El periodista Pedro Ontoso, en San Sebastián
Pedro Ontoso, autor de 'Cayetana, la Duquesa Vasca'
El plan de ETA para secuestrar a la duquesa de Alba: «Las balas pasaban cada vez más cerca y ella seguía en San Sebastián»
El periodista vasco traza un apasionante recorrido por la vida de Cayetana de Alba en el País Vasco durante los años de plomo
Ondarreta, al abrigo del monte Igeldo y frente a la isla de Santa Clara, siempre fue la playa predilecta de Cayetana de Alba en San Sebastián. Le parecía más acogedora y limpia que La Zurriola y más tranquila que La Concha, siempre atestada de turistas y mirones. Le gustaba hundir sus pies en la arena fina y dorada y cobijarse bajo las sombrillas azules y blancas. Lo que nunca imaginó es que una tarde de verano de 1987 acabaría prácticamente compartiendo toalla con dos etarras. Sí, Rafael Etxebeste Garmendia y María Teresa Pérez Cever tenían la misión de seguir a la duquesa mientras estuviera fuera del Palacio de Arbaizenea para elaborar un plan de secuestro y si las cosas se ponían feas, terminar con su vida. Grande de España y con 46 títulos nobiliarios, nunca sintió el peligro de veranear en el País Vasco durante los años de plomo. Disfrutaba con los chipirones en su tinta de Casa Nicolasa, con los bares de la Parte Vieja o las tardes de toros en El Chofre. El periodista y escritor Pedro Ontoso glosa el amor que sintió Cayetana por esta tierra y la amenaza terrorista en Cayetana, La duquesa Vasca.
–Enhorabuena por el libro. Se nota su gran conocimiento de cómo operaba la banda terrorista ETA.
–El tema de ETA para mí ha sido muy importante, porque como periodista en el País Vasco estuve trabajando 12 años con escolta. Estábamos en su punto de mira y nos querían matar. Nos preocupamos mucho de saber cómo eran nuestros enemigos. Y luego ya me especialicé en el tema del terrorismo, la violencia política y sigo con estas investigaciones.
– Para ETA el secuestro de la duquesa de Alba supondría una repercusión mayúscula.
–Cayetana de Alba era un trofeo de caza mayor en un momento de horas bajas, porque ETA había tenido varios zarpazos policiales. La Policía española y la Guardia Civil, con la ayuda de la CIA, habían conseguido introducirse en una fábrica de armas, en la operación Sokoa y les habían desmantelado esa infraestructura. Uno de sus líderes más carismáticos, Txomin Iturbe que estaba en Argel, con el que estaba negociando el Gobierno, muere presuntamente en un accidente y se quedan un poco huérfanos de un líder carismático. El escurridizo Comando Madrid, que era el más sangriento, también cae en una operación policial. Y en ese momento se plantean dar un golpe de efecto para levantar la moral y se fijan en Cayetana, que la tenían delante de sus narices desde hacía ya 38 años.
Cayetana de Alba y Alfonso Díez en la playa de La Concha
–Llama la atención que Cayetana, sin embargo, nunca sintió ese peligro.
–Esa es una de las cuestiones que más me impactaron. Qué hacía un Grande de España con tantos títulos nobiliarios, la aristócrata por antonomasia de España, veraneando en San Sebastián en el epicentro del escenario terrorista. Porque fue fiel durante casi 66 años. Y allí estaba en aquellos años de plomo, desde el 78 hasta el 87, cuando ETA atentaba de forma muy intensa y se produjeron cerca de 300 asesinatos que aún están sin esclarecer y habían tenido lugar en Guipúzcoa y parte de Navarra. Además había habido ya 20 secuestros muy importantes. Ella se sentía segura e incluso rechazaba a los escoltas que tenía adjudicados porque era una mujer libre. Pensaba que sería un acto muy impopular secuestrar a una persona tan querida como ella.
