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Modelo de restauración de Yingqiu, la capital del estado de Qi (ahora distrito de Linzi, ciudad de Zibo, provincia de Shandong)

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Picotazos de historia

La curiosa historia de la muerte del duque Jing de Jin, en la antigua China

Durante la investigación que se llevó a cabo para aclarar lo sucedido, el sirviente confesó haber soñado, el día anterior, que conduciría al duque a los cielos

Durante el periodo «De Primavera y Otoño» –llamado así por los Anales del mismo nombre que nos relatan los sucesos acaecidos entre los años 770 al 481 a. C.– en la antigua China, el Estado de Jin (también conocido como Tang) logró ser el Estado hegemónico durante tres generaciones. Anexionó 17 Estados próximos y dominó a 38 más. Durante los años 599 al 581 a. C. el Estado de Jin fue gobernado por el duque Jing, hijo y heredero del duque Cheng.

Sueños premonitorios

El texto clásico Zou Zhuan (que se traduce como La tradición Zou o Los comentarios Zou y que son un compendio de comentarios de las antiguas crónicas chinas que abarcan desde el año 722 al 468 a. C.) nos cuenta que en el décimo noveno año del reinado del duque, Jing cayó enfermo. Primero tuvo un sueño en el que un demonio, harapiento y desgreñado, le gritaba: «Has matado injustamente a mi descendencia y he presentado ante el Gran Dios una queja sobre ti».

Meditando sobre el sueño, Jing llegó a la conclusión que el demonio debía de representar al fundador de la dinastía Zhao, a la cual había derrotado y eliminado. Alarmado ordenó que llevaran a su presencia a una bruja de Sangtian que tenía el don de interpretar los sueños. Cuando llegó la bruja escuchó atentamente los detalles del sueño del duque. «¿Qué significa mi sueño?», preguntó Jing. «Significa que no probareis el trigo temprano y yo tampoco», respondió la bruja.

El duque, tras la entrevista, enfermó. Jing envió llamar a la corte a un reputado médico famoso por sus conocimientos y sus curaciones. Jing volvió a tener un sueño premonitorio. Esta vez eran dos demonios que representaban a su enfermedad. En el sueño un demonio le decía al otro: «Es un sabio médico y sus conocimientos pueden hacernos mal». A lo que respondió el otro demonio: «Nada puede contra nosotros. Nos hemos hecho fuertes entre el corazón y la garganta. Nada puede contra nosotros».

Cuando el médico examinó al duque descubrió que su enfermedad estaba en esa zona de su cuerpo y que ya no había cura para su mal. «Puedo aliviar el dolor pero no curar el mal que terminará con su vida», dictaminó el médico compungido. El duque agradeció su sinceridad, le recompensó con largueza y le contrató para que aliviara sus últimos días del dolor.

El Zou Zhuen nos relata que durante el año del Caballo de Fuego (581 a. C., según el calendario chino), en el sexto mes, el duque Jing pidió al intendente general que le diera a probar las primeras cosechas de trigo temprano de ese año. El panadero de palacio amasó y horneó un pan con las primeras muestras de la cosecha. Cuando estuvo preparado, con gran respeto ya que se trataba de una ceremonia importante, se llevó al soberano para que lo probara.

Cuando iba a partir el pan, Jing recordó la profecía de la bruja y la hizo llamar. Algo que se cumplió con presteza ya que la bruja se encontraba alojada en palacio. «Me profetizaste que no probaría el trigo temprano de este año y aquí lo tengo. Frente a mí. A ti te profetizo que no volverás a pronunciar más falsas profecías». Y ordenó que la bruja fuera ejecutada en el acto. Apenas habían sacado a la bruja del salón para ejecutarla, Jing sintió unos fuertes retortijones. Corrió hacía la letrina aguijoneado por la urgencia del llamado, pisó mal y cayó al pozo negro donde murió sofocado por las heces.

Al día siguiente el cuerpo fue rescatado por un sirviente. Durante la investigación que se llevó a cabo para aclarar lo sucedido, el sirviente confesó haber soñado, el día anterior, que conduciría al duque a los cielos. Al saberlo, los magistrados ordenaron que el sirviente fuera enterrado vivo en la tumba del duque Jing, para que le acompañara al más allá.

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