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Iker Casillas, en Navalacruz, en Ávila

El pueblo en el que Iker Casillas se refugia del supuesto acoso de la prensa: «Cuanto menos te gusta salir, más te sacan»

En Navalacruz, el exfutbolista encuentra la paz y la discreción que tanto anhela tras protagonizar titulares a diario

En un tiempo en el que la fama no concede tregua y los focos de la prensa resultan ineludibles, Iker Casillas ha encontrado en Navalacruz, su pueblo natal en la provincia de Ávila, el refugio perfecto para reencontrarse con la calma. En este enclave castellano-leonés, de apenas 204 habitantes, el exportero del Real Madrid y de la Selección Española logra recuperar la serenidad que con frecuencia se le escapa en la vorágine mediática.

Él mismo lo expresa con crudeza en sus redes sociales, dejando claro su hartazgo por la sobreexposición: «Hace unas semanas que llevo siendo, a mi pesar, protagonista de programas que a mí ni me van. Es lo que hay en este país. Cuanto menos te gusta salir, más te sacan. En fin, a lo que voy. Hablé con gente de diferentes programas, para saber por qué ese interés en mi persona. La contestación fue: ‘Iker, hablar de ti sube la audiencia. Meter noticias tuyas en las diferentes redes hace que la gente pinche en el enlace’. Me quedo loco! Así tal cual, para vender mierda! Sin importar contrastar o informarse. ¡De locos!»

Unas palabras que reflejan su cansancio: Iker se siente acosado porque, aun cuando no busca protagonismo, su nombre sigue siendo utilizado para atraer audiencias, a menudo con noticias que él mismo considera superficiales o falsas. Lo dice, en concreto, por la sucesión de supuestos romances que lo han colocado en el ojo del huracán, desde Claudia Bavel hasta Sandra Madoc o la colombiana Juliana Pantoja.

Quizá por ello, este verano ha regresado con mayor frecuencia al lugar que lo vio nacer y donde también nacieron sus padres. Allí no es el héroe que levantó la Copa del Mundo en 2010, sino simplemente «el nieto de Eusebio», como lo llaman con cariño sus vecinos. Entre calles empedradas, casas de piedra y montañas que lo rodean en un silencio protector, se mezcla con la vida cotidiana sin artificios. No es raro verle salir a correr al amanecer, como mostró recientemente tras completar 20 kilómetros por los caminos de la comarca, ni tampoco participar en una verbena en la plaza del pueblo, como la fiesta de los años ochenta celebrada hace unos días.

Situado en la comarca del Valle del Alberche, el municipio se esconde entre laderas que se oscurecen al caer la tarde, con un paisaje de pinos y nogales que invita a la introspección. A tan solo 53 kilómetros de Ávila capital y a unos 130 kilómetros de Madrid, conserva la autenticidad de la arquitectura popular en casas, corrales y cercas de piedra. Su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo renacentista del siglo XVI, es el principal referente artístico. Y muy cerca, la Sierra de Gredos ofrece rutas de senderismo y espacios naturales que encajan con la pasión del exportero por el deporte al aire libre.

La presencia del ex de Sara Carbonero ha revitalizado la vida del municipio. Cada mayo, celebra la ya conocida «fiesta de Iker», un evento que comenzó como una reunión con sus amigos de la infancia por su cumpleaños y que, con los años, se ha transformado en una cita popular con orquesta, disfraces y actividades durante todo un fin de semana, esperada incluso como las fiestas patronales de septiembre.

Pero su vínculo con el pueblo no se limita a lo sentimental. En 2020, tras la pandemia, el guardameta puso en marcha junto a su primo Diego, el Bar-Restaurante Casillas, con la idea de darle vida al municipio y crear un punto de encuentro para vecinos y visitantes. Aunque el negocio pertenece a ambos, es Diego quien lo gestiona en el día a día: «Mi primo ha delegado todo en mí, pero le gusta venir a jugar la partida o a comer con los amigos», confesó en una entrevista.