La Familia Real sale a saludar al palacio de Buckingham, en el último desfile Trooping the Colour
Por qué nadie quiere vivir en el palacio de Buckingham: «Es como acampar en un museo»
La institutriz de la Reina Isabel II describió la experiencia de alojarse en el palacio de Buckingham como «acampar en un museo». Famoso por sus largos pasillos y corrientes de aire, Eduardo VIII se quejó de que la familia se «congelaba» en cuanto entraba. De arquitectura neoclásica y barroca, cuenta con un total de 775 habitaciones, 1.514 puertas y 760 ventanas. Un dispendio que no encuentra mayor justificación en el siglo XXI como hogar de un Rey. Y así lo consideran tanto Carlos III, como su heredero, el Príncipe de Gales, quienes creen que su mantenimiento no es sostenible.
El palacio de Buckingham se encuentra actualmente bajo una gran reforma que se prolongará hasta 2027 y costará más de 370 millones de libras, a cargo del bolsillo del contribuyente. La puesta a punto de la residencia incluye mejoras en la red de cañerías y un nuevo sistema de calefacción. Carlos III ha permanecido en su residencia de Clarence House, en Londres, a 400 metros del palacio, y no parece tener ninguna gana de mudarse. Y el Príncipe de Gales ha anunciado su traslado a Forest Lodge, una casa de ocho habitaciones en Windsor, su «hogar definitivo», donde permanecerá incluso cuando llegue a reinar.
El Palacio de Buckingham simplemente quedará como la sede oficial de la Monarquía, una oficina y no un hogar. Todos los asuntos institucionales y de Estado se celebrarán allí, como banquetes, recepciones y fiestas en el jardín. «No creo que haya sido apreciado nunca», afirma Robert Lacey, historiador y biógrafo real, en conversación con The Telegraph. «Si lees lo que los reyes han escrito en sus diarios, siempre se consideró una oficina. De hecho, creo que como oficina ha tenido mucho éxito. Como figura ceremonial de la Familia Real, como el lugar con el que los visitantes se identifican, ha sido un gran éxito», añade. A diferencia de Clarence House, que es «una casa encantadora en el centro de Londres con un gran jardín», el palacio es «como vivir en un hotel eduardiano en Brighton», dice el cronista Hugo Vickers.
Le Reina Isabel II, en el Palacio de Buckingham, en una imagen datada en 2019
Uno de los salones del palacio de Buckingham
«La gente olvida que al principio del reinado de la [difunta] Reina, nadie entraba en el Palacio de Buckingham. La Reina lo hizo muy bien al empezar por la Galería Real, que daba acceso a las colecciones reales. Y ahora, el hecho de que se puedan realizar visitas guiadas lo convierte en una símbolo impresionante, aunque quizás vacío, en una exploración significativa del funcionamiento de la monarquía constitucional».
El palacio fue habitable desde principios de la década de 1830 tras una extensa remodelación (anteriormente existía una casa más pequeña en el lugar), pero el entonces gobernante, Guillermo IV, nunca se mudó, prefiriendo Clarence House. La Reina Victoria se convirtió en la primera monarca en vivir allí en 1837. En aquel entonces, se decía que las chimeneas humeaban tanto que tenían que dejar que los fuegos se apagaran, lo que significaba que el palacio a menudo estaba frío.
Y ha sido más la tradición que la comodidad lo que llevó a los reyes del siglo pasado a instalarse en Londres. Jorge V y la Reina María vivieron en Buckingham, durante la Primera Guerra Mundial, y afortunadamente, no fue bombardeado. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras lo habitaban los Reyes Jorge VI e Isabel, fue bombardeado en más de siete ocasiones, ya que los nazis pensaban que demoler el palacio desmoralizaría a la nación.
Winston Churchill obligó a Isabel II a trasladarse a Buckingham desde Clarence House cuando ascendió al trono con 26 años por lo que simbolizaba el edificio. Y vivió allí durante casi todo su reinado, hasta la pandemia, cuando a los 93 años finalmente se mudó al Castillo de Windsor.
Carlos III entrega unos premios en el palacio de Buckingham
Durante mucho tiempo se ha especulado con la posibilidad de convertir el palacio de Buckingham en un museo o que opere como el castillo de Balmoral, reduciendo los meses que funciona como residencia privada y cediéndolo al público durante la mayor parte del año, con la ventaja de compensar los costes de gestión mediante la venta de entradas.
Vista nocturna del palacio de Buckingham
Durante casi dos siglos, se entendió que para sostener los cimientos de la monarquía, el Rey debía habitar en Buckingham y «ser visto para ser creído». Vivir en Londres y ocupar el edificio reconocido mundialmente como el corazón de la Corona. Ahora, pesan más la búsqueda de privacidad, el adaptarse a un estilo de vida más modesto y sostenible. No derrochar millones en calentar un palacio de 77.000 metros cuadrados.