25 de septiembre de 2022

La familia real. De izquierda a derecha: el duque de Edimburgo, la princesa Ana, el príncipe Eduardo, la reina Isabel II, el príncipe Carlos y el príncipe Andrés

La familia real. De izquierda a derecha: el duque de Edimburgo, la princesa Ana, el príncipe Eduardo, la reina Isabel II, el príncipe Carlos y el príncipe AndrésPA

Dinastías y Poder

Los Windsor: «God save the Queen»

El Rey Jorge V, abuelo de la actual soberana, decidió «renombrar» la dinastía para borrar cualquier vestigio de la ascendencia alemana que corría por sus venas

No hay día en el que alguno de sus miembros deje de protagonizar las portadas de revistas o telediarios. Al frente, con veteranía y autoridad, la Jefa de la Casa, la incuestionable Reina Isabel. Todo realeza, siempre Majestad. Pero, ¿quiénes son los Windsor? Con sus tocados coloristas y uniformes lustrosos, los vemos, año tras año, saludando desde el espléndido balcón de Buckingham. Divorcios y escándalos han salpicado a muchos miembros de la familia, pero la Monarquía no se cuestiona en el Reino Unido. La monarca es, a su vez, la cabeza de la Iglesia Anglicana. La «subvención soberana», monedero privado e inversiones personales, constituyen la fuente de financiación de la Monarquía del Reino Unido, a la que habría que añadir un extraordinario joyero e infinito patrimonio.
Los Windsor tienen su origen en la Primera Guerra Mundial, aunque la dinastía, en sí, sea mucho más antigua. En 1917, el Rey Jorge V, abuelo de la actual soberana, decidió «renombrar» la dinastía para borrar cualquier vestigio de la ascendencia alemana que corría por sus venas. En esos días de trincheras, en los que millones de ingleses se batían en los campos europeos, ser un Sajonia-Coburgo-Gotha no contribuía al ánimo de victoria. Por eso, mediante una «proclamación real» decidieron hacer propio el nombre británico de «Casa de Windsor», en alusión al castillo de esa pequeña localidad, construido por Jorge III sobre una antigua fortificación medieval. Hoy, esta residencia se ha convertido en todo un símbolo de autoridad cuya influencia traspasa los límites del Reino Unido. Ni el incendio que lo arrasó en 1992 –el «annus horribilis» en palabras de la propia Isabel– ha podido con la imagen imponente que transmiten.
El príncipe Alberto, la reina Victoria y sus nueve hijos, 1857

El príncipe Alberto, la reina Victoria y sus nueve hijos, 1857

Los Sajonia-Coburgo-Gotha

Jorge V era nieto de la todopoderosa Victoria de Inglaterra, la última Hannover. Convertida en Reina casi por casualidad, se había casado con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840. Él era sobrino del ambicioso Leopoldo de Bélgica, el nuevo Estado que se había creado en plena eclosión de las revoluciones liberales, pero que, en ese momento, favorecía los intereses dinásticos de la joven soberana. Culto y atractivo, el matrimonio tuvo una copiosa descendencia llamada a dejar su estela sobre todas las coronas europeas, incluida la española. Fueron los días de la Guerra de Crimea, la industrialización y la Gran Exposición Internacional de Londres. Ya viuda, Victoria supo pilotar con acierto la nave de un Imperio que se extendía por todos los confines del planeta. Emperatriz de la India, falleció en enero de 1901 dejando huérfana de potestad aquella era a la que había dado nombre. Su hijo y eterno sucesor, Eduardo VII (1841-1910) era ya un Sajonia-Coburgo, el primero de la saga, aunque vividor y despreocupado, parecía más entregado a las extravagancias amorosas que a mantener el legado dinástico. Cuando falleció víctima de la bronquitis crónica que arrastraba, muchos recibieron con agrado la proclamación de su hijo, Jorge V. Junto a su esposa, María de Teck, tuvo que enfrentarse al desafío de mantener la continuidad de la familia en las horas de la Primera Guerra Mundial: Inglaterra, Francia y Rusia contra los Imperios Centrales. El mundo en guerra y la familia dividida (el Kaiser Guillermo II era hijo de la primogénita de la Reina Victoria y, por tanto, sobrino carnal del Rey). Todo parecía desmoronarse.

El futuro del Imperio tendría color femenino aun en tiempos de descolonizaciones

La decisión de Jorge V de desvincular la Corona del pasado teutón resultó acertada. El Rey y todos sus parientes británicos renunciaron a sus títulos alemanes adoptando apellidos anglófilos. Así, de repente, los Battemberg se transformaron en Mountbatten. Fue un soberano respetado a pesar de los conflictos en Irlanda y el creciente movimiento laborista. Pero a su muerte, en enero de 1936, se abrió la caja de los truenos: su hijo llegaba al trono como Eduardo VIII, decidido a casarse con una americana divorciada de nombre Wallis Simpson. Era apuesto y elegante, pero aquello no podía consentirse. El primer ministro Stanley Baldwin y su gabinete conservador jamás lo aceptarían y la suya era una monarquía constitucional. En diciembre de 1936, en un histórico discurso radiofónico, comunicaba a sus súbditos la decisión de abdicar. La corona pasaba a su hermano, el apocado y tartamudo, Jorge VI. Nunca aspiró al trono ni tuvo ansias de grandeza, pero se convertirá en uno de los soberanos más queridos de Inglaterra. Su papel durante la Segunda Guerra Mundial en Londres frente a los bombardeos alemanes y visitando los frentes de combate, elevó de rango su categoría regia. Junto a él, un gigante como W. Churchill y su esposa, Isabel Bowes-Lyon, noble de origen escocés de la que Hitler llegó a decir que era la mujer más peligrosa de Europa. La «reina madre» era incomparable.
Isabel y Felipe posando para la foto en el Palacio de Buckingham después de su boda, 1947

Isabel y Felipe posando para la foto en el Palacio de Buckingham después de su boda, 1947

Del matrimonio de Jorge V nacieron dos hijas: Isabel y Margarita. El futuro del Imperio tendría color femenino aun en tiempos de descolonizaciones. La joven Isabel se enteró de la muerte de su padre en Kenia, durante una gira por la Commonwealth. Regresó vestida de negro y convertida en Isabel II. Era el 6 de febrero de 1952. Con ella estaba su esposo, el Duque de Edimburgo, Felipe, el guapísimo Príncipe Griego con el que se había casado en 1947, no exento de polémicas. Tuvieron cuatro hijos: Carlos, sempiterno Príncipe de Gales; Andrés, Duque de York; Eduardo, Conde de Wessex y la Princesa Ana. La Reina Isabel tiene dos sobrinos carnales, los hijos de su hermana Margarita con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones y cuatro primos de sangre, nietos como ella, de Jorge V: Ricardo, Duque de Gloucester; Eduardo, Duque de Kent; el Príncipe Michael de Kent y su única prima, la Princesa Alejandra. Todos mantienen un papel institucional al servicio de la Corona. Ellos y sus vástagos son, los Windsor.
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