–Afortunadamente, el plan falló porque los terroristas que la seguían murieron por la explosión de una bomba que manipulaban. Pero ETA se fijaba en la aristocracia.
–Sí, dentro de la agenda de objetivos de ETA un lugar preferente lo ocupaba la aristocracia. Por ejemplo cuando intentaron secuestrar a Luis Gómez Acebo en Zarautz, el cuñado del Rey Juan Carlos, y justo casi al mismo tiempo, en Montecarlo, llevaron una operación tremenda para intentar secuestrar a Don Juan. En el 83 secuestraron a Diego Prado y Colón de Carvajal, hermano del amigo y administrador privado del Rey Juan Carlos.. Y luego, en el 86, un año antes del intento de secuestro de Cayetana, asesinaron en Madrid al vicealmirante Cristóbal Colón, que era descendiente directo del descubridor. Lo que quiero decir con esto es que las balas pasaban cada vez más cerca, y sin embargo, ella seguía en San Sebastián.
Cayetana de Alba paseando por el Casco Viejo de San Sebastián
–¿Qué encontraba en San Sebastián que no tenía en Marbella, Ibiza o Mallorca?
–San Sebastián era el nexo de unión con su primer marido Luis Martínez de Irujo, que era de familia vasco-navarra. Parte de la familia Martínez de Irujo está enterrada en una cripta de la catedral del Buen Pastor. Dos años después de casarse con él ya empieza a veranear allí. Ella ya conocía el País Vasco, había veraneado en Zarautz, pero con Arbaizenea se produce un flechazo. Es una mansión de estilo inglés con muchos jardines, lleno de hortensias, donde pasa unos ratos muy felices con su primer marido y con sus hijos. Mantiene ese idilio con San Sebastián hasta que murió en noviembre de 2014. Ese último año vuelve para despedirse. Estaba muy enferma en la cama, pero la llevaron en coche a Biarritz y San Juan de Luz para verlo por última vez. Esa relación sentimental y ese flechazo con Airbazanea y la ciudad fue imperecedero.
–En el País Vasco descansaba un poco del acoso de los paparazzi.
–En la Costa del Sol o Ibiza siempre había un fotógrafo, pendiente de si se ponía bikini o bañador, con quién hablaba o con quién reía. Era un acoso permanente. Sin embargo, aquí en el País Vasco no había una obsesión periodística. Los medios se hacían eco de su llegada con alguna foto por la parte vieja o sentada en Casa Nicolasa comiendo sus famosos chipirones o el marmitako que le hacía Juan Mari Arzak. Se cubría de forma muy puntual, pero no había un seguimiento machacón.
El Palacio de Arbaizenea, en el centro de San Sebastián, propiedad de Cayetano Martínez de Irujo
–¿Por qué la duquesa de Alba toma la decisión de dejar el palacio de Arbaizenea a su hijo Cayetano?
–Ella tuvo un vínculo muy estrecho con Cayetano, más que con el resto de sus hijos. Y todo después de una relación turbulenta marcada por una educación muy férrea que es la que ella había tenido de pequeña. Cayetano se enteró de una forma muy dura de la muerte de su padre. Él estaba rezando en una capilla en Arbaizenea para que se recuperase de la leucemia cuando ya había fallecido hace días en Houston. Un día me contaba Cayetano, que en Arbaizenea, con su madre, lloraron, se insultaron, se abrazaron e hicieron una catarsis tremenda y a partir de ahí la relación fue muy estrecha. Su madre le dejó el palacio porque consideraba que era el único que lo podría conservar sin venderlo, a diferencia de sus hermanos.
–Y Cayetano sigue muy vinculado al País Vasco.
–Una vez al mes aparece por Donosti y tiene muchos amigos. El día que presenté el libro, vino desde Sevilla, cogió una avioneta en Carmona y se presentó aquí. Luego estábamos tomando un txakoli en la Parte Vieja y la gente le saludaba. Y me dice: «aquí me saludan hasta los de Bildu».