Ghislaine Dommanget
Dinastías y poder
Ghislaine Dommanget, la actriz que espió para Francia y acabó en el trono de Mónaco
Las relaciones de Ghislaine con su familia política nunca habían sido buenas y apenas le dejaron un dormitorio en palacio, además de las joyas y regalos que había recibido
Aunque de orígenes modestos, alcanzó la gloria en el Principado de Mónaco. Casada en dos ocasiones y madre de un hijo, su presencia era tan imponente que el entonces soberano del Principado cayó rendido ante su proverbial belleza, sin importar la diferencia de treinta años entre ellos. Mónaco, recién liberado de la ocupación alemana tras la Segunda Guerra Mundial, recibía a su nueva Alteza Serenísima.
Sin embargo, en la familia Grimaldi nunca fue plenamente aceptada: la hija del príncipe la miraba con recelo y el joven Rainiero le retiró todas sus prebendas.
Hija de un coronel francés, Ghislaine Dommanget nació en 1900 en Reims, en la Francia vibrante de principios de siglo, donde tranvías y cabarés llenaban de vida la bulliciosa capital del Sena. Bajo la Tercera República, un régimen tan liberal y laico, aún resonaban los ecos del caso Dreyfus, que había sacudido el país. En medio de un proceso de expansión colonial y al ritmo de las canciones de Maurice Chevalier, Ghislaine creció en un entorno marcado por la disciplina militar de su familia.
Se dice que aprendió artes marciales y recibió clases de interpretación. Con una belleza notable y un carácter arrollador, combinaba desenvoltura, ingenuidad y coquetería, lo que le permitió integrarse en la prestigiosa compañía artística de Sarah Bernhardt.
Sarah Bernhardt como Teodora
En 1923 contrajo un primer matrimonio que duró poco. Se dice que por aquella época su padre la reclutó para colaborar, de forma eventual, con los servicios de inteligencia del Ejército francés. Su misión consistía en observar, escuchar y reportar lo que se discutía en los salones parisinos. Vestida con elegantes trajes largos color hueso y cola corta, lograba obtener información de generales y aristócratas de la Europa de entreguerras. Más adelante se casó con el actor André Brulé, con quien tuvo a su único hijo en 1934. Sin embargo, esta unión también terminó en ruptura.
Fue en ese ambiente en el que conoció a Luis II de Mónaco, el soberano que había heredado la corona de su padre, el príncipe Alberto I, en 1922. Educado en Alemania debido al temprano divorcio de sus padres, militarista y aguerrido legionario en Argelia, se había mostrado indiferente al matrimonio, aunque no a los amoríos con una humilde lavandera, de nombre Marie Juliette Louvet.
De esa relación nació una hija, Carlota, reconocida como legítima Grimaldi cuando la falta de descendencia amenazó la integridad del minúsculo Principado. Bajo su mandato se creó el equipo de fútbol y se inauguró el estadio que lleva su nombre.
Luis II conoció a Ghislaine en el teatro. Ella se había hecho popular por sus papeles en la Comédie-Française y llegó a Montecarlo para representar la obra L’Aiglon. Durante los días de la Segunda Guerra Mundial, Mónaco se declaró oficialmente neutral. Sin embargo, eran evidentes las simpatías del soberano hacia la Francia de Vichy, liderada por el mariscal Pétain. A pesar de su posición diplomática, el Principado fue ocupado primero por las tropas italianas y, más tarde, por las fuerzas alemanas.
El país de los casinos y el juego autorizó una orden de deportación de 90 judíos con dirección a campos de trabajo. Entre ellos, René Blum, fundador de la glamurosa Ópera de Montecarlo. Mónaco fue liberado por las fuerzas aliadas a comienzos de 1944.
El romance entre Luis II y Ghislaine Dommanget era de dominio público: se casaron el 24 de julio de 1946, convirtiéndose ella en la primera consorte no aristocrática de la dinastía Grimaldi. Aunque era mucho más joven y él rondaba los ochenta años, un posible embarazo podía complicar la sucesión. Apenas un año antes, Carlota, ya legitimada, había sido designada princesa heredera, aunque renunció a sus derechos en favor de su hijo Rainiero.
El esperado hijo nunca llegó, pero Ghislaine asumió el título de princesa de Mónaco. La pareja pasó la mayor parte del tiempo en su residencia en Marchais, cerca de París, hasta que, apenas dos años después de su matrimonio, Luis II falleció. Las relaciones de Ghislaine con su familia política nunca habían sido buenas y apenas le dejaron un dormitorio en palacio, además de las joyas y regalos que había recibido. Los Grimaldi impugnaron el testamento y Ghislaine recibió una pequeña pensión del Gobierno.
La princesa viuda de Mónaco se retiró a París. Volvió a la escena, pero solo se dejó ver en algún acto público del Principado, como el entierro de Grace Kelly, a quien Ghislaine dedicó sus memorias. Llevaban el título Sois princesse... dit-il. Murió en París en 1991.