Eugenia Silva posa en uno de las terrazas de su cortijo extremeño
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El espectacular cortijo del siglo XVII que Eugenia Silva tiene en la dehesa extremeña
La modelo tiene un vínculo profundo familiar con esta propiedad del siglo XVII
«Es el sitio donde soy feliz». Con esta oración aparentemente sencilla, Eugenia Silva pudo abarcar todo lo que le hace sentir Extremadura. Criada a caballo entre Madrid y Toledo, era en tierras extremeñas donde pasaba largas temporadas estivales junto a su familia. Tanto la parte materna como la paterna procede de allí y elegían este destino siempre que querían coger perspectiva del ámbito jurídico en el que vivían y trabajaban. A día de hoy el cortijo del siglo XVII al que se refugiaba de niña y adolescente sigue siendo su lugar seguro.
La propiedad, Dehesa de Arriba, pertenecía por herencia a su abuela Pepa y a la hermana de esta. Cuando fallecieron y recayó en su padre y sus tíos, la modelo, que ya triunfaba en Nueva York, no dudó en comprársela y continuar con el legado familiar de criar y gestionar una dehesa de cerdos ibéricos con denominación de origen.
«Cuando yo compré la finca a mis padres y a mis tíos, no me podía dedicar a ello, ni sabía, ni tenía manera de hacerlo porque vivía en Nueva York. Así que recurrí a unos señores que habían colaborado con mi abuela durante muchos años para que me ayudaran», explicó en una entrevista en El País. «Siempre me ha encantado el campo, estoy muy pendiente de hacerle mejoras a la finca y todo lo que se vaya necesitando», añadió.
En esta finca de 300 hectáreas de la campiña sur de Badajoz es donde están sus recuerdos más profundos de la historia de su familia. Tanto los buenos, como los malos. Silva recuerda que, por ejemplo, es el lugar en el que murió su padre y es donde decidieron enterrarle. «El vínculo es muy profundo», apuntó en redes sociales, donde suele compartir sus escapadas a la dehesa extremeña.
Gracias a las instantáneas que sube a Instagram sabemos que, a pesar de las distintas reformas que ha llevado a cabo a lo largo de los años, la propiedad conserva el carácter sencillo y clásico propio de una casa de campo. El exterior se mantiene encalado en blanco con cubiertas de teja árabe y carpinterías de madera. El interior combina muebles rústicos propios de la zona con el toque bohemio y chic que le ha añadido con ayuda de su interiorista de confianza, Luis Galliussi.
Cuando llega, normalmente acompañada de sus dos hijos, Alfonso y Jerónimo, Eugenia Silva se olvida del ritmo frenético de las pasarelas y se centra en la vida lenta, la naturaleza, sus animales y la gastronomía local. «Es verdad que no puedo comer gluten, porque soy altamente intolerante, pero eso no quita que, por ejemplo, cuando vengo a Extremadura no pueda evitar comerme unos churros... me encantan», confesó en la revista Hola.
Además, en la citada publicación también explicó que le apasionan los embutidos y «todo lo que tiene que ver con la matanza» como el «hígado 'rayado'» o el «salchichón que hace mi guardesa, Manoli».
El cortijo está ubicado en el municipio de Puebla del maestre. Este pequeño pueblo de apenas 600 habitantes posee, además, algunos lugares dignos de patrimonio cultural e histórico del país, como el castillo, una fortificación medieval del siglo XV, y la Iglesia del Salvador del mundo.
No es esta la única casa que la modelo posee en nuestro país. Además de la vivienda del paseo de Pintor Rosales que hasta ahora compartía con Alfonso de Borbón, Silva tiene una finca en Formentera que visita sobre en la temporada estival. Se encuentra en el área de La Mola, «una zona tranquila de peyeses, vejas, cabras y tierras de labranza (...) con el mar al fondo. Sin duda, dos refugios lejos de la gran ciudad que le ayudarán a superar su separación del padre de sus hijos.