Eugenia Silva ha compartido en redes sociales pequeños momentos de su escapada
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El monasterio del siglo XII en el que se refugia Eugenia Silva tras su ruptura con Alfonso de Borbón
Con más de ocho siglos de tradición vitivinícola, ha construido su identidad en torno al vino y al respeto por la tierra
Ahora que atraviesa un momento de cambio sentimental, Eugenia Silva parece tener algo claro: no piensa quedarse quieta y ha decidido regalarse unos días de desconexión. Tras más de una década de relación con Alfonso de Borbón y dos hijos en común (Alfonso, de once años, y Jerónimo, de nueve) la pareja ha decidido tomarse un tiempo y empezar caminos separados de forma temporal. Mientras el empresario se ha instalado recientemente en otra vivienda, la modelo ha optado por hacer algo muy distinto: parar unos días, cambiar de escenario y rodearse de naturaleza, silencio… y buen vino.
Y para hacerlo ha elegido un lugar que lo tiene todo. Eugenia ha viajado hasta Valladolid para alojarse en Abadía Retuerta LeDomaine, un antiguo monasterio románico del siglo XII situado en plena Ribera del Duero que hoy funciona como hotel de cinco estrellas y bodega de referencia. Un lugar donde la historia, el paisaje y la gastronomía se mezclan para crear una experiencia pensada para disfrutar sin prisa.
Además, no es un sitio cualquiera dentro del circuito de escapadas exclusivas. De hecho, el pasado mes de octubre fue el escenario elegido por Stella del Carmen Banderas para celebrar su boda con Alex Gruszynski, una celebración que convirtió este enclave en uno de los destinos más comentados del año.
Para Eugenia, esta escapada llega en un momento especialmente significativo. Recién cumplidos los cincuenta, la modelo y empresaria atraviesa también una etapa de recuperación personal después de haberse sometido hace unos meses a una operación de cadera para colocarle una prótesis de titanio debido a una artrosis severa. Por eso, estos días de descanso tienen también algo de pausa necesaria.
Durante su estancia se alojó en una habitación doble superior de unos 35 metros cuadrados, con cama queen size, acabados en roble y nogal y grandes ventanales que miran directamente a los viñedos del valle del Duero. La experiencia completa, que incluye desayuno a la carta, acceso al spa y servicio de mayordomía, ronda los 669 euros por noche.
Pero más allá de la habitación, lo interesante de esta escapada han sido los planes que ha podido disfrutar allí. Para empezar, se ha sumergido en algunas de las experiencias enológicas que han hecho famosa a la finca: recorridos por los viñedos, visitas a las salas de elaboración y catas comentadas para descubrir los vinos de la casa.
Entre los vinos que se descubren durante estas catas destaca Pago Garduña, elaborado únicamente con uva Syrah, una variedad que se ha adaptado de forma excepcional al terruño de Abadía Retuerta y que da lugar a un vino elegante y muy particular.
Después, claro, también ha habido tiempo para algo imprescindible en un lugar así: relajarse. Uno de los momentos más especiales de la estancia llega en el Santuario Wellness & Spa, un espacio de más de mil metros cuadrados situado en las antiguas caballerizas del monasterio. Allí, entre circuitos de agua, vapor y tratamientos de bienestar, el ritmo cambia por completo.
El agua del spa procede de un pozo situado a 120 metros de profundidad y pasa por un sistema de filtrado que consigue una calidad similar al agua mineral natural. Un detalle que resume bien el nivel de cuidado de este hotel.
Y cuando el día termina, el plan es aún más sencillo: volver a la habitación, abrir las ventanas y contemplar el paisaje de viñedos mientras el sol se pone sobre el valle. Eugenia incluso ha disfrutado de un baño de hidromasaje con vistas al campo, uno de esos pequeños lujos que hacen que todo parezca ir más despacio.
Porque si algo tiene este lugar es precisamente eso: calma. El antiguo monasterio, rodeado de más de 700 hectáreas de viñedos, cuenta con solo 27 habitaciones y tres suites cuidadosamente restauradas. Aquí no hay prisas: solo paseos entre viñas, buena gastronomía y largas conversaciones. Justo lo que a veces hace falta para parar, respirar y mirar al futuro con perspectiva.