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Iñaki Urdangarin en  2022

Iñaki Urdangarin en 2022GTRES

La infancia de Urdangarin en Viladrau: ordeñaba vacas a cambio de un cántaro de leche

Soñaba con ser granjero, creció entre dinamita guardada en casa, minas de feldespato y un colmado de pueblo donde aprendió a tratar con vecinos

Mucho antes de la Casa Real, de los focos y de los tribunales, hubo una infancia feliz en un pueblo pequeño, de apenas mil habitantes, donde la vida no se medía por el reloj sino por las estaciones. Allí, en Viladrau, en pleno Montseny, municipio de la provincia de Girona, en Cataluña, situado en la comarca de Osona, en el límite con La Selva y el Vallès Oriental, Iñaki Urdangarin fue simplemente «Txiki». Fue el sexto de siete hermanos: un niño inquieto, con las rodillas llenas de costras y la convicción, según él mismo reconoce, de haber sido siempre «chico de pueblo».

El libro de memorias

En Todo lo vivido lo deja claro sin rodeos: «Viladrau siempre era el refugio. El hogar emocional». No es una frase decorativa, sino el lugar al que asegura regresar mentalmente cuando todo se tambalea.

Iñaki Urdangarin and mother Claire Liebaert in Zarauz, 13 March 2022

Iñaki Urdangarin y su madre Claire Liebaert en Zarauz, en 2022GTRES

Su historia arranca en una familia católica, de padre vasco y madre belga, donde, según recuerda, «respeto, trabajo y ayuda al prójimo no eran lemas abstractos». Sus padres se conocieron en Madrid siendo estudiantes: ella había llegado desde Bélgica para aprender español y él preparaba el acceso a ingeniería. Se enamoraron casi en secreto, se marcharon a Londres contra la voluntad familiar y se casaron en París. «Fue un golpe duro para la familia», admite. Tras unos años viviendo con lo justo en Inglaterra, regresaron a España gracias al apoyo del abuelo materno, empresario con negocios por Europa. Se instalaron en ese rincón del Montseny cuando su padre asumió la dirección de una explotación de minas de feldespato de flúor. Se movía por la zona en un Fiat Campagnola, –un jeep italiano potente para la época– y, para los trayectos cortos, utilizaban un DKW, casi de los pocos coches que se veían en invierno por aquellos caminos.

Pueblo de Viladrau

Pueblo de Viladrau

La familia vivió primero en un hostal hasta encontrar una casa en la entrada del pueblo. En el salón, su padre montó un despacho con planos y muestras de minerales; incluso guardaban dinamita de la mina. «Así eran las cosas entonces», recuerda. Su madre daba clases de inglés y francés y pronto se integraron en la vida local.

Aunque Iñaki nació en enero de 1968 en Zumárraga (Guipúzcoa), en pleno valle del Urola, marcado por la tradición industrial vasca, sus recuerdos más felices están ligados al paisaje catalán. Poco después, el trabajo de su padre en una multinacional americana llevó a la familia a instalarse en Barcelona. Cambiaron el entorno rural por la ciudad, pero conservaron la casa y regresaban todos los fines de semana y durante buena parte del verano. «Conservamos la casa y seguíamos yendo».

Iñaki Urdangarin presenta su libro , "Todo lo vivido"

Iñaki Urdangarin presenta su libro , «Todo lo vivido»GTRES

De pequeño, ayudaba en el colmado Can Portet (una pequeña tienda de ultramarinos del pueblo) buscando patatas en el almacén o llevando encargos a los vecinos. No era solo una tienda: fue su primera escuela de responsabilidad y trato con la gente. También colaboraba en la granja Mas el Pujol, propiedad de amigos de sus padres. Ordeñaba vacas, alimentaba animales y trabajaba en el huerto. «Tareas sencillas, pero que a mis ojos eran casi una misión». A veces regresaba a casa con un cántaro de leche fresca o una bolsa de patatas como paga. «Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre respondía lo mismo: granjero».

Ese niño de campo creció en paralelo al estudiante urbano. En Barcelona estudió en los Jesuitas. No destacó académicamente, pero sí en educación física. Su energía necesitaba canalizarse. La encontró en el balonmano tras ver entrenar a su hermano mayor. La armonía del equipo y la velocidad lo atraparon. El entrenador Ramón Grau lo invitó a entrenar y, antes de que la familia se trasladara a Vitoria, le dio una consigna que marcaría su carácter: «No dejes de entrenar».

Hoy su vida es muy distinta. Hubo años de exposición pública, juicio, condena y cárcel; también separación y reconstrucción personal. Sin embargo, cuando habla de sus raíces, vuelve a ese enclave del Montseny. Ese municipio pequeño, ahora destino de senderistas y turismo rural, con muchas casas rehabilitadas pero con el mismo paisaje, sigue ocupando un lugar central en su memoria. Allí permanece la imagen de un niño que soñaba con ser granjero mucho antes de convertirse en duque y de casarse con la hija de un Rey.

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