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Hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898

Hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898

El hundimiento del 'USS Maine' o la chispa que destruyó los últimos restos del Imperio español

El 15 de febrero de 1898 el acorazado estadounidense USS Maine se hundía en el puerto de La Habana. Con él desaparecían los últimos retazos del imperio más grande que jamás vio el hombre

El 25 de enero de 1898, el acorazado de segunda clase USS Maine, perteneciente a la Armada de los Estados Unidos de América, atracaba en el puerto de La Habana procedente de Cayo Hueso, Florida. El 15 de febrero de 1898 a las 21:40 hora local una gigantesca explosión provocó el hundimiento del barco, acabando con la vida de 261 hombres de los 355 que componían su tripulación.

El auge de la rebelión y la sombra de EE.UU.

El 24 de febrero de 1895, 350 localidades de la isla de Cuba se alzaron contra el dominio español, arengados por el líder independentista José Martí. A pesar de que el líder rebelde fue abatido en combate en mayo de ese mismo año, la contienda se desarrolló durante los tres años siguientes, desembocando en una especie de punto muerto: a finales de 1897 España no podía sofocar la rebelión, pero los independentistas tampoco lograban expulsar a las fuerzas reales.

Al mismo tiempo, el conflicto se volvía insostenible para España en términos económicos y militares. La guerra había debilitado gravemente la capacidad financiera del Estado, y el ejército sufría de bajas constantes, desmoralización y dificultades logísticas fruto de la guerra de guerrillas que los insurgentes practicaron desde el inicio de las hostilidades.

En este contexto, los Estados Unidos, que ambicionaban los territorios de ultramar españoles en un claro afán de expansión colonial, buscaban un motivo para involucrarse en el conflicto. Desde 1895, la prensa estadounidense arengaba a sus políticos a intervenir en apoyo de los independentistas cubanos, sembrando un fuerte sentimiento antiespañol.

Hundimiento del 'USS Maine'

¿Qué hacía un acorazado estadounidense en el puerto español de La Habana? Durante el siglo XIX el expansionismo yanqui se había dejado notar por diversas vías como la compra de Luisiana en 1803, la guerra contra México (1846-1848), la adquisición de Alaska en 1867 o la anexión de Hawái en ese mismo año 1898.

El Maine entrando en el puerto de La Habana el 25 de enero de 1898, tres semanas antes de su destrucción. A la derecha la fortaleza del Castillo del Morro NARA FILE #: 111-SC-94543 WAR & CONFLICT #: 270

El Maine entrando en el puerto de La Habana el 25 de enero de 1898, tres semanas antes de su destrucción. A la derecha la fortaleza del Castillo del Morro

Estados Unidos percibía el Caribe como su próxima área de expansión y así se lo habían trasladado a España con ofertas de compra por Cuba en 1823, 1848 y 1854. En este último caso, ofreciendo una suma de 120 millones de dólares de la época, que hoy serían unos 4,5 billones, después de la correspondiente actualización por inflación (o casi tres veces toda la deuda actual de España).

En estas circunstancias, la llegada del acorazado Maine a puerto español se entendía por ambas partes como una maniobra intimidatoria y una provocación. Al día siguiente del sabotaje del USS Maine, los diarios americanos estallaron en diatribas contra España, a la que culpaban del hundimiento del buque. El New York Journal titulaba en primera página: «El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo».

Todo ello a pesar de la ausencia de pruebas, de una investigación rigurosa y de la absoluta falta de lógica en que España estuviera detrás del ataque, dado que las consecuencias bélicas habrían sido desastrosas para sus propios intereses. Aún hoy se sigue discutiendo si fue un accidente, un ataque intencionado español o un ataque de «bandera falsa» de los propios estadounidenses.

Los investigadores españoles, tras analizar los restos del Maine, concluyeron que la explosión probablemente fue causada por la combustión espontánea del carbón almacenado junto a la munición. Sus observaciones descartaban la hipótesis de una mina, ya que no hubo una columna de agua, el mar estaba en calma, no se hallaron cables ni peces muertos, y la munición del barco no debería haber explotado por un impacto externo.

El 'Maine' hundido en el puerto de La Habana

El 'Maine' hundido en el puerto de La Habana

La declaración formal de guerra llegó apenas dos meses después de que el USS Maine saltara por los aires. Aun con todo, la flota americana ya estaba dispuesta en Hong Kong desde tiempo atrás, esperando orden de ataque contra Filipinas y Guam; y las islas de Cuba y Puerto Rico sufrían bloqueo naval desde tres meses antes.

Consecuencias de la intervención estadounidense

Si la contienda había alcanzado un punto muerto a finales de 1897, la intervención de los Estados Unidos, a raíz del hundimiento del acorazado USS Maine desequilibró, definitivamente, la balanza bélica. Para agosto de 1898, España capitulaba, cediendo sus últimos territorios de ultramar: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam a Estados Unidos, proceso ratificado por el Tratado de París en diciembre de ese mismo año, que ponía fin al Imperio más grande de la historia.

El desastre del 98 marcó el final de un imperio y el principio de una nueva era, no solo para España, sino para el equilibrio global de poder. España perdió sus últimas posesiones de ultramar y entró en una profunda crisis moral y política, mientras que Estados Unidos emergió como una potencia con ambiciones que trascendían el Caribe.

Más allá de tratados y territorios, lo que realmente se hundió aquella noche de febrero de 1898 no fue solo un acorazado, sino toda una concepción del mundo. Aun hoy, las sombras del Maine siguen proyectándose sobre la memoria colectiva, recordándonos que, a veces, las guerras no empiezan con cañonazos, sino con titulares.

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