La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, en una imagen de archivo
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El caro barrio madrileño en el que vive Sara Aagesen, la vicepresidenta a la que todos miran tras el apagón
Madre de dos hijos, comparte su vida con un ingeniero químico, en una de las zonas más exclusivas de Madrid
El apagón masivo del 28 de abril sigue generando controversia, con explicaciones tardías y confusas por parte de los responsables. Pedro Sánchez tardó casi seis horas en comparecer y, en su intervención, admitió que no sabían lo ocurrido ni cuándo se restablecería el servicio. A las 23:00 horas, sentenció que nunca había habido una «caída a cero». La ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, apareció 48 horas después para defender la rápida reposición del servicio, pero admitió que no conocían el origen del apagón, una respuesta que deja más preguntas que certezas. Le costó tomar la palabra, y no es para menos, ya que ha tenido escasa proyección pública.
Sara Aagesen, de 49 años, no está acostumbrada a ser el centro de atención, y el apagón masivo ha puesto todos los ojos sobre ella. A pesar de las respuestas poco claras sobre el incidente, Aagesen, ingeniera química especializada en Medio Ambiente por la Universidad Complutense, se ha convertido en una figura clave en el gobierno de Sánchez. Mano derecha de Teresa Ribera, desde noviembre ocupa el cargo de vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica.
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, durante una rueda de prensa
Nacida en Madrid en 1976, tiene un perfil técnico más que político, y su apellido danés refleja el legado de su padre, aunque su madre es española. Fue elevada a este puesto por el marido de Begoña Gómez, a instancias de Ribera, pero sin la carga de la militancia del PSOE, ya que no pertenece al partido. Su carrera está marcada por una sólida formación técnica y su dedicación a las políticas medioambientales, sin haber seguido el camino tradicional de los cargos políticos dentro del partido.
Con una trayectoria bien definida en la acción por el clima y la transición energética, no es la típica con recorrido en los pasillos del Congreso. En 2013, recibió la Cruz de la Orden Civil del Mérito Medioambiental, otorgada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Hace 23 años se incorporó a la Oficina de Cambio Climático, donde ha cimentado su carrera en la lucha contra el cambio climático, tanto a nivel nacional como internacional.
Muy reservada
Se formó en el colegio privado Los Sauces, en La Moraleja, considerado uno de los 100 mejores de España según Forbes en 2023. Con una formación de élite, su perfil es el de una mujer discreta, sin redes sociales públicas y apenas dada a las entrevistas. Su única presencia en línea es en LinkedIn, donde se presenta como funcionaria del Gobierno desde 2002, con una agenda centrada en el trabajo.
Pero no hay que buscar demasiado para verla en acción. En los últimos días, estuvo en la Biblioteca de Medio Ambiente en el Día del Libro y participó con Pedro Sánchez en la reunión de líderes convocada por Lula da Silva y António Guterres sobre la crisis climática y la transición justa. Y aunque tiene cuenta en Bluesky, la alternativa a Twitter, su presencia ahí es igualmente profesional, hablando solo de trabajo.
La vicepresidenta tercera en los jardines de La Moncloa
Se sabe poco de su vida privada, pero según diversas fuentes, es madre de dos hijos, un niño y una niña, y mantiene una relación con Diego Fernández-Polanco, cofundador de la empresa teCH4+, que se dedica a ofrecer soluciones ecológicas para la gestión de residuos con su famosa hidrólisis térmica.
En una de sus pocas entrevistas, en Ambienta, ella misma confesó que «comprobar cada día que sus hijos son una fuente renovable de sonrisas y energía» le recarga las pilas. Sin embargo, la «demagogia, la crítica vacía e interesada, la polarización y la inercia» son las que le restan energía. Si no hubiera sido ingeniera química, la ministra asegura que habría estudiado Biología, un campo que le apasiona. Y como toque de color, su favorito siempre ha sido el verde. Y si algo la inspira, es Blas de Lezo (un oficial naval), quien «tras las adversidades físicas, perseveró cuando lo tenía todo en contra».
Uno de los barrios más exclusivos
Discreta pero con una vida de burguesa, Sara Aagesen y su marido viven en un chalet adosado de más de un millón de euros, en El Soto de La Moraleja, una de las urbanizaciones más exclusivas de Alcobendas, Madrid. Propietarios al 50% de una vivienda de 171 metros cuadrados, el inmueble se encuentra en una zona conocida por su oferta de colegios privados, campos de golf y una gran variedad de servicios. Con piscina, pista de tenis y amplias zonas verdes, su valor de mercado supera el millón de euros, según diversos portales inmobiliarios.
En cuanto a su salario, como vicepresidenta tercera y ministra de la Transición Ecológica, recibe 87.134,64 euros anuales, lo que equivale a unos 7.261,22 euros al mes, según fuentes oficiales.