Nadia Calviño y el alcalde de Ginebra
La historia del gallego que se convirtió en alcalde de Ginebra
De 64 años, es natural de la localidad coruñesa de Corme y del partido de Los Verdes
La desahogada vida de Nadia Calviño entre Luxemburgo y España
Hace unos días, Nadia Calviño, presidenta del Banco Europeo de Inversiones, sorprendía en Instagram con una foto sonriente junto al alcalde de Ginebra. «Un placer charlar con Alfonso Gómez Cruz, ¡y gallego!», escribió. La publicación recordaba hasta qué punto las redes sociales pueden tender puentes inesperados: dos gallegos, en distintos frentes –ella en las finanzas europeas, él en la política suiza–, compartiendo conversación y complicidad. El detalle no pasó desapercibido: el hombre que gobierna una de las ciudades más influyentes de Europa no solo se mueve con naturalidad en el tablero helvético, también conserva la cadencia atlántica de la Costa da Morte.
Economista de formación y militante de Los Verdes, a los 64 años, Gómez ocupa la alcaldía de Ginebra por segunda vez gracias al peculiar sistema de rotación que rige en la ciudad, donde un consejo de cinco miembros se reparte el cargo durante un año. Su investidura, el pasado 3 de junio, fue un homenaje a sus raíces. La ceremonia, más íntima de lo previsto por culpa de la lluvia, tuvo un momento inolvidable: la Irmandade Galega na Suíza irrumpió en la sala interpretando el antiguo himno gallego. Las notas emocionaron al nuevo regidor, que compartía el acto con su madre y su mujer y una comunidad emigrante que lo arropa en cada paso. Además, se da la circunstancia de que Ginebra es también la ciudad en la que reside la Infanta Cristina.
Su biografía marcada por la emigración. Nació en Corme, una parroquia marinera de Ponteceso, en La Coruña. Sus padres, como tantos otros gallegos en los años sesenta, se marcharon a Suiza en busca de oportunidades. Su madre trabajó en cocinas y tiendas; su padre, Perfecto Gómez Blanco, pasó por la hostelería, la construcción y finalmente llegó a ser encargado de mantenimiento en la Organización Internacional del Trabajo. Además, fue uno de los fundadores de A Nosa Galiza, el primer centro gallego de Europa, todavía activo hoy como institución cultural. En 2020 falleció víctima del coronavirus, una pérdida que marcó a Alfonso y a su hermana Alicia, con la que mantiene un vínculo muy estrecho.
El compromiso político de Gómez hunde sus raíces en el norte. El mar de Corme, cada vez más empobrecido por la sobreexplotación, y la catástrofe del Prestige moldearon su conciencia ambiental. Admirador del modelo urbano de Pontevedra —una ciudad sin coches, pensada a escala humana—, ha hecho de la lucha contra el cambio climático y la defensa de los derechos humanos sus grandes banderas. Como alcalde, impulsa proyectos de transporte sostenible, rehabilitación energética de edificios y promoción de una alimentación más respetuosa con el planeta. Él mismo da ejemplo: se declara vegetariano «no estricto», aunque matiza con humor que los percebes son «otra cosa, un patrimonio cultural que no piensa abandonar».
Su carrera política no es un caso aislado en la familia. Su tía Dolores Cruz, también nacida en Corme, fue presidenta del Parlamento del Cantón de Ginebra. En lo personal, Gómez mantiene un perfil bajo. Está casado, pero su mujer se mantiene completamente al margen de los focos, y su vida sentimental permanece blindada.