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Soldados españoles vigilando una manifestación del Frente Polisario contra el Partido de Unión Nacional Saharaui (25 de agosto de 1975)

Soldados españoles vigilando una manifestación del Frente Polisario contra el Partido de Unión Nacional Saharaui (25 de agosto de 1975)Wikimedia Commons

El ataque al puesto de Hausa y la muerte de un legionario: así empezó el fin del Sáhara español

Hace 50 años el Caballero Legionario Paracaidista Joaquín Ibarz Catalán murió durante al asalto al puesto militar de Hausa, situado al norte de la provincia española del Sáhara

En el verano de 1975 la situación en el Sáhara español era de extrema tensión. Se respiraba un ambiente prebélico. La visita al territorio de la Misión de Naciones Unidad había abierto la caja de los truenos y se sucedían los ataques del Frente Polisario y de comandos irregulares patrocinados por Marruecos. A esto había que sumar la amenaza de invasión desde el norte por las Fuerzas Armadas Reales, materializada hasta ese entonces en incursiones a pequeña escala.

El Frente de Liberación y Unidad

A pesar de sus numerosas bravatas, como su celebérrima amenaza de tomar el te en El Aaiún, Hassan II no quería tentar a la suerte con un enfrentamiento directo con el Ejército español. Era muy consciente de que tenía todas las de perder y que, tras la más que segura derrota militar, perdería el trono.

Por tanto, el monarca alauí recurrió a la creación de un ejército irregular, un remedo del Ejército de Liberación que participó en la guerra de Ifni-Sáhara de 1957-58. Nació así, a finales de 1974, el Frente de Liberación y Unidad del Sáhara. Los combatientes integrados en este grupo paramilitar recibieron instrucción en tácticas de guerrilla encuadrados en el 7.º Batallón Meharista de Tantán.

De cualquier forma, el reclutamiento fue muy escaso. Se estimaba que a principios de 1975 el Frente de Liberación y Unidad tenía encuadrados en torno a quinientos combatientes. Los guerrilleros estaban organizados en comandos repartidos a lo largo de la frontera en diversas bases militares marroquíes.

El puesto de Hausa

Al anochecer del sábado 2 de agosto de 1975, un comando del Frente de Liberación y Unidad compuesto por unos cincuenta hombres a bordo de ocho vehículos se infiltró desde Marruecos. Su objetivo era atacar el puesto español de Hausa, uno de los destacamentos del interior del Sáhara que contaban con una menor guarnición. De hecho, estaba compuesta por 19 nativos de la Policía Territorial situados en el puesto, a la que había que sumar una sección de la Bandera Ortiz de Zárate, III.ª de Paracaidistas, localizada en una posición separada unos 400 metros y protegida únicamente por una alambrada.

Puesto de Hausa

Puesto de Hausa

Lo que los asaltantes no sabían, debido a una deficiente preparación del asalto, es que en esos momentos estaba estacionada en la base la 3.ª Compañía de la IX Bandera del Tercio Sahariano Alejandro de Farnesio, 4.º de La Legión. Los relevos entre unidades se habían interrumpido a consecuencia de las torrenciales lluvias de días antes.

Comienza el ataque

Amparados por la oscuridad de la noche, los agresores descendieron de sus vehículos a unos cuatro kilómetros al oeste del puesto Hausa y partieron divididos en tres grupos hacia su objetivo. El ataque del comando marroquí comenzó a las 0:20 h del 3 de agosto. El primer grupo se dirigió en línea recta hacia la posición paracaidista, en la que también se encontraba una sección de la compañía legionaria.

Desde unos cincuenta a cien metros, hicieron fuego de lanzagranadas contra un Land Rover dotado de cañón sin retroceso que resultó incendiado. Dos o tres proyectiles más pasaron por encima de la posición, uno de los cuales atravesó una jaima lejana. Un niño saharaui de doce años resultó seriamente herido de metralla en un brazo por el fuego marroquí.

Uno o dos de los asaltantes avanzaron sin ser detectados. Sorprendieron a bocajarro al cabo primero Joaquín Ibarz Catalán, quien recibió una ráfaga de un fusil ametrallador. Este Caballero Legionario Paracaidista, de 23 años y natural de Mequinenza (Zaragoza), moriría una hora más tarde. Sería condecorado, a título póstumo, con la Cruz Roja al Mérito Militar con distintivo rojo. Se da la circunstancia de que su unidad, la III Bandera Paracaidista, había sido nombrada en honor al teniente Antonio Ortiz de Zárate, caído en combate en la Guerra de Ifni, también en tierras africanas.

Joaquín Ibarz Catalán sería condecorado, a título póstumo, con la Cruz Roja al Mérito Militar con distintivo rojo

Joaquín Ibarz Catalán sería condecorado, a título póstumo, con la Cruz Roja al Mérito Militar con distintivo rojoEjército de Tierra

Seguidamente, los atacantes incendiaron un segundo Land Rover con una granada y unos ocho hombres traspasaron la entrada de la posición disparando en su avance. Dos de ellos fueron alcanzados por un paracaidista. El grupo decidió en ese momento emprender la huida llevándose dos heridos propios.

Encuentro inesperado

Iniciado el ataque a la posición paracaidista, un segundo grupo se dirigió al puesto. Además del armamento individual, portaban un lanzagranadas y una ametralladora. Avanzaron sin desplegar y no asentaron la ametralladora, lo que hace suponer que estaban convencidos de que los 19 soldados nativos de la Policía Territorial se rendirían ante su sola presencia.

Al llegar a pocos metros de la barrera de acceso al puesto, un legionario les dio el alto. Es de suponer que los asaltantes se quedaron helados cuando escucharon el «alto» con acento español, aunque respondieron haciendo fuego. Entre ametralladora y fusiles, los agresores hicieron hasta 700 disparos. Además, abrieron fuego en repetidas ocasiones con el lanzagranadas y lanzaron ocho o diez granadas de mano. Pero, ante la presencia de los legionarios, se retiraron apresuradamente y con poco decoro.

El tercer grupo se había establecido entre la posición paracaidista y el puesto para apoyar las acciones de los otros dos. Cuando comenzó el enfrentamiento realizaron algunos disparos y, al recibir respuesta, se retiraron sin que hubiera bajas.

Para concluir el episodio, los militares españoles batieron con fuego de mortero de 81 mm la posible ruta de evasión de los agresores. Los grupos atacantes confluyeron en la zona en la que había dejado sus vehículos y se retiraron.

Bajas marroquíes

En el transcurso de la acción, el fuego marroquí fue respondido por los militares españoles con nutrido fuego de mortero y armas automáticas. El intercambio duró poco más de veinte minutos. Tras el posterior reconocimiento se estimó que se habían causado al enemigo un mínimo de dos bajas, probablemente muertos debido a la abundante sangre de los rastros dejados. Más adelante se sabría que el balance de bajas marroquíes fue de un muerto y dos heridos graves.

En ésta, como en otras ocasiones, los medios de comunicación marroquíes se esforzaron en afirmar que el ataque no tenía relación alguna con las Fuerzas Armadas Reales. Según ellos, las noticias españolas eran falsas y tenían la intención de acusar a Marruecos ante la opinión internacional de intervención directa en el Sáhara. ¿Qué podía esperarse?

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