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Leo Messi, en una imagen de archivo

Leo Messi, en una imagen de archivoEFE

Messi explica cómo llegó al 1.70 metros de estatura a pesar de sus problemas de crecimiento

El futbolista se sometió a un tratamiento hormonal de inyecciones diarias para estimular el desarrollo de huesos y músculos

El déficit de la hormona del crecimiento es un trastorno médico que impide que el cuerpo se desarrolle con normalidad durante la infancia. Se produce cuando la hipófisis, una pequeña glándula situada en la base del cerebro, no genera la cantidad necesaria de esta hormona esencial para el crecimiento. En los niños, puede traducirse en una estatura muy inferior a la media, un desarrollo físico más lento y la necesidad de un tratamiento prolongado, constante y costoso.

Ese fue el diagnóstico que recibió Lionel Messi cuando apenas tenía once años. A esa edad, el argentino medía 1,30 metros, una estatura propia de niños de ocho o nueve años. Por entonces jugaba en las categorías inferiores de Newell’s Old Boys, pero era visiblemente más bajo que el resto de chicos de su edad. Las pruebas médicas confirmaron que, sin tratamiento, su crecimiento sería muy limitado y que difícilmente superaría los 155 centímetros en la edad adulta.

Los médicos fueron claros: la única solución era iniciar un tratamiento hormonal basado en inyecciones diarias para estimular el desarrollo de huesos y músculos. Un proceso largo y exigente para un niño tan pequeño. El propio futbolista ha explicado cómo lo vivió: «Una vez por noche me iba pinchando la hormona del crecimiento. Iba cambiando de pierna: primero una, después otra. Al principio me la ponían mis padres, hasta que aprendí y lo fui haciendo solo», contó en una entrevista televisiva.

Además del impacto físico, el tratamiento tenía un coste económico difícil de asumir. «Era un tratamiento muy caro», ha reconocido recientemente en Luzu TV. Durante los primeros meses, la familia logró afrontarlo, pero pronto se volvió casi imposible mantenerlo en el tiempo.

Soccerplayer Lionel Messi and Antonella Roccuzzo during the Best FIFA football awards in Paris, France on February 27, 2023

El futbolista Lionel Messi y Antonella RoccuzzoGTRES

Aunque tanto el club como la empresa en la que trabajaba su padre se comprometieron inicialmente a colaborar, la ayuda no siempre llegaba con regularidad. En ese contexto, la figura de su madre, Celia María Cuccittini, fue clave. Messi recuerda cómo ella recorría cada día la ciudad de Rosario para conseguir el dinero necesario. «Vivíamos en zona sur y teníamos que ir hasta Malvinas, a la otra punta», ha contado. En ocasiones regresaba sin nada. «A veces iba y le decían que no estaba la persona que tenía que darle el dinero».

El futbolista ha querido matizar que el enfado que se generó entonces no fue con Newell’s como institución, sino con la persona encargada de gestionar esos pagos. «No era Newell’s, era quien estaba en ese momento», ha explicado.

El tratamiento, sin embargo, no podía interrumpirse. Fue entonces cuando apareció el FC Barcelona, casi de manera inesperada. El club catalán apostó por el joven talento y asumió íntegramente el coste del tratamiento hormonal, comprometiéndose a pagar las inyecciones diarias necesarias para asegurar su desarrollo físico. En la temporada 2000-2001, comenzó a entrenar con el Infantil del Barça mientras continuaba con el tratamiento. Aún estaba siete centímetros por debajo de la estatura media, pero su evolución ya era evidente.

Durante todo ese proceso fue fundamental la figura del médico Diego Schwarzstein, encargado de su seguimiento durante la infancia. El especialista siempre ha sido claro al definir su papel: «Yo lo ayudé a crecer, no a patear la pelota». Gracias al tratamiento y al control médico constante, Messi completó su desarrollo físico y alcanzó finalmente una estatura de 1,70 metros.

Más allá del aspecto médico, aquella etapa marcó profundamente su infancia y reforzó los lazos familiares. La Pulga, apodo que recibió por su baja estatura, siempre ha destacado la importancia de sus padres y, especialmente, la relación con su padre, Jorge, con quien mantiene un contacto constante.

Hoy, convertido en uno de los deportistas más reconocidos del planeta, el futbolista sigue apoyándose en su núcleo más cercano. Junto a Antonela Roccuzzo y sus tres hijos, Thiago, Mateo y Ciro, ha construido el refugio personal de quien, antes de ser leyenda, fue un niño al que simplemente le costaba crecer.

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