica por la precariedad. También hemos aprendido a desconfiar de lo irrevocable. Vivimos en la cultura de la suscripción mensual y del «mientras dure», y un hijo es lo único que no admite devolución.
El sociólogo norteamericano Robert Nisbet advirtió en 1953 que, cuando se debilitan los cuerpos intermedios, el individuo no queda necesariamente más libre, sino más solo, y acaba buscando otras formas de pertenencia.
Hoy los sucedáneos tienen nombre en inglés: «chosen family», «Friendsgiving», «pet parent». En España hay ya más de cinco millones y medio de hogares de una sola persona. La independencia es una conquista; la autosuficiencia, una ilusión.
La familia nuclear no fue un error. Fue el último lugar donde aceptábamos deberle algo a alguien que no habíamos escogido. Al final del camino de la familia elegida no está la tribu. Está un señor muy amable, en Tokio, que cobra por hacer de padre y que antes nos pregunta si estamos preparados para sostener la mentira.
*La Dra. Lucía Vallejo Rodríguez es profesora de Antropología Filosófica en la Universidad CEU San Pablo y colaboradora del Instituto CEU de Estudios de la Familia.