Fundado en 1910
De izquierda a derecha, Inés Bocos, Lucía Fernández, Elvira Bocos; Esperanza Rivera, Ángela Pascual, Mari Cruz Fernández, Lucía Pascual y Olga Fernández.

De izquierda a derecha, Inés Bocos, Lucía Fernández, Elvira Bocos; Esperanza Rivera, Ángela Pascual, Mari Cruz Fernández, Lucía Pascual y Olga Fernández.

El conflicto familiar que enfrenta a las herederas de bodegas Pesquera

La decisión del patriarca de desheredar a tres de sus hijas en favor de la menor, Eva, ha abierto un nuevo capítulo en una batalla

La familia Fernández Rivera, fundadora de Bodegas Pesquera, arrastra desde hace años un enfrentamiento interno que mezcla herencias, control empresarial y reproches personales. Aunque la empresa continúa funcionando con normalidad y vende vino en decenas de países, el núcleo familiar está dividido en dos bloques enfrentados también en los tribunales.

El último episodio ha sido una sentencia que respalda la decisión de Alejandro Fernández, patriarca de la saga, de desheredar a tres de sus hijas poco antes de morir y dejar su parte a la menor, Eva, la única que se mantuvo de su lado. El empresario modificó su testamento cinco días antes de fallecer y la nombró heredera universal. Para reforzar la validez del documento, fue sometido a evaluaciones médicas que acreditaban que tenía plenas facultades mentales al firmarlo ante notario.

Ese cambio dejó fuera de la herencia directa a las tres hermanas mayores, que tampoco acceden a la parte mínima que suele corresponder legalmente a los hijos. Esa porción ha pasado en realidad a sus hijas, es decir, a las nietas del empresario. En términos aproximados, Eva habría recibido cerca del 75% del patrimonio paterno, mientras que el resto se reparte entre esas descendientes.

El motivo alegado por el padre para desheredarlas fue el trato recibido por parte de sus hijas mayores, a las que acusaba de haberlo apartado de la empresa que él mismo fundó. Ellas rechazan esa versión y sostienen que el problema es personal y no económico.

Herencia y poder empresarial

Para entender el enfrentamiento conviene diferenciar entre herencia y poder empresarial. Aunque Eva haya heredado la parte de su padre, el control real del grupo no depende solo de ese porcentaje. Alejandro Fernández poseía alrededor del 49% de las acciones y su exmujer, Esperanza Rivera, otro 49%, mientras que el resto se repartía entre las hijas. Tras el divorcio en 2020, la suma de la madre y las tres hermanas mayores les daba mayoría para tomar decisiones.

De hecho, el pleito clave, el del control de las marcas y la empresa, ya se resolvió a favor de ellas (Olga, Lucía y Mari Cruz) junto a su madre, que son quienes dirigen actualmente el negocio. Eva y su padre, apartados del grupo, iniciaron un proyecto vinícola propio cuyo futuro quedó en duda tras la muerte del empresario.

El origen de la ruptura se remonta años atrás, cuando el reparto inicial de participaciones dejó a los padres con porcentajes casi idénticos y a las hijas con cantidades simbólicas. Con el tiempo, las alianzas internas cambiaron y la separación matrimonial terminó de consolidar dos bandos enfrentados.

Además del testamento y del control empresarial, siguen abiertos procedimientos judiciales por propiedades concretas, como viviendas, vehículos o viñedos registrados a nombre de sociedades familiares, lo que mantiene viva la disputa. En el entorno cercano lo resumen con una frase clara: aunque haya resoluciones favorables para una u otra parte, aquí nadie gana realmente, porque la mayor pérdida ha sido la relación entre padres, hijas y hermanas.

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