La Reina Isabel II en una foto de archivo
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La Reina Isabel II que nunca vimos: humor, música y su vida lejos del protocolo
Con motivo del centenario de su nacimiento, la estilista y consejera de Isabel II rompe el silencio de cómo era trabajar para ella
En honor de la conmemoración del centenario de Isabel II, la figura de la monarca británica vuelve a cobrar relevancia, pero esta vez lejos de los protocolos rígidos y la pompa institucional. Gracias a las revelaciones de Angela Kelly, quien fue su mano derecha, estilista y confidente durante casi 3 décadas, hemos podido conocer detalles fascinantes sobre la mujer que habitaba detrás de la corona: una persona con un sentido del humor afilado y una vitalidad sorprendente en la intimidad
Entre todos los aspectos entrañables que Kelly ha compartido destaca la imagen de Isabel II como una ‘abuela genial’. A diferencia de la percepción pública de seriedad y distancia, en las estancias privadas de Windsor o Balmoral, la reina disfrutaba de los placeres sencillos. Kelly relata con cariño cómo la soberana no solo era una jefa exigente pero justa, sino que también era una mujer que sabía desconectar de sus responsabilidades. Entre las anécdotas más comentadas destaca su pasión por la música de ABBA; al parecer, la Reina no podía evitar dejarse llevar por el ritmo de Dancing Queen, un tema que, según ella misma bromeaba, parecía haber sido escrito para ella, permitiéndole mostrar su faceta de 'reina del baile' en la privacidad de su dormitorio.
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La relación entre Angela Kelly e Isabel II trascendió lo profesional para convertirse en una amistad profunda basada en la lealtad y la discreción. Kelly fue la encargada de modernizar el armario real, pero también de cuidar el bienestar de la monarca hasta sus últimos días. Estas nuevas revelaciones pintan el retrato de una mujer que, aunque sostuvo el peso de una institución milenaria durante 70 años, nunca perdió su esencia humana ni su capacidad para reírse de sí misma. «La reina era mi mejor amiga y la echo de menos todos los días» declaró Angela Kelly.
En definitiva, al cumplirse cien años de su nacimiento, el legado de Isabel II se enriquece con estas historias que la bajan del trono para mostrarla como una figura cálida, familiar y sorprendentemente alegre. Es el recuerdo de una monarca que, incluso en los momentos más solemnes, guardaba para su círculo íntimo una sonrisa y un baile improvisado al son de sus canciones favoritas.