Fotografía del 'Jinete de Orihuela', tomada por Horace Sandars, en 1907, donde se indica que está en el museo de los jesuitas de Orihuela
Reconstruyen la historia del estandarte íbero desaparecido hace 100 años gracias a fotografías de 1907
Los arqueólogos Martín Almagro Gorbea y Alberto J. Lorrio Alvarado han realizado un estudio para reconstruir las vicisitudes, su significado y cómo este tipo de obras se fueron extendiendo por todo el sureste peninsular
Los signa equitum, unos estandartes coronados por la figura de bronce de un hombre a caballo, eran un símbolo de poder divino que utilizaban los reyes y caudillos íberos. Dada su rareza, desde antiguo han sido codiciados por los expoliadores; es más, solo se sabe de la existencia de una veintena de estas piezas y no todas están localizadas.
Una de estas peculiares piezas arqueológicas es el conocido como Jinete de Orihuela que desapareció en 1907 del museo de los padres jesuitas de Orihuela (Alicante) y que desde entonces no se ha vuelto a saber de su paradero; sin embargo, sí se conservan tres fotografías tomadas a principios del siglo XX con las que los arqueólogos Martín Almagro Gorbea y Alberto J. Lorrio Alvarado han realizado un estudio para reconstruir las vicisitudes, su significado y cómo este tipo de obras se fueron extendiendo por todo el sureste peninsular en correrías y razias ibéricas comparables a las más conocidas de los celtíberos.
Piezas singulares de la cultura ibérica
En el estudio titulado Un signun equitum ibérico en Monteagudo (Murcia) Almagro y Lorrio exponen que estos estandartes fueron introducidos por los focenses (griegos del Asia Menos) en Hispania hacia el año 500 a.C. «para exaltar a las élites ibéricas y atraerlas en su lucha contra los fenicios y púnicos» al mismo tiempo que los griegos vencían a los persas en la I Guerra Médica y a los cartagineses en Sicilia.
Estos pequeños bronces pertenecen a una tipología conocida como Jinetes tipo La Bastida, por proceder el primero de los catalogados (1931) del yacimiento de La Bastida de les Alcusses, en Mogente (Valencia). Su modelo es siempre el mismo: un caballero que porta un casco con cimera y armas montado en un caballo que lleva bridas y va adornado con un penacho en forma de abanico. Las figuras se colocaban en un vástagoo hueco que se insertaba en un astil de madera que permitía llevarlos como si fueran un cetro.
Tres fotografías que cuentan su historia
A pesar de permanecer en paradero desconocido, el Jinete de Orihuela pudo ser identificado hace pocos años gracias a dos fotografías conservadas en el Archivo Juan Cabré del Instituto de Patrimonio Cultura de España (IPCE) y una tercera en el Archivo Siret del Museo Arqueológico Nacional. En las dos primeras instantáneas se puede ver el estandarte desde dos vistas laterales y la figura «muy corroída y desproporcionada, porque el jinete es mayor que el caballo para resaltar la importancia simbólica del caballero», explica el estudio.
Mientras que en la fotografía de la Colección Siret, la más antigua, muestra la figura apoya sobre una tela y sujeta con un clavo con una etiqueta muy deteriorada donde se puede leer –a diferencia que las dos anteriores– su lugar de procedencia: Monteagudo (Murcia).
Fotografía del 'Jinete de Orihuela', tomada por Horace Sandars, en 1907, donde se indica que está en el museo de los jesuitas de Orihuela
En el reverso de la fotografía el arqueólogo británico Horace Sandars anotó una referencia al museo jesuita de Orihuela y detalla la fecha en la que se realizó la foto: 30 de junio de 1907. Probablemente, Sandars –durante una investigación en la localidad alicantina– encontrase este signum equitum y emocionado por el descubrimiento de una pieza tan singular, le enviase la fotografía al belga Luis Siret. Una suposición que plantean los investigadores pues no existe ninguna referencia a estos hechos.
La falta de información sobre estas obras debido a los expolios, las investigaciones incompletas o la pérdida de los datos originales por causas naturales o guerras, hace que sea «sumamente importante que en la etiqueta del archivo Siret se lea su procedencia», advierten Almagro y Lorrio en su estudio.
El Jinete de Orihuela
Ya en el siglo XVIII, Monteagudo ha sido lugar de descubrimientos como exvotos de bronce, esculturas ibéricas de calidad, aunque fragmentadas, objetos de prestigio, como un braserillo de bronce o cerámicas áticas de figuras rojas y de barniz negro. «Estos materiales evidencian una intensa ocupación en época ibérica del cerro, al menos desde el siglo V a. C., por lo que pudo perfectamente ser el lugar de procedencia de este interesante bronce, sin que se pueda precisar mucho más sobre las circunstancias de este hallazgo», admiten Almagro y Lorrio. De esta manera, los arqueólogos han clasificado este tipo de piezas en diferentes grupos según su estilo: desde finales del siglo VI al siglo II a. C., pudiendo fechar el Jinete de Orihuela en el siglo IV a. C.
Diferentes vistas del Jinete de Orihuela
El caballero que aparece en este estandarte lleva una panoplia militar que ya era arcaica en su época, lo que resaltaba su «carácter ancestral y heroico». Destaca el casco con gran penacho o cimera, armamento que complementaba una falcata y una caetra (escudo redondeado). Estos elementos «eran símbolos del poder de origen divino, propios del rey o 'basileus'», sostiene el estudio.
El simbolismo que contienen estas signa equitum muestran, según los expertos, que las elites ibéricas eran de carácter ecuestre, pues el caballo siempre ha sido símbolo de élites guerreras, como ocurría en Grecia, en la Italia prerromana, en las Galias y en Hispania. «Esta figura mítica era el patrono y protector de quien ocupaba la cúspide social, de toda su familia, de su pueblo y de su territorio, por lo que se convertía en la clave de la estructura política ibérica para aglutinar a la sociedad. Este hecho explica el enorme interés de estos objetos, de los que apenas se conocen unos 20 ejemplares, y permite comprender la popularidad de esta figura mítica ecuestre en el imaginario popular prerromano».