Jose Luis Ábalos y Carolina Perles en 2019
Carolina Perles y su calvario junto a Ábalos: lo que aún no se ha contado
El relato de la tercera exmujer de Ábalos dibuja un mosaico incómodo: un cáncer afrontado en soledad, un Koldo omnipresente que la hostigaba y un feminismo que miró hacia otro lado
De Adriana Lastra a Nadia Calviño, pasando por Carmen Calvo, las dirigentes socialistas escucharon o supieron, pero nada hicieron. En la política española las confesiones íntimas han empezado a adquirir la categoría de documentos de Estado. Lo que antes se resolvía en los pasillos del Congreso ahora se ventila en el prime time. Así quedó demostrado con el estreno de El Precio de…, el nuevo programa de Santi Acosta en Telecinco, que eligió como primera protagonista a Carolina Perles, tercera exmujer de José Luis Ábalos. El resultado no fue el típico melodrama sentimental: entre lágrimas y revelaciones personales, lo que emergió fue un retrato incómodo de la política reciente, expuesto con escenografía de sumario judicial y envoltorio televisivo de docudrama.
Carolina Perles y Ábalos
Perles se sentó frente a las cámaras para narrar casi dos décadas de convivencia con el exministro socialista. Lo más doloroso, relatado con serenidad contenida, fue su enfermedad. Recordó el día en que los médicos le confirmaron, en el año 2021, que tenía cáncer de pulmón y cómo, mientras le extirpaban parte de aquel órgano vital, su marido encontraba consuelo en brazos ajenos. Ábalos, siempre dado a exhibir un sentimentalismo oportuno, llegó a declarar en una entrevista que la última vez que había llorado fue al conocer el resultado de aquella biopsia. Una confesión que habría enternecido al público si no fuera porque, al mismo tiempo, mantenía relaciones con una joven de 23 años. La imagen, descrita por la valenciana, es devastadora: ella entre quirófanos y sesiones de quimioterapia, él cultivando un catálogo de amantes.
Captura de Carolina Perles en Telecinco
El partido
El otro gran protagonista de su relato fue el asesor más célebre de la era Ábalos, descrito por Carolina con crudeza implacable: un «portero de puticlub» reciclado en sombra ministerial. Según ella aquel hombre pasó de mostrarse afable a instalarse día y noche en su vida familiar, hasta convertir la relación conyugal en un triángulo insoportable. Tal fue la intromisión que decidió prohibirle la entrada a su propia casa después de que se arrogara la función de controlar todo lo que sucedía en el domicilio. La situación se tornó aún más inquietante cuando comenzaron los mensajes intimidatorios: «un accidente lo tiene cualquiera», «el que nos la hace, nos la paga», «complicamos la vida a la gente». Frases que la exmujer del ministro recuerda con miedo todavía hoy.
El relato no se detuvo en lo íntimo. También apuntó hacia las mujeres fuertes del PSOE, que han hecho del feminismo una bandera electoral. Durante una fiesta de Halloween en pleno confinamiento, Perles compartió sus sospechas con Adriana Lastra y Maritcha Ruiz Mateos: fiestas, prostitutas, desorden moral alentado por el propio asesor. Ambas, asegura, trasladaron la información a Carmen Calvo, que a su vez la comunicó a Sánchez. Sin embargo, la cadena de confidencias se estrelló contra la indiferencia. Asegura que, cuando intentó desahogarse con su vecina Nadia Calviño, la respuesta fue tan lapidaria como reveladora: «No me lo cuentes, no quiero saber nada».
Lo contó todo
Aquí late la gran contradicción. El PSOE, partido cada vez más votado por mujeres, ha convertido el abolicionismo en una de sus causas simbólicas. Pedro Sánchez inició su carrera en 2004 como concejal en un Ayuntamiento de Madrid que, bajo la impronta de Pedro Zerolo, se había comprometido a combatir la explotación sexual. Veinte años después, en 2024, el partido sufrió un revés estrepitoso al fracasar en el Congreso su proyecto de ley para abolir la prostitución.
El testimonio de la exmujer de Ábalos desnuda la doble moral: proclamas abolicionistas en el Congreso mientras en reservados y fiestas privadas, supuestamente, se practicaba lo contrario. Al frente, un asesor elevado a «hombre fuerte» de Transportes sin méritos técnicos, pero experto en lo turbio. Escudero ministerial y vigilante de pasillo, caricatura del poder socialista. Todo ello sobre un telón de fondo doloroso: una mujer enferma de cáncer, un marido entregado a amantes, un consejero que la hostigaba en su propia casa y un partido que callaba mientras agitaba banderas feministas.