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El infante Sebastián en una fotografía en sus últimos años de vida

El infante Sebastián en una fotografía en sus últimos años de vida

Dinastías y poder

Las curiosas excentricidades del infante Sebastián, un liberal en la corte carlista

Hombre cosmopolita con fama de extravagante, fue una figura peculiar en los círculos palaciegos de los Borbón. Pero él se rodeó de artistas, no de palaciegos

Aficionado a la fotografía e inventor. De luchar en las filas carlistas durante la primera guerra civil a confraternizar con su prima Isabel II. El infante Sebastián, hijo del primer matrimonio de la princesa de Beira, es uno de los personajes más curiosos de la corte decimonónica. Hombre cosmopolita con fama de extravagante, fue una figura peculiar en los círculos palaciegos de los Borbón. Pero él se rodeó de artistas, no de palaciegos.

El infante Sebastián nació en 1811 en Río de Janeiro, donde se había refugiado su familia tras la ocupación francesa de Portugal por las tropas de Napoleón. Era hijo de la infanta María Teresa, conocida como princesa de Beira por haber sido durante un tiempo heredera del trono luso, y del infante Pedro Carlos de Borbón, bisnieto de Carlos III. Tras pasar su infancia en Brasil y a la muerte de su padre, viajó a España y se integró en los círculos palaciegos de Fernando VII.

Sebastián recibió una inmejorable formación artística, que le distinguía entre primos y parientes. Con una corte dividida entre realistas y reformistas y con su madre como fervorosa impulsora de las posiciones más tradicionales, se acordó el matrimonio del infante Sebastián con Amalia de Nápoles, hermana de la reina-consorte María Cristina, cuarta esposa de Fernando VII. La tercera hermana, Luisa Carlota, casada con el infante Francisco de Paula –el menor de los hijos de Carlos IV– fue la que en pleno conflicto por la sucesión en España y en respuesta a su bofetada a Tadeo Calomarde resultó increpada con la popularizada expresión «manos blancas, señora, no ofenden».

Sebastián, aunque juró a Isabel como princesa de Asturias, terminó respaldando la causa legitimista y apoyó a Carlos María Isidro en sus reivindicaciones al trono. Entró en España por la frontera de Zugarramurdi disfrazado de comerciante inglés y participó en la batalla victoriosa de Oriamendi en 1837, en el sitio de Bilbao y en Barbastro. Y fue testigo de la boda en segundas nupcias de su madre con Carlos V. Tras la derrota de la causa realista en 1839 salió de España y se estableció en Nápoles. Viudo y sin hijos, decidió regresar a España tras reconciliarse con la reina Isabel II, lo que su madre, convertida en principal bastión de la causa carlista, jamás le perdonó.

En Madrid se estableció en el palacio de San Juan, en la calle Alcalá, años después convertido en Ministerio de Ultramar. En 1860 contrajo un segundo matrimonio con la infanta Cristina, hermana del rey consorte Francisco de Asís. Ella era conocida como la «infanta Boba» por sus limitaciones intelectuales.

Su vida, la han trabajado con detalle Ricardo Mateos y Jonatan Iglesias en su libro Las cuñadas de Isabel II. Sebastián personaje singular, se ganó las simpatías de la corte; culto, rico, dibujante, aficionado al arte y la literatura, se convirtió en una personalidad principal de la corte isabelina. A sus daguerrotipos se deben algunas de las imágenes que se conservan de la real familia en aquellos años.

Muchas de ellas forman parte en la actualidad de los Fondos Fotográficos del Patrimonio Nacional, la Biblioteca Nacional de Madrid y la Société Française de Photographie. Sebastián levantó en su palacio un gabinete fotográfico por la que desfiló toda la sociedad aristocrática, política y científica de la época. De su singular matrimonio nacieron cinco hijos, entre los que se encuentran los actuales titulares del ducado de Marchena o Dúrcal. Pasaban los veranos en Zarauz y alojó en su residencia madrileña al conde de Girgenti cuando este llegó a España para casarse con La Chata.

Con el estallido de La Gloriosa en 1868 partió al exilio. Él y su familia formaron parte de los integrantes del séquito que acompañaron a Isabel II a Francia. Asiduo visitante del Palacio de Castilla, se convirtió junto al duque de Sesto, el conde de Xiquena y los condes de París, en la principal camarilla de la expatriada. El infante Sebastián apoyó a Alfonso XII una vez se produjo la abdicación de la reina en 1870.

El infante Sebastián falleció en 1875 en la pequeña localidad de Pau, en los Bajos Pirineos, dos meses después de que diese comienzo la Restauración y ya con los Borbones en el trono español. Su esposa, la infanta Cristina, vivió en un palacete en la calle Ferraz, al cuidado de su dama de confianza Dolores Subiela y Aguirre, hasta su muerte en 1902. Ambos están enterrados en el Panteón de Infantes de El Escorial.

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