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Sarah Ferguson, a la desesperada: «Busco trabajo y dinero»

A sus 66 años hace borrón y cuenta nueva y trata de comenzar una nueva etapa vital tras los escándalos recientes

Ni en el mejor de los cuentos que ella escribe, se podía imaginar un final peor para una princesa que perdió su título y su honra. Su conducta es tan lamentable que las consecuencias no se han hecho esperar. Poco a poco la vida idílica de Sarah Ferguson, exduquesa de York, se desmorona. Sin honores, sin hogar, sin exmarido que le proteja, sin trabajo y sin dinero. Por citar solo algunas de las adversas circunstancias que atraviesa la exduquesa de York en estos momentos, que no levanta cabeza.

Ferguson con sus dos hijas

Ferguson con sus dos hijas

La madre de las princesas Beatriz y Eugenia, al parecer, busca una fórmula para empezar una nueva vida lejos de su ex, Andrés Mountbatten-Windsor. Tras su vínculo de sobra acreditado con Epstein, el magnate condenado por tráfico sexual de menores que murió en la cárcel en el año 2019, la vida de Sara Ferguson da un nuevo giro radical a peor, evidentemente.

La última desclasificación de archivos por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos muestra su relación directa con Jefrey Epstein a través de unas conversaciones muy comprometidas. Lo que la deja en muy mal lugar. De hecho, según el Daily Mail, Ferguson ha comenzado a buscar trabajo y dinero. Necesita remontar su situación y empezar desde cero. Nadie desde palacio le tiende la mano y ella lo sabe. A partir de ahora, vive sin red.

La revelación de su correspondencia por email con Epstein provocó que, uno a uno, como un castillo de naipes, fueran desapareciendo sus contratos literarios, sus patrocinios y las causas benéficas en las que participaba. Su fundación también cerró tras salir a la luz los nuevos correos que muestran los lazos con Epstein a comienzos de este mes. «Lo mejor es cerrar, de momento». Así lo confirmó un portavoz de la fundación, según informó la BBC.

A peor

Sarah Ferguson fue duquesa consorte de York durante su matrimonio con el príncipe Andrés y, después de su divorcio, conservó el título a modo de cortesía hasta octubre de 2025. Ahora no le queda nada, salvo los recuerdos, de su vida de privilegios. Y está preocupada, según dicen sus amigos.

El monarca británico está que trina con tanto escándalo sobre la mesa. Desde su hermano hasta su excuñada, las malas noticias no dejan de salpicarle. Y la institución no es infalible.

Tras lo visto y oído, Carlos III, indignado, ordenó el inmediato desalojo del Royal Lodge, la propiedad de la Corona que Sarah compartía con Andrés desde hacía dos décadas, a pesar de estar divorciados. Esto lo que supone es que la exduquesa ahora no tiene casa donde vivir el resto de su vida. Aunque sus dos hijas son su salvavidas, al menos emocionalmente. Y a Andrés le están habilitando otra propiedad de la familia, aunque menos lujosa. Sarah está sin rumbo fijo.

Recientemente estuvo acompañando unos días a su hija menor, Eugenia, en la feria de arte Art Basel en Doha, Qatar, a donde viajó por motivos de trabajo. Un tiempo que le sirvió para distanciarse y hacer una necesaria reflexión, entre las valiosas obras de arte. Sarah Ferguson tiene que reinventarse más que nunca para sobrevivir. Salió de otros escándalos, más o menos airosa; pero, esta vez, la situación es tan grave que pinta muy mal.

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