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Infantino con su mujer y sus hijas en la boda del hijo menor del magnate indio Mukesh Ambani, Anant, y su prometida Radhika Merchant

Infantino con su mujer y sus hijas en la boda del hijo menor del magnate indio Mukesh Ambani, Anant, y su prometida Radhika MerchantAFP

Infantino, de cerca: hijo de inmigrantes, fan de Maradona, amante del jamón y con un sueño frustrado

Gianni Infantino (Brig, Suiza, 1970) es el hombre más poderoso –y polémico– del fútbol mundial. Pero antes de convertirse en Infantino era simplemente Gianni.

Nació en una pequeña localidad suiza del cantón del Valais y creció en una familia de origen italiano. Su padre procedía de Calabria y su madre tenía raíces en Lombardía. Aquella infancia de hijo de inmigrantes marcó su carácter. Él mismo ha contado que de niño sufrió burlas en el colegio por ser italiano, pelirrojo y con pecas. Una experiencia que, con los años, se ha convertido en parte de su relato personal. Su llegada al mundo fue complicada. Tuvo un exceso de bilirrubina en el cuerpo –ictericia grave– y debido a su raro grupo sanguíneo, RH nulo o sangre de oro, necesitó con urgencia una transfusión de donantes extranjeros para salvarle la vida.

A pesar de que siempre amó al deporte rey, Gianni estudió Derecho en la Universidad de Friburgo y durante años construyó una carrera jurídica vinculada al deporte. En 1995, nada más terminar la carrera solicitó un puesto tanto en la FIFA como en la UEFA, pero las dos organizaciones le respondieron con cartas de rechazo. Lejos de tirarlas a la basura, las colgó en la pared. Su sueño llegaría con la UEFA, donde empezó a trabajar en el año 2000 y acabó convirtiéndose en secretario general. Gianni acababa de convertirse en Infantino.

Césped en la oficina

Una de las primeras cosas que hizo fue encargar césped artificial para el suelo de la sala de reuniones. Algo inusual que los arquitectos rechazaban. «Es lapislázuli de Afganistán, un material muy noble, y los arquitectos dicen que no se puede tapar», señaló el propio Infantino en una entrevista. A lo que él contestó: «Mañana llegaré a la oficina a las siete y, si no hay un césped aquí, me voy a Ikea y lo compro yo. Llegué a la oficina a las siete y el césped estaba puesto».

Pero para el gran público, su rostro se hizo especialmente reconocible gracias a los sorteos de las grandes competiciones europeas que protagonizaba: aquel hombre calvo que introducía las manos en los bombos, sacaba bolas y, casi sin esfuerzo, cambiaba de un idioma a otro. Y es que hablar es una de sus grandes habilidades. Infantino domina siete idiomas: el italiano, alemán, francés, inglés, español, portugués y árabe.

Sobre su vida personal está casado y tiene cuatro hijas. En medio del enjambre mediático, su mujer destaca por su privacidad. Ella es Leena Al Ashqar, de origen libanés. La conoció cuando ella trabajaba como administrativa en los eventos de la Federación Libanesa de Fútbol. Contrajeron matrimonio en el año 2001, y desde entonces ha permanecido alejada de los focos.

Familia internacional

De su matrimonio con Leena nacieron cuatro hijas: Shania Serena, Alessia, Dhalia Nora y Sabrina. Aunque Suiza es el hogar familiar, los destinos vinculados a la carrera de Infantino han hecho que las niñas crezcan rodeadas de idiomas, culturas y viajes.

Una de las historias familiares que más trascendió ocurrió durante el Mundial de Rusia de 2018. Dhalia Nora tuvo que ser operada de urgencia de apendicitis durante el torneo. El episodio recordó que, incluso para una de las personas más poderosas del fútbol mundial, la familia puede hacer que todo lo demás pase inmediatamente a un segundo plano.

Hay muy pocas fotografías públicas de la familia al completo. De hecho, la imagen que más ha trascendido se produjo en julio de 2024, en la boda del hijo menor del magnate indio Mukesh Ambani, Anant, y su prometida Radhika Merchant, en Mumbai (Bombay, India), donde Infantino apareció junto a Leena y sus cuatro hijas vestidos con trajes regionales.

El niño al que señalaban en el colegio por ser italiano terminó convirtiéndose en un hombre cuya mayor fortaleza profesional sería precisamente su capacidad para comunicarse con personas de procedencias muy distintas.

Su identidad tampoco encaja en una sola nacionalidad. Es suizo e italiano y, en 2026, adquirió además la ciudadanía libanesa, reforzando el vínculo con el país de origen de su esposa.

Un sueño frustrado

Antes de convertirse en abogado y dirigente, Infantino también quiso ser futbolista, pero no pasó de delantero en el FC Brig, de la Quinta División suiza. Es seguidor del Inter de Milán, pasión que heredó de su padre y ha reconocido en varias ocasiones su admiración por Diego Armando Maradona.

También se le ha descrito como un hombre de gustos sencillos en determinados aspectos de su vida cotidiana. Un perfil publicado años atrás incluso destacaba su afición por el jamón, una pequeña debilidad gastronómica que encaja con sus raíces italianas y su educación suiza. Ahora, a sus 56 años, es uno de los hombres más poderosos del deporte mundial y su nombre aparece continuamente en las noticias.

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