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Santiago Segura, con su mujer y sus hijas

Santiago Segura, con su mujer y sus hijasRedes Sociales

Así es el Santiago Segura que casi nadie conoce: sufrió bullying y estuvo a punto de ser profesor

Creador de Torrente, padre de Calma y Sirena, y poseedor de un castillo junto a José Mota

Hoy resulta difícil imaginar a Santiago Segura lejos de una cámara. Director, actor, productor y uno de los cineastas más taquilleros de la historia del cine español, ha construido una carrera que parece escrita para el éxito, convirtiéndose además en un rostro imprescindible de la televisión, donde regresa como invitado estrella a El Hormiguero. Pero no lo hace solo: acude junto a un póquer de ases del humor compuesto por Josema Yuste, voz imprescindible de la comedia gracias a Martes y 13; José Mota, heredero natural de ese humor de raza; y el incombustible Leo Harlem. Sin embargo, detrás del perfil público de este rey de la taquilla cinematográfica se esconde una historia muy distinta: la de un niño tímido que sufrió acoso escolar, un joven obsesionado con los cómics y el cine de barrio, y un universitario que estuvo a punto de dedicarse a la enseñanza antes de apostar todo por un sueño que pocos creían posible.

El propio Segura ha sido quien mejor ha retratado a aquel adolescente que todavía lleva dentro. Hace unos años compartió en redes sociales una fotografía de cuando tenía 14 años acompañada de un texto estremecedor: «Gordo, con gafas, toreando el bullying como mejor podía, intentando reclutar amiguetes para hacer cortometrajes con mi Tomavistas Súper-8, estudiando siempre a última hora, leyendo tebeos todo el rato, dibujando en cualquier espacio en blanco, incapacitado para cualquier tipo de actividad gimnástica y adicto a las sesiones dobles de cine de barrio y a los milhojas de nata y crema». Aquella imagen permaneció durante décadas guardada en un cajón. «Siempre estaba a punto de tirarla porque veía todo el sufrimiento que pasé a esa edad, con esa cara de pringado y gordito», confesó.

Nació y creció en Carabanchel Bajo, un barrio madrileño que más tarde inspiraría algunos de sus personajes, pero aquellos años estuvieron lejos de ser felices. Él mismo ha definido su instituto como «un sitio horroroso lleno de gente dispuesta a amargarte la vida». Los insultos eran constantes: «bola», «gafotas», «gordinflas» o «piraña» eran algunos de los motes con los que convivía a diario. En más de una ocasión ha contado que el acoso iba mucho más allá de las palabras: «Recuerdo muchos días salir corriendo hacia el autobús antes de que me zurraran».

Santiago Segura presentó este lunes Torrente, presidente en El Hormiguero

Santiago Segura en El HormigueroAntena 3

Hubo dos refugios que terminaron cambiándole la vida: el cine y los cómics. Mientras muchos de sus compañeros pasaban las tardes jugando al fútbol, él prefería encerrarse a dibujar, ver películas o rodar pequeños cortometrajes con una cámara Tomavistas Súper-8. Para alimentar aquella afición recorría con frecuencia El Rastro madrileño, donde buscaba cintas, material de segunda mano y todo tipo de objetos relacionados con el séptimo arte. Su pasión por las viñetas tampoco era un pasatiempo cualquiera; durante décadas ha reunido miles de ejemplares hasta convertirse en uno de los coleccionistas privados de cómics más importantes de España, en cuya biblioteca conviven primeras ediciones, obras descatalogadas y dibujos originales de grandes autores nacionales e internacionales.

Aunque hoy pocos lo recuerdan, el cine nunca fue su primera salida profesional. Estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y llegó a tener prácticamente asegurado un puesto como profesor de dibujo. Sin embargo, cuando estaba a punto de firmar el contrato, decidió renunciar a la estabilidad para perseguir una carrera artística llena de incertidumbre. Antes de conseguirlo, aceptó todo tipo de trabajos: fue camarero, vendió libros puerta a puerta y desempeñó uno de los empleos más curiosos de su currículum: «cliente secreto» para SEAT. Su labor consistía en acudir de incógnito a concesionarios y talleres haciéndose pasar por un comprador cualquiera para evaluar la atención, el trato comercial o los precios, elaborando después informes detallados para la compañía. También pasó por varios concursos de televisión de la época, como No te rías que es peor, Locos por la tele o el dating show Vivan los novios (donde ganó 70.000 peseta), un dinero que destinó íntegramente a financiar sus primeros cortos.

El gran giro de su carrera llegó en 1995 de la mano de Álex de la Iglesia con El día de la bestia, un papel que le valió el Goya al Mejor Actor Revelación y le dio el impulso para dirigir su gran apuesta personal: Torrente, el brazo tonto de la ley, personaje para el que engordó 30 kilos y que revolucionó para siempre la taquilla española, una mítica saga que regresa a la actualidad con el desembarco de Torrente, presidente en Netflix este 26 de junio. Fue precisamente en el rodaje de aquella primera entrega donde conoció a la maquilladora María Amaro, su pareja desde hace años y madre de sus dos hijas, Calma y Sirena, con quien comparte una discreta vida familiar mientras él sigue encadenando proyectos de lo más variopintos, como la compra del histórico Castillo de Pedraza junto a José Mota y Luis Álvarez.

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